jueves, 24 de abril de 2014

NOSOTROS HEREDAMOS ESOS TESTIMONIOS

(Lc 24,35-48)


Somos nosotros ahora, la Iglesia de siglo XXI, la que hemos heredado esos testimonios de los apóstoles, y debemos de proclamarlos y transmitirlos a nuestros herederos y al mundo: Jesús ha Resucitado y está entre nosotros. 

Tenemos el testimonio de la Palabra que se ha cumplido toda en nuestro Señor Jesús, y era necesario que así fuese. El Señor tiene manos y pies, es de carne y hueso. Les invita a que le palpen y les pide de comer para que comprueben que no es un espíritu sino el mismo Señor en Persona. Su Resurrección cambia toda nuestra vida y nos llena de esperanza. ¡Alabado y glorificado sea el Señor!

Ocurre que nos embargan las dudas y la desconfianza, y en la medida que nos alejamos más de Él, el mundo se encarga de desdibujar más su presencia y hacernos pensar más en un sueño que la realidad. No dejemos que eso nos ocurra. Y para ello mantengámonos siempre unidos, junto a Él y alimentados por su Cuerpo y su Sangre.

Es en la Iglesia donde podemos fortalecernos al compartir nuestra fe y perseverar en la unidad junto al Señor.

miércoles, 23 de abril de 2014

QUEDATE CON NOSOTROS SEÑOR.


(Lc 24,13-35)

Sus Palabras nos dejan admirados y nos llenan de entusiasmo; sus Palabras enciende nuestro corazón y lo inunda de paz, de sosiego, de alegría y gozo pleno. ¡No te vayas, Señor, quédate con nosotros! Son palabras que salen de lo más profundo de nuestro corazón de forma espontánea. Porque ellas nos dan vida y nos llenan de esperanza.

Aquellos discípulos, camino de Emaús, iban derrotados. Ni siquiera se paraban a pensar en lo que habían oído de aquellas mujeres que habían encontrado el sepulcro vacío. Tampoco repararon en los compañeros que lo habían comprobado. Estaban resignados y vencidos por la muerte. Necesitaban verle y nadie le había visto. ¡Qué paradojas de la vida! Lo tenían delante y no lo advertían.

Jesús, que caminaba con ellos sin ser reconocido, les descubrió todo lo que dijeron los profetas sobre Él y se tenía que cumplir. Conmovidos y entusiasmados invitaron a Jesús a quedarse con ellos, y al partir y bendecir el pan y dárselos se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Jesús desapareció sin que ellos lo pudieran ver. Entonces experimentaron el ardor con que latían sus corazones y entusiasmados regresarón a Jerusalén al encuentro de los otros. 

En la comunidad compartieron las experiencias de encuentro con Jesús Resucitado y se fortalecían con gozo y alegría porque el Señor estaba Vivo. ¿Tenemos nosotros esa misma experiencia?

martes, 22 de abril de 2014

LA EXPERIENCIA DE LA FE

(Jn 20,11-18)


La duda está dentro de nosotros. Dudaron los apóstoles, Magdalena y todos los discípulos. Y hoy seguimos dudando los que todavía caminamos por el sendero de la Cruz. E imagino que el Señor sabía y sabe todo eso de nosotros, y así y todo se dejó crucificar por amor a todos nosotros. No hay prueba mayor de amor que entregar la propia vida.

La experiencia de Magdalena fue tal que teniéndole delante de sus propios ojos no fue capaz de distinguirlo ni de verlo. Y mira si ella no había escuchado y contemplado al Señor en muchos momentos de su vida. Sin embargo, no le reconoció. Y fueron las palabras de Jesús Resucitado al pronunciar su nombre las que la devolvieron a la pura realidad: El Maestro estaba allí presente, delante de ella, Vivo y Resucitado.

Sin ningún quizás, a nosotros nos ocurre lo mismo. Estamos ciegos, confusos y distraídos por las luces y los problemas de este mundo. Y tan imbuida nuestra mente por la razón y por lo que ven nuestros ojos que no somos capaces de ver ni experimentar al Señor. Necesitamos, como María, oír su voz, escuchar decir nuestro nombre y creer profundamente en sus Palabras.

Pero, para eso debemos ir a su encuentro. Tal y como hizo María Magdalena. Acercarnos a su sepulcro para contemplar su gloriosa Resurrección, y aplacar nuestra sed de dudas en su Resurrección y en su presencia gloriosa entre nosotros.

¡Ven Señor Jesús y danos la fe de tu Resurrección y el valor de proclamarlo a todos los hombres! Amén.

lunes, 21 de abril de 2014

JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE



Los sumos sacerdotes no daban crédito a lo que les decían y, por otro lado, sus soberbias les traicionaba y tratan de justificar aquello que no se puede justificar. Se autoengaña distorsionando la realidad. Sobornan a los soldados para que extiendan que han sido los apóstoles quienes han robado el Cuerpo de Jesús. Algo difícil de sostener y mantener.

Hoy, muchos, no creen en Jesús, pero no porque quieran creer que han robado su Cuerpo, cosa imposible, sino porque se obstinan en querer comprender lo que no se puede comprender desde nosotros mismos, sino por la Gracia del Señor. 

