sábado, 21 de diciembre de 2019

LA FE DE MARÍA E ISABEL

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Desde hace algunos años he descubierto, por la Gracia de Dios, el misterio que se realiza en el acontecimiento de la visitación. María acude, avisada por el ángel Gabriel de que lleva ya seis meses de embarazo , a casa de su prima Isabel para servirle durante el periodo de gestación. Y se produce algo admirable que me deja maravillado y extasiado. 

¿Cómo Isabel descubre que en el vientre de María está el Hijo de Dios cuando dice: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿Puedes darle una explicación racional a ese hecho histórico? ¿O lo justifica mirándolo de lado y tomándolo como una leyenda, cuento o lo que te parezca? En el rezo del santo Rosario ocupa el segundo misterio de gozo. Y es que es realmente un misterio y un milagro que Isabel pudiera saber que su prima María estaba también en cinta del Hijo del Altísimo.

A veces buscamos pruebas y hechos que nos den razones para creer y pasamos por encima de ellas sin ni siquiera mirarlas o detenernos a pensar. Como este acontecimientos hay muchos que llenan la vida de nuestro Señor. Y no digamos de sus milagros, los que sabemos por medio de los Evangelios, porque, seguro que hay más que no se han escrito, pues se harían interminables.

La fe de María es grande y por esa fe entra la salvación en el mundo. También, Isabel, su prima, cree y sabe, por la acción del Espíritu Santo, que la promesa de Dios a María se cumplirá. Y esto no lo puede saber sino también por la acción del Espíritu. Son dos ejemplos y testimonios que nos pueden servir para también ablandar nosotros nuestros corazones y confiar en la Palabra de nuestro Padre Dios.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA PROMESA FUE CUMPLIDA

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Lc 1,26-38
Dios había hecho una promesa a su pueblo. A ese pueblo elegido en Abraham - Is 7, 14. 11, 1-5. - y llegado el momento se cumple en María, la elegida, la llena de Gracia. El Evangelio de -  Lc 1,26-38 - nos descubre el momento de la Anunciación del Ángel Gabriel: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Dios cumple lo prometido y eso nos da confianza y fortalece nuestra fe. Y lo hace de una forma sencilla, humilde, pobre y sin llamar la atención. Nace entre los pobres y son los pobres los más predispuestos a acogerle y recibirle. ¿Por qué? Porque, un corazón pobre es un corazón abierto, disponible y necesitado de amor. Un corazón pobre se reconoce pecador y necesitado de perdón y de amor. Y eso sólo se encuentra en Dios. Un Dios que se hace Niño y, encarnado en Naturaleza Humana, se hace presente entre nosotros.

Y María encarna todo eso que necesita el Niño Dios para hacerse presente entre nosotros. Es humilde, sencilla, pobre y abierta a la verdad. Recibe al Señor y queda llena de Gracia. El Señor está con ella. Y es ejemplo también para nosotros y nos sirve de guía y de camino para, pareciéndonos a ella poder llegar a su Hijo. María es espejo de humildad, de sencillez, de docilidad a la Palabra del Señor, de perseverancia y de fe. María es también nuestra Madre y corredentora con su Hijo Jesús de nuestra liberación. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

¿ESTAMOS DISPONIBLES A LAS SEÑALES DEL SEÑOR?

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Lc 1,5-25
Es verdad que en la vida nos encontramos como muchos signos y señales de todo tipo. Incluso, ¿cuántas veces hemos soñados sobre algo que no entendemos o que creemos que va a suceder? Quizás, porque no entendemos nada, dejamos de insistir o pensar en ello. En otras palabras, pasamos de largo. Seguimos nuestra intuición y cerramos nuestros ojos a todo aquello que no entendemos.

Zacarías, de quien nos habla el Evangelio de hoy, actuó de esa manera. Deseaba un hijo y lo había pedido al Señor, pero, a la hora de la verdad, y siéndole concedido, tuvo sus dudas y quiso saber de qué manera iba a suceder eso, pues le parecía imposible debido a la vejez y esterilidad de su mujer. Esa duda en el Poder de Dios, para el que no hay nada imposible, le silenció su boca hasta que comprendió y creyó en el Poder de Dios.

