jueves, 23 de agosto de 2018

¡SOMOS INVITADOS AL REINO!

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Mt 22, 1-14

No somos unos cualquiera, somo invitados al reino de Dio. El hombre es el centro de la invitación de Dios y nos lo manifiesta en esta hermosa y trágica parábola. El problema es que muchos la desconocemos y otros, no sólo eso, sino que no hacemos caso de la invitación. Pero, Dios persiste y continua invitándonos. Dependerá de nosotros que escuchemos su invitación y acudamos a la invitación al reino.

Es una muy buena oportunidad para preguntarnos y situarnos delante de Dios. ¿Dónde estoy yo? ¿Soy de los que no escuchan la invitación y no respondo ni asisto? ¿Soy de los que pongo excusas y me justifico? ¿O soy de los que incluso me revelo y responde con violencia y muerte? ¿Dónde me encuentro en estos momentos claves de mi vida? ¿O soy de los que asisto indiferente sin tomar loen serio ni revestirme de y con la Palabra y los hechos?

A pesar de mis actitudes, Dios me sigue invitando y continua esperando pacientemente mi respuesta. Dependerá de mí, porque me ha dada esa capacidad de libertad para que sea yo quien elija mi respuesta: ¿Asisto revestido por la Vida de la Gracia, o renuncio a la invitación que Dios me hace al gozo, felicidad y plenitud eterna?

Es la gran cuestión de nuestra vida y la que realmente tiene importancia y trascendencia, pues todo lo demás se queda en el camino y desaparece. Estamos llamados al banquete de la Vida Eterna y es esa respuesta la única importante de nuestra vida y en la que nos jugamos eso que tanto buscamos, la felicidad Eterna.

miércoles, 22 de agosto de 2018

DIFERENTE MANERA DE VER LAS COSAS

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No cabe ninguna duda que nuestra manera de pensar no es la de Dios. Es de sentido común, pues no sería lógico pensar igual que Dios ya que al hacerlo estaríamos a su misma altura. Dios está por encima de nosotros y nuestra pequeñez se hace patente hasta en la forma de ver las cosas. Mientras nosotros pensamos y medimos las cosas por nuestra razón dando a cada cosa un valor en cuanto al tiempo y al esfuerzo, Dios lo ve todo de otra forma.

Según nosotros, los primeros deberían cobrar más. Es verdad que su contrato fue tratado y fijado en un denario, pero, ¿cómo los últimos que sólo estuvieron poco tiempo reciben lo mismos que los que han pasado todo el día trabajando? Eso no nos cabe en la cabeza, ¿verdad? La respuesta es que Dios no ve las cosas como las vemos nosotros, sus hijos. Para Dios no cuenta el tiempo ni el esfuerzo, Él mira la intención, la obediencia y la fe.

¿Acaso merecemos algo nosotros que, por el pecado original, le hemos rechazado? No merecemos nada pues hemos tirado nuestro salario, por decirlo de alguna forma. Hemos desestimado nuestra invitación al trabajo en la Viña del Señor. Y, por la Gracia y Misericordia de Dios hemos sido redimidos gratuitamente sin merecerlo. ¿Como somos capaces de protestar según nos vaya la vida? ¿Acaso no entendemos que hemos sido contratados, invitados y pagados con el salario del gozo y plenitud de la Vida Eterna? Realmente, ¿qué entendemos?

Esta vida se consumirá de cualquier forma, pero es la gran oportunidad para consumirla en la Voluntad de Dios, porque de esa manera recibiremos el salario que nos abrirá la puerta de la Vida Eterna junto al Padre. No dejes la invitación, a la hora que sea, de responder y aceptar esa llamada a trabajar en la Viña del Señor, porque es la que te abrirá la puerta de la felicidad que tanto te afanas y buscas en este mundo.

martes, 21 de agosto de 2018

LA VERDADERA RIQUEZA

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Mt 19,23-30
Es posible que nuestro corazón, empobrecido y endurecido por los apegos a las cosas de este mundo quede cegado y esclavizado por las seducciones a los placeres, al poder, a las riquezas y a todo lo que en apariencias le muestre felicidad. Una felicidad engañosa, falsa y aparente, porque en poco tiempo desaparece y te devuelve a la realidad de cada día. Esa es nuestra experiencia y la realidad de cada día que experimentamos y vivimos.

