miércoles, 10 de abril de 2019

CUANDO VIVES EN LA VERDAD TE EXPERIMENTAS LIBRE


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Es la verdad la que te libera, te da paz y te hace actuar libremente. Pero, la verdad no está en este mundo ni en las cosas de este mundo. Sólo Dios es libre y es la Verdad Absoluta. Él nos hace libre porque es el Camino, la Verdad y la Vida. Y es eso lo que Jesús nos dice hoy: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres».

Por experiencia, la mentira no nos libera. Al contrario, nos esclaviza y nos pierde. Nadie gusta de vivir en la mentira, y miente por el pecado, porque, sometido a él se deja dirigir por la venganza, por la soberbia, por el poder y la suficiencia y se corrompe alejándose de Dios.

Jesús, tomando naturaleza humana se hace obediente al Padre y hace lo que el Padre le dice y le da. Todo lo ha recibido del Padre. Por el contrario, el hombre sigue y hace lo que le ha oído a su padre. La gran diferencia es que Jesús viene enviado por el Padre y el Padre es veraz, tal y como nos ha dicho estos últimos días. Los hombres se jactan de ser hijos de Abraham y, por eso, ser libres, pero no hacen lo que hizo Abraham y, por el pecado, ha sido sometido a la esclavitud.

Sólo quien es Libre puede darles la verdadera y única Libertad. Esa Libertad que viene de Dios y nos libera de la esclavitud del pecado. Ellos confiesan que son libres, pues tienen como Padre a Dios, pero, ¿realmente hacemos la Voluntad de Dios? Esa es la pregunta que Jesús les dirigió a aquellos judíos y que también hoy nos la dirige a nosotros. 

Porque, nos confesamos hijos de Dios cuando rezamos el Padrenuestro, pero, ¿actuamos como verdadero hijos de Dios en el acontecer diario de cada día? Y más, ¿reconocemos a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios?

martes, 9 de abril de 2019

LIBERADOS DE ESTE MUNDO

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Nadie quiere morirse. Eso es obvio y, en consecuencia todos buscamos la salud, el bienestar y, por supuesto, la eternidad. Sería una canallada que sintamos el impulso de buscar la eternidad si esa posibilidad no existe. Porque, de sentirlo es claro que alguien lo habrá puesto. Por lo tanto, por lógica y sentido común, si somos capaces de sentirlo es porque esa posibilidad existe y está ahí. Y quien no cree en ella porque no la ve o no la puede entender, se lo perderá y se será víctima de su pecado de incredulidad.

En el Evangelio de hoy Jesús nos lo dice claramente: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados». Entonces, muchos al oírlo hablar así creyeron en Él. Y yo también creo, porque Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Todo está muy claro,  nunca podremos entenderlo por nuestra razón. Sí, llegamos a tener razones para poder creer. No se trata de creer a lo loco, sino en base a lo que Jesús nos dice y lo demuestra con sus obras, con su entrega a una muerte de Cruz y, sobre todo, la prueba cumbre, su Resurrección. Por tanto, es la hora de creer en lo que nos dice: "Yo soy".

Jesús es obediente al Padre y se siente apoyado y respaldado por el Padre, que lo ha enviado a este mundo. Jesús, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz - Flp 2, 6-8 -.

lunes, 8 de abril de 2019

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

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Jn 8,12-20
Todos queremos buscar la luz, esa luz que nos ilumine el camino y nos resuelva los diversos problemas que se nos van presentando. Diríamos que esa figura de la luz que buscamos se refleja hoy en esos asesores que todos buscan cuando inician un proyecto. Eso se ve con frecuencia en el mundo político y empresarial. Los responsables y líderes de los proyectos buscan luz en los asesores para que les iluminen y aconsejen.

Sin embargo, los asesores y todos las personas estamos sujetas a errores y, la experiencia nos descubre que así sucede. Hay aciertos, pero también muchos errores. La luz y la verdad es algo que la persona necesita y la busca con interés y necesidad. Pero, su gran y peor error es que la busca en el lugar equivocado. La busca en este mundo, es decir, en los hombres y mujeres de este mundo, y ahí no se encuentra.