¿Qué significa esto para nosotros? La pregunta que debe interpelarnos puede ser: ¿Creo yo en el Poder de Dios y que también me habla a mí? O, ¿creo que significo algo para Dios y que, por tanto, me habla y quiere algo de mí? Cómo Juan, ¿tengo yo algo que hacer y preparar para la venida del Señor? ¿Acaso debo preparar mi corazón y disponerme a abrirlo para acoger y alojar al Niño Dios que me invita a renovar mi endurecido corazón en un corazón suave y manso?

miércoles, 18 de diciembre de 2019

MARÍA, CUNA DEL NIÑO DIOS

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(Mt 1,18-24
María ve interrumpido sus planes ante la visita del Ángel Gabriel que le anuncia la elección de Dios para ser la Madre de su Hijo. Aceptar esa elección significa romper sus planes. ¿Qué dirá José, con quien está desposada y comparte un proyecto de vida común, ¿Qué pensarán sus padres, familiares, amigos y el mismo pueblo al observar su estado? La situación es enormemente complicada.

Sin embargo, ante todas estos inconvenientes y dificultades, María pone primero el Plan y la Voluntad de Dios. Abre su corazón a la disponibilidad de aceptar y responder a ese Plan que Dios ha pensado en ella. Gracias a María y a José la familia de Nazaret está preparada para servir de cuna, de hogar y de amor para que el Niño Dios crezca en estatura, sabiduría y gracia.

Pero, por otro lado, José entiende en sueños, por la Gracia de Dios, que lo que está ocurriendo en María es obra del Espíritu Santo. Confiado en la bondad y verdad de María, José se abre al Plan de Dios y cumple su Voluntad. A pesar de no entender se fía de su Palabra y acepta, por la fe, obedecer lo que Dios le propone.

Ahora, ¿qué hacemos nosotros? ¿Estamos también en esa disponibilidad y actitud? ¿Queremos nosotros también abrir nuestros corazones al Plan de Dios en nuestras vidas? Es esa la reflexión que trato de hacer delante de Dios y, abandonado en sus Manos, confiar en su Palabra y su Amor.

martes, 17 de diciembre de 2019

ORIGEN Y TRANSMISIÓN

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Mt 1,1-17
El origen de Jesús está enraizado en las raíces mesiánicas del pueblo judío. Desde Abraham hasta David - catorce años; desde David hasta la deportación a Babilonia - catorce años -  y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo Jesús - catorce años -. Y a través de esta sucesiones y etapas se iba transmitiendo los anuncios mesiánicos que han seguido, a través de la Iglesia, hasta nuestros días.

De esta forma, también nosotros tenemos la responsabilidad de transmitir este Anuncio de la Buena Noticia desde el momento que quedamos injertados por el Bautismo en el pueblo de Dios. Por tanto, se hace necesario conocer el origen de nuestra fe para poder transmitirla con conocimiento y responsabilidad. Dios se ha querido revelar a través de un pueblo elegido con todos sus problema y vicisitudes. 

Un pueblo que necesita creer y apoyarse en la Palabra de Dios, que nos viene anunciada, primero por los profetas y luego, preparado el camino por Juan el Bautista, por el Mesías y Salvador, que, no sólo la Anuncia, sino que también con sus Obras y Vida le da cumplimiento. Un Mesías nacido del pueblo elegido y de la promesa hecha a Abraham.

Un Mesías y libertador que nos libera de la esclavitud del pecado que nos somete y nos tienta a través del recorrido de nuestra vida. 

lunes, 16 de diciembre de 2019

NO HAY OTRO CAMINO SINO LA FE

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Mt 21,23-27
Cuando quieres actuar por cuenta propia fracasas. Me refiero con respecto a Jesús. Quieres entenderle y es como querer entender la creación del mundo. ¿De veras, la entiendes? Puedes imaginar, deducir, pensar y suponer, pero entender nunca. San Agustín ya lo dijo valiéndose de aquel niño que quería meter toda el agua del mar en un pequeño agujero en la arena de la playa. Dios no sobrepasa y la única manera de, por su Gracia, poder entenderle es, ahora, ya, fiarte de su Palabra y creer en Él.

