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| Jn 14, 1-6 |
No se te van a pedir tus éxitos, sino el amor que hayas gastado en beneficio de los demás.
lunes, 2 de noviembre de 2020
UN LUGAR EN EL CIELO
domingo, 1 de noviembre de 2020
SANTOS ANÓNIMOS
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| (Mt 5,1-12a |
Porque, santo es todo aquel que se empeña en seguir a Jesús de forma coherente y comprometida, a pesar de sus defectos, de sus caídas, de sus fallos, errores y, por supuesto pecados. Son aquellos que ante la seducción y bienaventuranza de la astucia y vividores que les propone el mundo, ellos dan la espalda y se esfuerzan en ser bienaventurados en la pureza y limpieza de corazón. Y, a pesar de que este camino no parece triunfante para el mundo y puede hacerte sufrir, llorar y padecer toda clase de calamidades, ellos, apoyados, confiados y esperanzados en Jesús, siguen con firmeza sus pasos.
Y la vida les da la razón, porque todas las aparentes bienaventuranzas falsas - espejismos de felicidad - se evaporan y se terminan. No llegan a ser ni plenas y sí, caducas. Sin embargo, las que siguen las propuestas por el camino que señala nuestro Señor Jesús son verdaderas y auténticas bienaventuranzas que llevan a la Vida Eterna y gozosa en plenitud. Sí, vivamos ese camino propuesto de bienaventuranzas de las que Jesús nos propone hoy en el Evangelio y felicitémonos porque hay muchos que ya las han seguido y gozan en el Cielo de verdadera y eterna felicidad. Y, otros muchos, caminan todavía junto a nosotros ese camino.
sábado, 31 de octubre de 2020
PRIMERO Y ÚLTIMO
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| Lc 14,1.7-11 | |
La vida, nuestra vida, desde muy temprana edad se convierte en una carrera competitiva. Sin darnos cuenta nos sumergimos en una competición que, en algunos momentos, alcanza gran intensidad. Competimos en los estudios, en los trabajos, en los puestos, en las novias y novios, en el poder, las riquezas...etc. Pasamos gran parte de nuestra vida compitiendo hasta que nos damos cuenta de que por ese camino no llegamos a ninguna parte.
Sin embargo, competir no es malo, lo malo sería ser el mejor y para conseguirlo hacer lo que sea, incluso pasar por encima del otro. Eso es lo verdaderamente peligroso y malo. Y, todavía peor, creerte mejor que el otro y, como resultado, adjudicarte un puesto superior. Ahí está el peligro y el pecado; el error y la vanidad de pensar que eres más alto y mereces honores y admiración.
¿Quién eres tú? ¿Acaso eres mejor y más valioso que los demás? Y si lo eres, ¿no te das cuenta que todo lo que eres y tienes te ha sido dado gratuitamente por tu Padre Dios? ¿Acaso tienes razones que justifiquen que podías ser otro, haber nacido en otro país y ser necesitado extremo? ¿Eres consciente de todo esto y tienes en cuenta a los necesitados? Ser último es descubrir que lo que tienes y has recibido se te ha dada para ponerlo al servicio de otros, especialmente los más necesitados.
Humilde es descubrir tu condición de creatura de Dios y de que se te ha dado unos talentos y cualidades para ponerlas al servicio de los que la necesitan. Porque el alivio de sus sufrimientos y dolores pasa porque tú les ofrezcas lo que les pertenece por el Amor de Dios y a través de los talentos que tú has recibido.
viernes, 30 de octubre de 2020
¿DÓNDE TIENES LA MIRADA?
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| Lc 14,1-6 |
Si buscamos a Dios con nuestras miradas y la quitamos de nuestros prójimos, seguro que nuestra mirada no llega a ver a Dios. Se pierde en el camino y, no es que Dios se oculte, sino que tú no puedes llegar a Él porque le hablas con mentiras, pues, no puedes amarle como declaras si no amas al hombre. Sencillamente así de simple, porque la Voluntad de Dios es amarle a Él y al prójimo como a ti mismo. Luego, ¿cómo puedo decir que amo a Dios si le doy la espalda al prójimo?
Dios te ama, pero, también ama al hombre y su Amor a ti pasa porque tú ames también a los demás. Esa es su Voluntad y para eso ha enviado a su Hijo, para que nos lo diga - anuncie - no solo de palabra sino con el ejemplo de su Vida. Y así lo ha hecho Jesús. Nos ha dicho que su Padre nos ama hasta el extremo de entregarle a Él, su Hijo, para que con su muerte gane el rescate de nuestras vidas y recuperemos la dignidad de hijos de Dios. Y así lo ha hecho Jesús. Ha cumplido la Voluntad del Padre.
¿Qué significa eso? ¡Nada más y nada menos que estamos salvados! Como el Hijo, nuestro Señor Jesús Resucitó, también tú y yo resucitaremos y será una Resurrección de Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. Ese es el tesoro que realmente buscamos y Jesús, el Hijo de Dios, lo ha ganado con su entrega libre y voluntaria para todos los que creen en Él. Y, si indagas y buscas dentro de ti descubres que lo que quieres y buscas, valga la redundancia, es realmente eso, Vida Eterna.
