sábado, 7 de septiembre de 2024

JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO

Hay contradicción en lo de priorizar la ley antes que el bien del hombre. No se puede arbitrar una ley que no permita hacer el bien, y, sobre todo, cuando es el hombre quien está de sujeto. ¿Cómo se puede prohibir comer, por el simple hecho de ser sábado, cuando se tiene hambre? Incluso, hasta se atiende a los animales y se les alimenta incluso en sábado.

Es evidente que se ve claramente el fanatismo y la mentalidad rigorista de los judíos atribuyendo a Dios mandatos que Él no había pronunciado. ¿Qué era eso de la Ley del sábado? Dios no puede prohibir algo que el mismo ha creado – la necesidad de comer y alimentarse – a pesar de ser sábado, necesario para que el hombre, su criatura preferida, subsista. Dándole incluso prioridad a los animales antes que al hombre con esa ley del sábado.

Quizás, esa mentalidad rigorista sigue escondida todavía en nuestro corazón. Quizás, ahora lo que sucede es que nos pasamos de la raya y abrimos lasamente nuestras conciencia dándole prioridad al trabajo y otros placeres para olvidarnos del culto y adoración a nuestro Padre Dios. Quizás, no sólo el sábado, sino también el domingo lo dedicamos a nuestro propio culto sin reparar en nuestra relación y alimento espiritual con nuestro Padre Dios.

Seguimos con la ley del sábado, sólo que la hemos ampliado y utilizada de otra manera. Somos nosotros, cada uno, los que distribuimos nuestro tiempo según nuestros intereses y preferencias. Y a Dios, a nuestro Padre Dios, le damos la espalda.

viernes, 6 de septiembre de 2024

UN TIEMPO PARA CADA COSA

Es evidente que cuando se está alegre no se puede estar triste. Sería una contradicción. Sabemos por nuestra propia experiencia que haya momentos para celebrar, para hacer fiesta, comer, beber y saltar de alegría. Pero, también, por desgracia, sabemos que llegarán momentos de tristezas, de despedidas, de enfermedad, de muerte y…etc.

Hay momentos donde celebraremos con alegría la fiesta y otros, donde reinará la amargura y tristeza. Pero, como dice el refrán, «eso es ley de vida». Cada tiempo viene marcado por sus circunstancias, y muchas veces son favorables y otras no tanto. La realidad del mundo en el que vivimos nos enseña que eso es así.

Sin embargo, a pesar de todo ello, estamos llamados a sobreponernos, a echar para atrás lo viejo, lo establecido y buscar nuevos horizontes, nuevos tiempos que den sentido a nuestro camino y vida. Y es que el Señor está con nosotros, y como va en nuestro mismo camino debemos alegrarnos, y, hasta en los malos momentos, saber que Él está presente y nos consuela, nos fortalece para seguir adelante.

La esperanza de vivir en su presencia nos anima e impulsa a renovarnos constantemente, a no quedarnos con lo viejo, sino a alimentarnos en la esperanza de avanzar, de vivir, injertados en el Señor, los nuevos retos que la vida en nuestro propio camino nos va presentando. No olvidemos que cada tiempo trae sus problemas y alegrías, y éste que nos toca vivir a nosotros no va a ser diferente.

Por tanto, vivamos con la alegría de saber que Jesús, el Señor, está con nosotros, y con la serenidad, la paz y la esperanza de que también nos acompañará en los momentos de tristeza y penuria. Y con la esperanza de renovar nuestros odres viejos para así poder- en odres nuevos – beber del vino nuevo que nuestro Padre Dios nos ofrece cada día. 

jueves, 5 de septiembre de 2024

¿CREES TU TAMBIÉN QUE JESÚS PUEDE TRANSFORMARTE?

El punto de partida es: ¿Te lo crees? Pedro y los demás apóstoles se lo creyeron y dejaron todo. Quizás no fue de sopetón, pero si fue en la medida que fueron relacionándose con Jesús hasta el extremo de dejar todo por entregar sus vidas al anuncio de la Buena Noticia.

De la misma manera, muchos otros han seguido el mismo camino. Conocemos la vida y el momento de su conversión de muchos otros. San Agustín, por ejemplo, después de una vida entregada al vicio y a la búsqueda de la verdad, descubrió al Señor y tras encontrarse con Él, su vida cambió totalmente.