Hay una y mil razones para creer, pero también hay para dudar. Porque la duda siempre nos estará amenazando. La fe implica ver y no veremos más hasta que ya no nos haga falta la fe, porque lo veremos con nuestros propios ojos. Será cuando acabe este nuestro periplo por este mundo.

 El testimonio de los apóstoles es suficiente y también el deseo de sed de agua viva que salta hasta la fuente eterna. La fe es un don de Dios y como tal se lo pedimos, porque queremos creer y creemos en su Palabra y el testimonio de la Iglesia.

Sin embargo, somos débiles y frágiles y necesitamos que nos aumentes la fe Señor. Y eso te pedimos hoy, día en que celebramos que Tú estás vivo entre y nosotros para resucitarnos a nosotros también. Por eso te pedimos: "Aumenta nuestra fe Señor".

domingo, 20 de abril de 2014

ELLOS NO LO HABÍAN ENTENDIDO, PERO NOSOTROS, POR EL TESTIMONIO DE ELLOS, AHORA SÍ LO SABEMOS


(Jn 20,1-9)

Estaban derrotados, desilusionados, vencidos, decepcionados... No habían entendido nada y, por lo tanto, no esperaban nada. Esa mañana tuvo que ser grandiosa, tan grandiosa que les movió toda su vida a seguir al Señor en cuerpo y alma y a darlo todo por Él.

Me imagino el desasosiego y la esperanza contenida por imaginar y empezar a entender lo que el Maestro les había dicho. ¿Dónde estaba Jesús? ¿Había Resucitado? ¡Dios mío, esto cambiaba todo de forma radical! Jesús vive, ha triunfado y el Amor es el camino del triunfo. La muerte no es la última palabra. Es Jesús quien nos da la vida y quien tiene la última Palabra. Es el Señor, el Hijo de Dios Vivo.

Hoy es un día grande, grande porque se pasa de la muerte a la vida; de la derrota a la victoria; de la tristeza a la alegría, de la desesperanza a la esperanza... Xto. Jesús ha Resucitado y en Él resucitaremos nosotros también, porque su Amor y Misericordia es Infinita.

Por eso, en contenida alegría y sabiendo, por el testimonio de los apóstoles, que Jesús ha vencido a la muerte, esperamos con inusitada y silenciosa alegría el momento exultante de proclamar que Jesús Vive entre nosotros y nos resucitará en Él por la Gracia y el Amor de Dios Padre.

sábado, 19 de abril de 2014

DÍA DE CRUZ Y DE VICTORIA



Hoy actualizamos nuestra liberación, porque la muerte, nuestro mayor azote, ha dejado de serlo, pues Xto. Jesús ha Resucitado y con ello ha vencido la muerte. Y no lo recordamos sino que lo actualizamos y lo hacemos presente. Cada instante de nuestra vida es un instante de resurrección porque se produce vida, vida que se sostiene en Xto. Jesús.

Somos frágiles y muy débiles. Por cualquier insignificancia nuestra vida corre peligro de acabar. Concretamente, ayer noche, después de venir de la celebración de la Santa Cena, tomando algo ligero en casa me atraganté con un poco de pan y lo pasé muy mal. Se paseó por mi mente que me asfixiaba y Berta, mi mujer, lo pasó muy mal.

Experimenté resurrección y fragilidad. Y tomé conciencia que cada momento de mi vida está sostenido en y por el Señor. Él nos salva, nos acoge, nos perdona y nos libera. Y en estos días de Semana Santa actualizamos esa liberación y salvación que durará todos los días del año hasta la próxima actualización. Vivimos el momento presente en el que somos liberados, tal como me ocurrió a mí en ese percance.

Puede ser cualquier enfermedad, desesperanza, tiniebla, oscuridad, sacrificio, mortificación, dificultad...etc. Estamos siendo salvados y liberados a cada instante de nuestra vida, y hoy, de forma especial, actualizamos esa vivencia de cada día.

Por tu Cruz, Señor, somos salvados y resucitados. Amén.

viernes, 18 de abril de 2014

HA LLEGADO LA HORA

(Jn 18,1—19,42)


No se le cree y se le rechaza, porque proclamarse Hijo de Dios sería subordinarles y desposeerlos de sus poderes y gobiernos. No esperan a un enviado de Dios humilde, pobre y sin poder, y dedicado a hacer el bien y a curar enfermedades. Ellos quieren un enviado poderoso, fuerte y guerrero que pueda llevarles a liberarles de la esclavitud del pueblo romano.

No atienden a razones ni dan crédito a la Palabra de Jesús. Lo tachan y condenan acusándole de blasfemo y de querer nombrarse rey. No entienden nada y sólo les preocupa perder sus posiciones y su situación con el poder romano. Así que decididos buscan y acusan a Jesús de blasfemar y consiguen que los romanos lo condenen a una muerte de Cruz.

La Cruz se convierte entonces en nuestra liberación y salvación. En ella somos redimidos y rescatados por los méritos de Xto. Jesús, y en ella, por la Misericordia de Dios, somos perdonados de nuestros pecados. Por eso, nuestra vida es un camino de Cruz, un camino de perdón y misericordia, un camino de amor de paz.

Pidamos en este día que el Espíritu Santo nos impulse a soportar y cargar con la Cruz de cada día por la Gracia de nuestro Padre Dios. Amén.