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martes, 20 de marzo de 2018

JESÚS: CAMINO, VERDAD Y VIDA

Resultado de imagen de Jn 8,21-30
A lo largo de toda nuestra vida se nos plantea la identidad de Jesús. Ponemos interrogantes y dudas que nunca dan respuestas concretas al misterio de la identidad de Jesús. Preguntar por la identidad de Jesús es, en mi humilde opinión, preguntarnos por la identidad de Dios. ¿Quién es Jesús? Sencillamente, tal y como respondió Pedro: El Hijo del Dios Vivo.

De la misma manera quiero responder yo. No quiero razonar la respuesta ni darle más vuelta. Sé que tengo razones, pero, también sé que hay dudas y misterios que nunca llegaré a entender en este mundo. Sólo, en la presencia del Señor, en el otro, la luz será total. Para entonces ya no tendrás otra opción que la de recibir lo que en este mundo hayas dado por amor gratuito y desinteresado.

Es absurdo querer seguir al Señor desde nuestras simples fuerzas. No podemos ni estamos preparados para ello. Él no corresponde a este mundo, porque, entre otras cosas, es el dueño del mundo. Nosotros sí, somos de este mundo y para ir al otro tendremos que ser llevado por Él. Le necesitamos y nos ponemos en sus Manos. Es verdad que estos momentos de Pasión son momentos difíciles y de tristeza. Son momentos de aparente derrota y de presunta muerte, y el entorno no invita a la alegría ni a la esperanza.

Jesús experimentó esa soledad de quien se queda sólo ante el peligro. Todo permanece en silencio y la oscuridad se apodera del ambiente. Es necesario este paso para que luego, cuando el Señor sea levantado, la Luz vuelve a la Vida y la salvación sea denominador común en la alegría de todos los hombres. Tú, Señor, eres Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que has Resucitado de entre los muertos, y te has aparecido durante cincuenta días a tus amigos, discípulos y fieles.

Y has constituido tu Iglesia. Esa misma Iglesia que hoy, bajo la autoridad que le viene del Espíritu Santo, el Papa Francisco dirige con mano firme hacia tu Casa. Danos, Señor, la fuerza de perseverar, de seguir tus pasos y no desfallecer.

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA PASIÓN DE JESÚS

(Lc 9,43b-45)

Jesús, admirado por sus milagros y palabras no puede ser maniatado ni condenado. Los discípulos eufóricos con Jesús no entienden que le pueda pasar algo, y menos lo que les dice: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».  

Ni se les pasa por la cabeza que pueda ocurrir eso. No llegan a entender que a Jesús, un hombre que hace el bien y obra milagros, le puedan mal tratar y condenar. Incluso, les da miedo preguntarle, pues no quieren enfrentarse con la realidad. Se sienten tan bien con Jesús y no pueden entender que a una persona como Él le pueda ocurrir algo semejante como condenarle. 

Pero, Jesús no les engaña y les dice la verdad, pues Él es precisamente el Camino, la Verdad y la Vida. Y les quiere meter en la cabeza lo que le va a pasar: "Meteos bien esto en la cabeza".  ¿No nos pasa a nosotros lo mismo? ¿No va esta pregunta  también para nosotros? ¿Entendemos la Pasión y Muerte de Jesús? ¿Y entendemos que también nosotros tenemos que añadir a su Pasión la nuestra, para que alcance, por sus méritos, no por los nuestros, valor eterno?

¿Y cuál es mi pasión? ¿Y cuál es mi cruz? Supongo que aquella que no queremos aceptar, la de cada día y la que rechazamos cuando nuestros planes son otros. La que cargamos con nuestras vanidades y egoísmos, adornándolas con nuestras comodidades, pasiones y ambiciones. Se hace difícil entender a Jesús y también compartir su manera de entregarse a la muerte. Pero Él tiene Palabra de Vida Eterna y la ha vencido Resucitando.

Contamos con ventaja. Los apóstoles no la entendían, pero tampoco podían imaginar nada. Nosotros sí, quizás no lo entendamos, pero sabemos, por los apóstoles y la Iglesia que Jesús ha Resucitado.

sábado, 26 de marzo de 2016

HOY ESTAMOS DE LUTO



Hoy vivimos en la esperanza de la Resurrección. Jesús, después de todo lo que nos ha enseñado; después de todo lo que nos ha dicho y amado, hasta el punto de dar su Vida por nosotros, no puede haber desaparecido  para siempre. Quizás deje pasar tres días para darnos tiempo de prepararnos y meditar todo lo que nos ha dicho. Porque en ello está contenido la Resurrección.