Ahora, el problema eres tú, también yo. ¿Somos consciente de la presencia del Señor y de que algún gesto, milagro o toque del Señor nos deje anonadados, asombrados y nos mueva a dejarlo todo y seguirle? Quizás, sin darnos cuenta ya lo estamos haciendo. No esperemos ni busquemos comparaciones con otros, cada cual es cada cual, y Dios, nuestro Padre, sabe como tratarnos a cada uno y lo que espera de cada uno. No en vano, Él nos ha creado y sabe de nuestras capacidades y posibilidades.

Limitémonos a escucharle, a relacionarnos con Él, a dejarnos buscar por su Amor Misericordioso, y, sobre todo, a ponerlo en el centro de nuestro corazón. El resto vendrá por añadidura, pues su Autoridad y Poder lo pueden – valga la redundancia – todo. Su Gracia es Infinita y nuestros corazones quedarán transformados a su Voluntad, no a la nuestra. Quizás, no sea como tú y yo nos lo imaginamos, pero sí, eso es lo que verdaderamente importa, como quiere el Señor. A nosotros nos toca ponernos en sus manos.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

UN DIOS ENCONTRADIZO

Esa es la diferencia, nuestro Dios es un Dios que sale a nuestro encuentro. No se queda esperándote, es él el que sale a buscarte. Te ha creado sin tu permiso, pero quiere contar contigo para que tu vida eterna sea plena de gozo y felicidad.  Y, como te ha creado libre, con capacidad de elegir, te busca para proponerte su Plan de felicidad eterna.

Porque, el Señor, tu Dios, quiere que seas feliz y, para eso, te busca. Es más, ha enviado a su Hijo para decírtelo, para enseñarte el Camino, la Verdad y la Vida. Quiere que le escuche y que pongas atención a sus Palabras. De ahí que Jesús, nuestro Señor, el Hijo de Dios Vivo, no se quede en un lugar, sino que recorra los caminos para anunciar esa Buena Notica de salvación eterna.

Su anuncio va dirigido a todos aquellos que sienten necesidad, que sufren  enfermedad, tanto material como espiritual, y a todos los que buscan ser sanados. Porque, solos los que escuchan podrán conocerle y, en Él, salvarse. Ahora, ¿dónde te encuentras tú? Eres de los que se dejan encontrar en el Señor, o de los que huyen de su presencia? ¿Eres de los que abren su corazón a su palabra, o de los que lo cierran y se muestran indiferente a ella?

Serás tú quien decidirás donde te encuentras y que camino tomar. Serás tú quien decidirá provocar un encuentro con el Señor, o evitarlo y huir de la escucha de su Palabra. Simplemente, nuestro Dios es un Dios que nos espera y que, no solo nos aguarda sino que sale en nuestra búsqueda. Sobre todo, preferentemente, a aquellos que van descarriado y por caminos de perdición.

martes, 3 de septiembre de 2024

UNA PALABRA LLENA DE AUTORIDAD Y PODER

Eso es lo asombroso, la Palabra de Jesús viene llena de autoridad y poder. Y a todos los que la escuchan los deja asombrados y admirados. Hoy, ya en el siglo XXI, nos seguimos preguntando eso: ¿Qué Palabra es esa que habla con autoridad y poder? ¿De dónde le viene eso a Jesús?

Y nuestra respuesta es, al menos la mía y la de muchos que conozco, incluso virtualmente, la de que Jesús, el Señor, es el Hijo de Dios hecho Hombre. El encarnado en Naturaleza Humana y enviado – por el Padre – a este mundo para anunciarnos el año de Gracia, la salvación eterna gracias a la Misericordia Infinita de nuestro Padre Dios.

Eso sí, también nos cuesta entenderlo, pero no creerlo, por la Gracia de Dios. Porque, la fe es un don de Dios que pedimos y suplicamos recibirlo. Y, llenos de pobreza y santo temor, abrimos nuestros pobres y humildes corazones para que la Gracia de Dios, por la acción del Espíritu Santo, recibido en la hora de nuestro bautismo, nos invada y transforme nuestros corazones.

Y, hoy Señor, te damos gracias por tener esa fe que nos ayuda a, no preguntarnos por esos misterios que no podemos entender, pero sí razones y verdades que sí creemos y podemos razonar y ver evidentes, como esos milagros que a través de la historia prueban y testimonian tu presencia perseverante en nuestros caminos.