Jesús nos lo dice hoy en el Evangelio: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Jesús está apoyado en el Padre que lo ha enviado y que da veracidad a todas sus obras y acciones. Porque, las enseñanzas de Jesús nos descubren el amor del Padre y lo que el Padre quiere para cada uno de nosotros.

El mensaje de Jesús está cargado de verdad, de justicia, de solidaridad, de búsqueda del bien y de verdadero amor. Ese amor que no piensa en sí mismo, sino ese amor que se materializa en una entrega sin interés, gratuita y sin condiciones. 

Precisamente, lo que buscan todas las personas y lo que cada uno experimenta dentro de su corazón. Un amor fraterno que se concreta y se descubre en la Cruz, donde Jesús se ofrece como víctima por todos nuestros pecados.

domingo, 7 de abril de 2019

EL PECADO DA LA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR

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Nuestra naturaleza es débil y propensa al pecado. Estamos sujetos a la tentación de pecar y, tarde o temprano, nuestra debilidad e ignorancia nos hundirán en el pecado. Pecado que puede realizarse de muchas maneras, bien sea por cometer alguna falta; bien por inmadurez e inocencia; bien por omisión de algo que hubiese podido evitar o mejora o bien por complicidad con otro. Todas esas circunstancias pueden ser ocasiones para mejorar y cambiar nuestras actitudes ante esos hechos.

No se trata de justificarnos, sino de asumir nuestra condición pecadora y tratar, con la Gracia de Dios, superar esos comportamientos para convertirlos en buenas acciones en y para el bien de las personas. Por lo tanto con esa actitud Jesús nos enseña hoy a tener compasión y saber dar la oportunidad al pecador para que pueda salir de su estado y situación de pecado.

Ante esa mujer pecadora y sorprendida en adulterio Jesús defiende, no su pecado, sino su oportunidad a resarcirse de su culpa. Observemos con que palabras termina el Evangelio: Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Vemos claramente que Jesús lo que trata es llamar la atención a que todos somos pecadores y que en este pecado concreto la mujer tiene unos cómplices que han pecado con ella. Por eso, con esa sabiduría propia del Hijo de Dios dice: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». Un signo inequívoco de la buena, compasiva y misericordiosa intención del Señor. Todos se sintieron pecadores y marchándose, empezando por los más viejos, se supone que eran los que más pecados tenían, se fueron alejando de aquel lugar.

sábado, 6 de abril de 2019

DUDAS ANTE LA PERSONA DE JESÚS

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Jn 7,40-53
Unos creen en El, pero otros lo dudan, pues no parece que de Galilea pueda venir el Mesías prometido. La escritura dice que el Mesías vendrá del linaje de David, y concretamente, de Belén, el pueblo de David. De esta forma se plantea una discordia tal y como nos dice el Evangelio de hoy, hasta el punto que algunos querían prenderlo, pero nadie les puso las manos encima.

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?». Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre». Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos».

Vemos como las Palabras de Jesús no dejan igual a los hombres y produce consecuencias entre ellos. Para unos es el Mesías prometido, pues nadie ha hablado como lo hace este hombre; para otros es un profeta, o alguien en el que no creen y les molesta. Lo que sí parece claro es que las Palabras de Jesús no dejan indiferente a nadie, recordándonos aquellas palabras de Simeón en el templo que había anunciado a María - Lc 2, 34 -.