Luego, ¿dónde está la verdadera riqueza? Con paciente observancia podemos suponer, con verdadera sabiduría y acierto, que en este mundo no. Este mundo es sólo un espejismo de la verdadera felicidad. Sin lugar a duda está, si existe, en otra parte. Y nuestro corazón da testimonio de que realmente existe, porque la desea y la busca, sólo que en lugar equivocado. 

Es verdad que para el hombre alcanzar la felicidad le supone tal dificultad que le es imposible, ero no para Dios. Dios lo puede todo y en Él podemos también nosotros llegar a la plenitud de la felicidad. Pero, eso nos exige desprendimiento, sacrificio, renuncia y disponibilidad ante todas las cosas de este mundo que nos seducen y esclavizan.Y nos hacen egoístas encerrándonos en un mundo individualista y donde prima el poder, el dinero y la fuerza.

Por eso tendremos que morir a nuestras apetencias y esclavitudes humana y materiales limpiando nuestro corazón de toda inmundicia y esclavitud para, despojado de toda tentación egoísta, purificarnos y liberarnos para darnos en servicio y amor.

lunes, 20 de agosto de 2018

CENTRADOS EN CUMPLIMIENTOS

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Mt 19,16-22
No es el Evangelio una doctrina, ni tampoco una filosofía ni siquiera una religión. ¡No!, nada de eso. El Evangelio es una muy buena Noticia. Es la Noticia de Salvación por la que el hombre encuentra el camino para alcanzar lo que está escrito dentro de su corazón. Y no se concreta en preceptos o normas que hay que cumplir, sino en una actitud bien intencionada de amar a imagen y semejanza como nos ama el Señor.

Esa fue la respuesta que Jesús dio a aquel joven: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo» A lo que el joven respondió:  «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Se trata de algo más que simplemente ser bueno y cumplir. Se trata de poner a Jesús en el centro de nuestra vida y seguirle, confiando, obedeciéndole y poniéndose en sus Manos. Se trata de que Él, el Señor, esté en nuestra vida antes que todo lo que pueda tentar y seducir nuestro corazón. Y hay muchas cosas, entre ellas el dinero, que es la causa que a aquel joven le impidió poner a Jesús en el centro de su vida.

Jesús no es un decálogo ni una serie de preceptos. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Jesús es la mejor y principal opción de nuestras vidas y a la que hay que seguir optando y dando prioridad antes que todas las seducciones y tentaciones que el mundo nos ofrece.

domingo, 19 de agosto de 2018

AIMENTO DEL ESPÍRITU

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Jn 6,51-58
Somos seres humanos y necesitamos alimentarnos del pan que nos da la vida física de cada día. Y, por desgracia, privamos, los mismos hombres, de ese pan material a muchos otros. Hay mucha gente que padece hambre por culpa de otra gente que lo quiere todo para ellos. O se cuidan ellos de tener de todos sin importarle que a los demás le falte incluso lo necesario.

Pero, no sólo nos basta ese pan. También necesitamos el Pan espiritual del que nos habla en el Evangelio de hoy domingo el Señor. Un Pan que da la Vida Eterna y que es necesario comer. Jesús así se presenta como el Pan de Vida Eterna: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

¿Dónde encontramos ese Pan bajado del Cielo? Precisamente en la Eucaristía tenemos la oportunidad de comer de ese Pan. Por eso, la Eucaristía, al menos la dominical, es necesaria, no una obligación. Es necesaria para, a parte de vernos con los hermanos, compartir y amarnos, comer y alimentarnos del Pan de la Vida Eterna.

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».