Comprobamos a lo largo de los siglos como Tú, Señor, Bien Absoluto, vences al mal. Y aunque siempre ese mal, espíritu inmundo – diablo -  está presente en nuestras vidas y sociedades – guerras, terrorismo, envidias, venganzas… etc. Tú, Señor, terminarás por vencerlos. Esa es nuestra esperanza al comprobar que en todos los corazones de los hombres reina un deseo de hacer el bien. Y ese deseo llegará con tu venida, Señor, al final de los tiempos.

lunes, 2 de septiembre de 2024

DEJA ENTRAR A JESÚS EN TU CORAZÓN. LO DEMÁS VENDRÁ POR SU CUENTA.

Jesús ha venido a revelarnos el Amor Misericordioso de su Padre. Ese es su objetivo principal y, para eso, ha tomado naturaleza humana, para siendo igual a nosotros, menos en el pecado, anunciarnos que Dios es nuestro Padre y que quiere librarnos de las ataduras del pecado, rescatar nuestra dignidad de hijos y compartir su Gloria con todos sus hijos.

Para ello ha enviado a su Hijo, Jesús, nuestro Señor, para anunciárnoslo y entregar su Vida, como valor preciosísimo para el Padre, para el rescate por nuestros pecados. Y éste es el momento de su presentación en su propio pueblo: (Lc 4,16-30): En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para … «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos …

Sin embargo, a pesar de quedar admirados de lo que decía, esperaban que eso signos que había oído que hizo en Cafarnaúm, lo hiciera también en Nazaret. Querían pruebas y signos, lo mismo que sucede hoy. Muchos son los que piden razones, milagros, signos para convencerse, pero esa no es la forma de actuar de Jesús. Él no trata de convencer sino de que tú, como yo, tengamos confianza en Él y nos fiemos de su Palabra.

Jesús no trata de forzarnos ni de convencernos, sino de proponernos que eso que buscamos, que vive y duerme en nuestro corazón – la búsqueda de la felicidad – está en Él. Y de que sólo la podemos conseguir entrando a vivir en Él. Por eso, sabiendo que esa es nuestra finalidad, nos la propone desde su Infinito Amor Misericordioso. Sólo nos pide, como la viuda de Sarepta y el sirio Amán que le dejemos entrar en nuestro corazón. Todo lo demás corresponderá por su cuenta.

domingo, 1 de septiembre de 2024

UNA LUCHA DESDE EL CENTRO DE TU CORAZÓN

No nos contamina lo de afuera, sino lo que viene de dentro. De modo que si mis pensamientos son puros y bien intencionados, mis actos – afuera – serán buenos y cargados de buenas intenciones Sin embargo, si sucede lo contrario, es decir, mis pensamientos son impuros, todo mi ser y obrar será malo y cargado de malas intenciones.

Esa es la máxima que nos da Jesús en el Evangelio de hoy: (Mc 7,1-8.14-15.21-23): … «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

Estamos muy inclinados a intentar darle soluciones a los problemas que están en el exterior dando órdenes precisas o buscando soluciones que resuelvan los problemas aparentemente bastante sencillos. Sin embargo, la cosa se complica cuando, desde dentro de nosotros mismos, tratamos de resolver los problemas mirando nuestra conveniencia e interés. Entonces, los problemas parecen otros y se hacen complejos. Al menos más complejos de lo que realmente son.

Y es que las dificultades y problemas exteriores están muy relacionadas con nuestros pensamientos, actitudes y creencias interiores. Todo se cuece dentro, y nuestros actos exteriores vienen condicionados por los pensamientos que se generan en el epicentro de nuestro corazón.

Porque, según lo que viva en tu corazón será lo que hagas y persigas en tu vida. De modo que tu soberbia, tus deseos de venganzas, de odio, de fornicación, de adulterio, de codicias, de homicidios, de robos, de orgullo, de malicias, de fraudes, de desenfreno, de envidia, de difamación y de frivolidad nacen dentro de tu corazón. Y si logras, claro, con la asistencia del Espíritu Santo, discernir y conducir todos esos deseos y pensamientos, tus actos serán buenos y estarán en consonancia con los que Dios quiere de ti.