miércoles, 25 de diciembre de 2019

JESÚS, EL HIJO DE DIOS, SE HACE HOMBRE

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Jn 1,1-18
Dios, compadecido del pecado del hombre y de su esclavitud, se hace hombre y acampa entre nosotros. En Nacimiento del Niño Dios significa eso, la grandeza del Amor de Dios para, encarnándose en Naturaleza humana, hacerse hombre para, estando entre nosotros, enseñarnos el camino de liberación de nuestra esclavitud y divinizarnos eternamente. Esto quiere decir que, Dios nos hace, por los méritos de su Hijo, que se ha hecho hombre, divinos como Él y nos da la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Realmente, ¿nos enteramos de lo que significa esto? ¿Tomamos conciencia del Amor de Dios y de lo que nos da? ¿Acaso queremos otra cosa que no sea esa? Pues, si somos capaces de asimilarlo un poco tengamos en cuenta que hoy celebramos ese Nacimiento del Hijo de Dios con el que empieza nuestra salvación. ¡Bendito y alabado sea el Señor!

Tomemos conciencia que cada instante de nuestra vida en el que seamos amor para los demás, estamos asemejándonos a Dios y siendo como Él. Esa es su Voluntad, que nos amemos unos a otros como Jesús nos ha enseñado y nos enseña cada día en y con su Palabra. Dejemos que nuestros corazones se abran a esa Luz que hoy celebramos como lumbrera del mundo y que cada día de nuestra existencia hagamos el esfuerzo de amar como Él nos ama. Feliz Navidad.

martes, 24 de diciembre de 2019

CÁNTICO DE ZACARÍAS


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

lunes, 23 de diciembre de 2019

SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS

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Lc 1,57-66
Posiblemente no te hayas dado cuenta, o, quizás no estés atento a lo que sucede en tu vida. Muchas de las cosas que suceden las atribuye a la buena o mala suerte, y no percibes que quien te ha creado también está pendiente de ti. Ten en cuenta que tienes libertad para hacer lo que te conviene o para hacer lo que tú crees que es lo mejor, pero, entérate que siempre tendrás equivocaciones y errores que pueden hacer que tu vida peligre y se pierda.

Las cosas no suceden porque sí, sino porque tú permites que sucedan algunas y otras, quizás, no puedas evitar. Pero, tanto en unas como en otras Dios está presente. Las que tú eliges, Dios te las respeta, pero las que suceden y tú no puedes evitar, Dios las utiliza para que tú le saques también provecho y puedas aprender y darte cuenta de lo verdaderamente importante en la vida. 

Por ejemplo, lo de Zacarías, que dudó de la intervención de Dios en la concepción de su mujer Isabel, pues era estéril y mayor, Dios le dejó en silencio un tiempo - sin poder hablar - para que Zacarías se diese cuenta de que para Dios no hay nada imposible. Y Zacarías respondió dándose cuente y aprendiendo la lección. Así también suceden muchas cosas en nuestras vidas y debemos estar atentos a descubrirla y a ver que Dios actúa cuando le abrimos nuestros corazones.

Muchas cosas de mi vida esta la impronta del Señor y muchas veces me pregunto que sigo vivo porque Dios ha querido sostenerme con vida. Pero, no sólo eso, sino también en otros aspectos que he podido superar y hacerlo con esperanza porque Dios me ha fortalecido y me ha sostenido. Porque, como Zacarías, tú y yo y todos le importamos mucho a Dios nuestro Padre. Ya lo dijo cuando señaló a Juan como el más grande - Mt 11, 2-11 - nacido de mujer, añadiendo inmediatamente que el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

domingo, 22 de diciembre de 2019

JOSÉ, FIEL Y DISPONIBLE A SERVIR A DIOS

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Mt 1,18-24
Parece lo normal y hasta fácil que José aceptara María. Quizás con el tiempo y oyéndolo muchas veces nos parece que tenía que ser así casi por obligación. Nos parece que así tendría que ser la historia y ya casi por rutina lo vemos como algo muy normal. Sin embargo, si nos paramos a pensar un poco en ese acontecimiento comprobamos que no parece tan fácil como nos hemos acostumbrado a verlo desde lejos.

Lo primero que se me ocurre es que no es normal aceptar a la que va a ser tu esposa en cinta. Eso supone una infidelidad y un grave problema. María tiene ese problema de entrada, ¿cómo lo aceptará José? Y José reacciona como se esperaba. No lo entiende y, siendo un varón justo la repudia en secreto para evitar que corra peligro. Ambos experimentan una extraña y complicada situación y el Señor decide intervenir para solucionarla. José es avisado en sueños que el Niño que se espera, y le revela que es un niño, es obra del Espíritu Santo y, por lo tanto, obra de Dios.

Dios tiene un plan para María como Madre de Dios y también otro para José, como padre adoptivo de Jesús y esposo de María. Y, lo hermoso, es que ambos responden a la llamada de Dios. La fe de María posibilita la Encarnación del Dios hecho Hombre, y la fe de José que Jesús se eduque en el seno de una familia y tenga un padre y una madre. José, avisado en sueños, es fiel y se abre en una actitud de disponibilidad para servir al Plan de Dios.