Todo está muy claro y sólo necesitamos confiar como lo hacen los niños. Fiarnos de nuestro Padre que se hace Pan y alimento eterno en su Hijo Jesús bajado del Cielo. Un Padre que sabe de la necesidad de sus hijos y que se hace, en su Hijo, alimento para darle la Vida Eterna que busca y desea. Seamos capaces, como hacen los niños, de confiar en nuestro Padre Dios y, de su Mano, tomar el verdadero alimento Eucarístico que nos da la Vida Eterna.

sábado, 18 de agosto de 2018

DERECHOS ADQUIRIDOS

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Mt 19,13-15
Se puede decir que vivimos la época de los derechos. Se habla mucho de derechos, pero, quizás, poco de deberes. Deberes que, tanto en cuánto se es responsable tienen mayor aplicación y responsabilidad en sus cumplimientos. Sobre todo respecto a los niños, unos niños que siendo menores están desprotegidos e indefensos.

Jesús salió en defensa de los niños y nos advirtió que tendríamos que ser como ellos para entrar en el reino de los cielos. Defender a los niños era algo en los tiempos de Jesús muy difícil de entender, algo contracultural y contracorriente que exponía tu persona y tu pensamiento. Pero, Jesús, no se detiene y pone a los niños como ejemplos para entrar en el reino de los cielos. 

Porque, los niños representan lo pequeño, lo débil, los que demandan más amor y protección, los que están desamparados y sin voz, incluso en las horas tempranas que viven en el vientre de sus madres. Niños que necesitan tu voz, tu defensa y tu valentía. Jesús, el Señor, nos invita a ser pequeños y humildes como los niños.

Gracias a Dios, hoy, los niños, ya gozan de ciertos derechos y privilegios. Son preferentemente llamados a ser los primeros en los aeropuertos a la hora de embarcar y van apareciendo sus preferencias y cuidados poco a poco, pero todavía hay mucho que hacer. Son víctimas de pederastas, de esclavitudes laborales e incluso utilizados como soldados. Se hace necesario elevar la voz y salir en defensa de los niños porque ellos son los preferidos del Señor.

Miremos a los niños, porque nos conviene fijarnos en ellos y no apelar a méritos ni a derechos adquiridos para el cielo. Primero, porque allí todo es gratuito, y, segundo, porque nunca alcanzaremos a merecerlo.

viernes, 17 de agosto de 2018

EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

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Mt 19,3-12

A la hora de plantearnos el matrimonio planteamos también primero nuestros proyectos y nuestros planes. Y, ¿cuáles son nuestros proyectos y nuestros planes? Sin lugar a duda que ahí entran en gran medida nuestras apetencias y apetitos y nuestros intereses. Entre otras cosas porque no podemos separarnos de nuestra naturaleza humana, carnal, egoísta, débil y pecadora. Estamos sometidos y esclavizados a nuestras tendencias e inclinaciones puramente carnales y humanas. Liberarnos no es cosa que podamos hacerlo nosotros solamente.

Y si queremos satisfacer nuestras pasiones y gustos a nuestra manera y según nuestra humanidad lo lógico y de sentido común es que caigamos en el error. Para botón de muestra la realidad que nos rodea, infinidad de matrimonios en crisis y separados. Por lo tanto, lo primero es escuchar lo que Jesús dice al respecto cuando le pregunta aquellos fariseos: 

«¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?». Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre». Supongo que todo queda meridianamente claro. Otra cosa es que yo quiera organizar mi vida a mi manera y a mis gustos. Que no son los gustos del Señor, y, por lo tanto, lo que no nos conviene. Porque, ¿quién sabe lo que mejor conviene al hombre? Desde ahí medimos nuestra fe.

El hombre sigue empeñado en hacer las cosas a su manera y no se calla. Vuelve a preguntar a Jesús y a echarle en cara lo que les había permitido Moisés: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?». Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no hablo de unión ilegítima- y se case con otra, comete adulterio».

El plan de Dios está claramente definido y el matrimonio es el núcleo donde el amor se hace visible y necesario, pues sin amor - ágape - no se puede alcanzar la máxima expresión de felicidad y gozo eterno. En eso manifestamos y descubrimos que somos semejante al Señor, en el amor. Y es el amor lo que realmente florece la vida y la convivencia en paz y verdad entre los hombres.