Pero, creer es creer. No es tratar de intentarlo a ver si hay suerte o jugar a ver si sale. Todos los que lo han hecho así no han visto ni experimentado nada. Jesús, el Hijo de Dios, sabe la última intención de tu corazón y el convencimiento de tu petición. Todo el que lo ha hecho con sinceridad y fiándose del Señor ha tenido resultado. Y resultado seguro, créelo. No todo el que toca el manto del Señor es curado, se necesita fe y Jesús lo sabe y lo siente. Así ocurrió con aquella mujer -Mc 5, 25-34- que padecía flujos de sangre.

¿Qué crees que pasó? ¿Acaso no había tocado muchos a Jesús durante el camino? Iba un gran gentío y lo oprimían al caminar, lo normal que haya roces. Pero, Jesús sintió un toque en su manto y una energía que había sanado a alguien, y quería manifestarlo y presentarla como testimonio. Porque, la fe de aquella mujer era de verdad. Pensaba que tocando el manto de Jesús podía quedar curada, y se esforzó y arriesgó a ser descubierta. Ya saben lo que sucedió si leen esos capítulos de Marcos.

¿Y cómo es tu fe y la mía? ¿Es como la de aquella mujer? ¿Crees que Jesús es tu solución a pesar de que tu camino tenga cruces? ¿Cres que detrás de tu camino de cruz, igual que el de Jesús, está la sanación de tu enfermedad - la muerte -? ¿Crees sinceramente que tu dolor y sacrificio por amar y darte a los demás tendrá la misma recompensa que la fe de aquella mujer? Pues, sí, es así. Nuestro camino es creer en Jesús y pedírselo todos los días y esperar a que Dios te responda. La respuesta es segura, pero el momento y la hora no sabemos. Necesitamos creerle y confiar en Él.

domingo, 15 de diciembre de 2019

JUAN SEÑALA A JESÚS COMO EL MESÍAS

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Mt 11,2-11
Juan había confirmado a Jesús en el bautismo del Jordán: Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo’» (Jn 1,33). Pero, estando en la cárcel quiere saber si realmente Jesús es el prometido o hay que esperar a otro. Envía a sus discípulos y la respuesta que recibe de Jesús es: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

Jesús no se afirma como el Mesías, sino que deja que tú y yo lo descubramos. Lo mismo hizo con Juan el Bautista. Eso sí , nos presenta su Vida y sus Obras. Esa es la respuesta que envía a Juan. Y Juan lo entiende y queda en paz. Ese es realmente el Mesías que había de venir y que estaba anunciado en las Escrituras. Ahora, te toca a ti y a mí responder. Juan ya lo hizo, pero, tú y yo estamos también seguros y confiamos en el Señor. De nada vale confesarlo con tus palabras si tu vida y tus obras no lo corroboran.

Jesús es el Señor. Nadie ha podido hacer lo que hizo y lo que hace cada día desde el Cielo. Él está vivo y camino contigo y conmigo. Su Amor y su Misericordia son Infinitas. Y en la Iglesia lo descubrimos a través del testimonio de muchos santos que, con sus vidas, nos ayudan a descubrirlo. Jesús nos enseña a amar como Dios nos ama. Él es el ejemplo del mandamiento nuevo que Dios quiere que vivamos: "Amar como Él nos ama y nos enseña por medio de su Hijo.

Nadie puede compararse con Jesús. Resulta paradójico que admiremos a mucha gente por lo que han hecho en este mundo y no descubramos la grandeza incomparable del Poder y el Amor de Dios. Jesús es la imagen visible de ese Dios invisible que no vemos, pero que experimentamos en el Amor de Jesús.