Algo sucede respecto a las Palabras de Jesús. Los guardias se quedan admirados. Sus Palabras desprenden admiración en la gente y sus obras asombro. Sin embargo, otros se enfurecían, murmuraban y daban lugar a la critica, a odio y deseo de venganza. Posiblemente, hoy sucede lo mismo. Muchos quieren apartar a Jesús de las escuelas, de la enseñanza y de que sea conocido por los pueblos, y tratan de apartarlo. Pero, Jesús, a pesar de las dificultades sigue abriéndose paso entre la gente.

viernes, 5 de abril de 2019

HOY, DESPUÉS DE DOS MIL AÑOS TODO SIGUE IGUAL

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Jn 7,1-2.10.14.25-30
Hoy siguen cuestionando la identidad de Jesús. No niegan su vida, su presencia en la historia, pero ni creen que ha venido enviado por el Padre, ni que es Dios ni que ha muerto por nosotros para salvarnos y mucho menos que ha resucitado. Todo sigue igual tal y como lo dejaron aquellos judíos de su época. Mucha gente no cree y se empeñan en gobernar el mundo según sus criterios humanos, egoístas y heridos por el pecado de la soberbia, la ambición, la envidia y la prepotencia.

Nadie es profeta en su tierra. Lo dijo Jesús y es un hecho que todos hemos experimentados en nuestros propios ambientes. Conocían a Jesús y daban por sentado que al Mesías prometido no se le podía conocer su paradero. Jesús que oye estas murmuraciones les dice: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado».

Recordamos como el Padre lo presenta en el Jordán cuando es bautizado por Juan el Bautista: En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.» Mc 1, 7-11. 

Y todavía hoy sigue esta cuestión para muchos en el aire. No le reconocen o están esperando algo espectacular y grande. Algo grandioso que les deje con la boca abierta y les convenza. Y nada de eso sucederá, porque Dios ya ha realizado su Plan de salvación. Y lo ha hecho de la forma más sencilla, humilde y pequeña.

 Elegida una joven humilde y sencilla, y un barón justo y honrado, simple carpintero y un nacimiento humilde, en un pesebre, sin aplausos, ni trompetas ni ruidos. Todo en el Señor es muy normal, pues asumió su Naturaleza humana despojándose de todo para ser igual al hombre. Nos toca a nosotros despertar y abrir los ojos para ver, porque teniéndolo dentro lo buscamos afuera. Y, ¡claro!, no lo encontramos.

jueves, 4 de abril de 2019

RAZONES PARA CREER

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Jn 5,17-30
Para probar un hecho hace falta pruebas, y las pruebas las aportan los testigos. Los judíos exigían pruebas a Jesús siguiendo la objeción del Dt 19, 15 - Un solo testigo no bastará como prueba contra un hombre por cualquier culpa o delito, por cualquier delito que haya cometido: sólo por declaración de dos testigos o por declaración de tres testigos se podrá fallar una causa - para probar el valor de un testimonio.

Jesús ante la incredulidad de los judíos alega el testimonio de Juan el Bautista, que le anuncia como el esperado y prometido. El testimonio del Padre, que lo manifiesta en los milagros obrados por Él, y, finalmente, el testimonio de las escrituras. Sin embargo, estas pruebas externas no bastan, porque se nos olvidan o no las tenemos presentes. Ejemplos la liberación de Egipto y como rompen la alianza con el Señor; la actitud con nuestros padres que, a pesar de todo lo que han hecho por nosotros, no le correspondemos como se merecen.

No basta con rezar, ir a misa y cumplir. Se hace necesario amar y amar primero a Dios para luego, llenos de ese amor derramarlo en los hermanos. Y ese camino a través del Hijo, único mediador entre Dios y el hombre. Y ese amor exige estar abierto a la escucha de la Palabra y en total disponibilidad a la acción del Espíritu Santo. Porque, nuestra conversión es un don de Dios. Necesitamos pues, entregarnos en sus Manos y estar en total disponibilidad.

No podemos desfallecer, al menos en nuestra intención y disponibilidad. Exige perseverancia, voluntad y fiarse del Señor. Exige ser semilla que se hunde en la profundidad de la tierra para agarrarse a ello fuertemente y poder dar buenos y hermosos frutos. Sabemos que vendrán años de sequía, de tempestades, de heladas y de todo tipo de obstáculos que impedirán que la buena semilla dé frutos, pero confiados en la Gracia de Dios, los frutos saldrán.