Ahora, ellos ya han respondido y, con su respuesta de fe han posiblitado el Plan de Salvación de Dios para todos los hombres. Pero, tú y yo también tenemos ese aviso, bien directo de Dios o indirecto a través de algún testimonio o de la misma Iglesia que nos descubre lo que Dios quiere de ti y de mí y lo que nos ha preparado para recibirnos con los brazos abiertos y lleno de Amor. En la parábola del hijo pródigo o padre amoroso - Lc 15, 11-32 - nos lo manifiesta claramente. Dios espera nuestra respuesta y sólo de ti y de mí depende. 

sábado, 21 de diciembre de 2019

LA FE DE MARÍA E ISABEL

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Desde hace algunos años he descubierto, por la Gracia de Dios, el misterio que se realiza en el acontecimiento de la visitación. María acude, avisada por el ángel Gabriel de que lleva ya seis meses de embarazo , a casa de su prima Isabel para servirle durante el periodo de gestación. Y se produce algo admirable que me deja maravillado y extasiado. 

¿Cómo Isabel descubre que en el vientre de María está el Hijo de Dios cuando dice: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿Puedes darle una explicación racional a ese hecho histórico? ¿O lo justifica mirándolo de lado y tomándolo como una leyenda, cuento o lo que te parezca? En el rezo del santo Rosario ocupa el segundo misterio de gozo. Y es que es realmente un misterio y un milagro que Isabel pudiera saber que su prima María estaba también en cinta del Hijo del Altísimo.

A veces buscamos pruebas y hechos que nos den razones para creer y pasamos por encima de ellas sin ni siquiera mirarlas o detenernos a pensar. Como este acontecimientos hay muchos que llenan la vida de nuestro Señor. Y no digamos de sus milagros, los que sabemos por medio de los Evangelios, porque, seguro que hay más que no se han escrito, pues se harían interminables.

La fe de María es grande y por esa fe entra la salvación en el mundo. También, Isabel, su prima, cree y sabe, por la acción del Espíritu Santo, que la promesa de Dios a María se cumplirá. Y esto no lo puede saber sino también por la acción del Espíritu. Son dos ejemplos y testimonios que nos pueden servir para también ablandar nosotros nuestros corazones y confiar en la Palabra de nuestro Padre Dios.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA PROMESA FUE CUMPLIDA

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Lc 1,26-38
Dios había hecho una promesa a su pueblo. A ese pueblo elegido en Abraham - Is 7, 14. 11, 1-5. - y llegado el momento se cumple en María, la elegida, la llena de Gracia. El Evangelio de -  Lc 1,26-38 - nos descubre el momento de la Anunciación del Ángel Gabriel: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Dios cumple lo prometido y eso nos da confianza y fortalece nuestra fe. Y lo hace de una forma sencilla, humilde, pobre y sin llamar la atención. Nace entre los pobres y son los pobres los más predispuestos a acogerle y recibirle. ¿Por qué? Porque, un corazón pobre es un corazón abierto, disponible y necesitado de amor. Un corazón pobre se reconoce pecador y necesitado de perdón y de amor. Y eso sólo se encuentra en Dios. Un Dios que se hace Niño y, encarnado en Naturaleza Humana, se hace presente entre nosotros.

Y María encarna todo eso que necesita el Niño Dios para hacerse presente entre nosotros. Es humilde, sencilla, pobre y abierta a la verdad. Recibe al Señor y queda llena de Gracia. El Señor está con ella. Y es ejemplo también para nosotros y nos sirve de guía y de camino para, pareciéndonos a ella poder llegar a su Hijo. María es espejo de humildad, de sencillez, de docilidad a la Palabra del Señor, de perseverancia y de fe. María es también nuestra Madre y corredentora con su Hijo Jesús de nuestra liberación. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

¿ESTAMOS DISPONIBLES A LAS SEÑALES DEL SEÑOR?

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Lc 1,5-25
Es verdad que en la vida nos encontramos como muchos signos y señales de todo tipo. Incluso, ¿cuántas veces hemos soñados sobre algo que no entendemos o que creemos que va a suceder? Quizás, porque no entendemos nada, dejamos de insistir o pensar en ello. En otras palabras, pasamos de largo. Seguimos nuestra intuición y cerramos nuestros ojos a todo aquello que no entendemos.

Zacarías, de quien nos habla el Evangelio de hoy, actuó de esa manera. Deseaba un hijo y lo había pedido al Señor, pero, a la hora de la verdad, y siéndole concedido, tuvo sus dudas y quiso saber de qué manera iba a suceder eso, pues le parecía imposible debido a la vejez y esterilidad de su mujer. Esa duda en el Poder de Dios, para el que no hay nada imposible, le silenció su boca hasta que comprendió y creyó en el Poder de Dios.

¿Qué significa esto para nosotros? La pregunta que debe interpelarnos puede ser: ¿Creo yo en el Poder de Dios y que también me habla a mí? O, ¿creo que significo algo para Dios y que, por tanto, me habla y quiere algo de mí? Cómo Juan, ¿tengo yo algo que hacer y preparar para la venida del Señor? ¿Acaso debo preparar mi corazón y disponerme a abrirlo para acoger y alojar al Niño Dios que me invita a renovar mi endurecido corazón en un corazón suave y manso?