De ahí puedes deducir y comprender como Jesús, conociendo las intenciones de los que mandan y que someten al hombre a la ley, les provoca y señala, con la curación del hombre enfermo de hidropesía hoy, o la mujer encorvada en otra ocasión y otros, que el sábado está en función del hombre y no al revés. Es la ley la que está sometida para hacer el bien al hombre y nunca puede el hombre estar al servicio de la ley.
jueves, 29 de octubre de 2020
DESTINO Y PROFETA
En la hora de tu bautismo has quedado revestido y configurado como sacerdote, profeta y rey. ¿Qué quiere decir eso? Sacerdote: Es un sacerdocio común de los fieles, por el cual todos estamos llamados a la perfección de la santidad, se ejerce a través de la oración, la ofrenda de sí mismo, el testimonio que se da de Cristo. Se alimenta y se expresa en la participación de los sacramentos. Profeta: Dar testimonio de Cristo con el ejemplo de nuestra vida y las obras de nuestro amor. Rey: Abajarse con verdadera humildad a servir, como Cristo, vino a servir.
Pero, para conocer tu destino necesitas primero descubrir tu condición de profeta que te ha sido dada en tu bautismo. Ese es tu compromiso que, conociéndolo, no pararás hasta llegar a él. El compromiso de anunciar y dar testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios y que con su muerte y Resurrección ha pagado el rescate que nos devuelve la dignidad de hijos y, por la Misericordia del Padre, la Vida Eterna.
Así lo supo Jesús y ante las amenazas de Herodes no se amedrantó y se enfrentó a las dificultades del camino. Conocía perfectamente su Misión y la Voluntad de su Padre y, aunque la subida a Jerusalén suponía una amenaza de muerte nada le detuvo, pues esa era la Voluntad de su Padre.
¿Conocemos nosotros la Voluntad del Padre? ¿Sabemos qué, cómo y a dónde debemos llegar? Y, mejor, ¿estamos dispuestos a llegar hasta el final de nuestro destino? Esa es la cuestión que tenemos que tener presente durante el camino de nuestra vida.
miércoles, 28 de octubre de 2020
TESTIGOS DESDE EL CORAZÓN
El currículum, por decirlo de alguna manera, que se exige para seguir a Jesús no exige títulos ni estudios superiores, teológicos u otros temas. Simplemente escucharle, permanecer a su lado y creer en su Palabra. Pero, no un creer de forma ciega y totalitaria e impuesta, sino desde una fe libre, razonada, reflexionada y coherente entre la Palabra y la Vida.
Jesús vive lo que antes ha proclamado. Y, proclama lo que antes ya está viviendo. Su Palabra y sus actos son caras de una misma moneda. Esa misma moneda que por un lado representa la cara de Dios y por otra la del prójimo y que, como la misma moneda, son inseparables. Palabra y Vida van juntas y en sus obras convergen y se manifiestan. De modo que, quienes están a su lado y le escuchan quedan fascinados y enamorados del mensaje y de su compromiso de amor.
Y es esa disponibilidad y apertura a la Buena Noticia, que trae y proclama Jesús, la que abre tu corazón y te impulsa a creer y seguirle. Jesús no te pide capacidad ni intelectualidad. Jesús te pide tu corazón y tu libertad, creer en Él y ponerte en sus Manos. Lo demás vendrá, por la Gracia de Dios Padre, por añadidura. ¿Acaso crees que Pedro y los demás apóstoles estaban preparados? ¿Piensas que eran mejores que tú? Quizás no te has parado a pesar que esos rasgos también los puedes tener tú.
La cuestión es responder a esa llamada a seguirle. Llamada que está impresa en nuestro corazón y, quieras o no, te sientes impulsado a responder, pero nunca lo intentes solo sino siguiendo sus pasos y abierto a su Palabra e injertado en el Espíritu Santo.
martes, 27 de octubre de 2020
PEQUEÑO - DÉBIL - HUMILDE
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| Lc 13,18-21 |
Dios no busca en la grandeza sus testigos para anunciar su oferta y apuesta que ha hecho por el hombre, en el que ha puesto su confianza. Y no la busca porque, para grandeza ya está Él, Señor de todo lo creado, visible e invisible. ¿Para qué buscar grandeza y poder si más grande que Él no hay nadie?
Por tanto, Dios se hace pequeño - hombre - y busca y vive entre los pequeños, porque quiere enseñarnos su poder y grandeza haciendo de lo pequeño lo grande y de lo débil lo poderoso. Sin embargo, la abajura de Dios es tan grande manifestación de amor que no nos presiona ni nos impone nada.
Nos creó libe para que le reconozcamos por voluntad propia su ascendencia sobre nosotros. Es nuestro Creador y Salvador, y no nos ha creado para luego abandonarnos y condenarnos, sino para, reconociéndole nuestro Señor y Padre, darnos esa Vida plena de gozo y felicidad Eterna.
Por tanto, reconozcamos nuestra pequeñez, nuestras debilidades y seamos humildes reconociendo a Dios como nuestro Padre y Señor.