En el tiempo que estuvo con nosotros nos llenó el corazón de esperanza. Descubrimos que nuestra meta y objetivo tiene sentido, porque aspiramos a la felicidad y, precisamente, Jesús nos habla de esa felicidad. Nos descubre la locura de Amor de su Padre, y nos revela que, su Padre, nos espera para que, invitados por amor, vivamos en su Casa esa felicidad a la que aspiramos.

Pero, ¡lo asombroso!, es que nos invita, no para unos días o temporada, sino que nos invita para Siempre. Eternamente. Otra de nuestras máximas aspiraciones. Y en esa esperanza vivimos estos días de luto. No un luto triste, resignado y amargo, sino un luto vivo, expectante y esperanzado.

Por eso, unidos a la Madre, María, y el discípulo amado y todos los que en esa esperanza se sostiene nuestra vida, permanecemos a la espera de que el Señor nos responda y nos levante nuestra esperanza haciéndola realidad. En silencio permanecemos en oración meditando sus Palabras.

sábado, 26 de septiembre de 2015

EL RECORRIDO DE MI VIDA

(Lc 9,43b-45)

Jesús está empeñado en descubrir a los apóstoles lo que le va a suceder. Quieren que sepan sobre su Pasión y su Muerte en Jerusalén a manos de los sacerdotes y fariseos, pero ellos no entienden nada y temen preguntarle por miedo al ridículo.

¿No es este pasaje un retrato fiel de lo que nos está sucediendo hoy? No entendemos las cosas que nos ocurren, porque tampoco entendemos lo que le ocurrió a Jesús en su Pasión y Muerte en la Cruz. O, quizás, no queremos entender. 

La Voluntad del Padre fue aceptada libre y voluntariamente por Jesús, pero no sin antes presentarles su suplica de que pasase  ese cáliz y no tuviese que sufrir la Pasión: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea yo como quiero, sino como quieres Tú". En Jesús se unen a la tristeza, un tedio y una angustia mortales.

Igual nos ocurre a nosotros, no entendemos muchas cosas que nos suceden, pero las aceptamos, porque son parte de nuestra cruz y de nuestro camino hacia la salvación. La Cruz es signo, desde la Muerte de Jesús, de salvación. Porque en la Cruz se descubre y manifiesta el verdadero amor. No florece ni puede nacer el verdadero amor en lo cómodo y fácil; ni en los egoísmos y apetencias. Sólo en las dificultades, en las adversidades y en la Cruz florece el único y verdadero amor.

De ahí que en el camino de nuestra vida, nuestra propia pasión, descubramos y compartamos con Jesús, porque en Él se hará Cruz de salvación. 

Pidamos la sabiduría de entender y vivir con verdadero amor nuestro camino de salvación.

domingo, 13 de septiembre de 2015

UNA DESCRIPCIÓN DE NUESTRO CAMINO

(Mc 8,27-35)


La Vida de Jesús es la Vida a imitar. Él es nuestra referencia, nuestro camino y nuestra vida. Con sus mismas Palabras nos lo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Hoy, tras la confesión de Pedro, por la acción del Espíritu Santo, nos hace una semblanza del camino de su Vida. Nos dice:  "El Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días". 

¿No tiene nuestra vida que sufrir y compartir con Cristo nuestra muerte? Muerte que no tiene ningún valor ni precio para poder pagar por nuestro rescate de salvación, pero que en Xto. Jesús, por su Pasión y Muerte, hemos alcanzado la Misericordia de Dios.

Detrás de esa aceptación se esconde tu verdadera respuesta. Eres discípulo y crees en Jesús en la medida que tu vida se hace camino de Cruz. Porque seguir a Jesús es cargar la cruz que a ti te ha tocado vivir, la de tus propios pecados que son lavados al compartir tu muerte humana con la de Jesús, Redentor del mundo.

Seguir a Jesús es pasar ese camino de tu vida en el gozo y la alegría de saberte Resucitado, a pesar de que sufrirás los sufrimientos con los que compartirás la muerte en el Señor. No es el mundo un camino de rosas, sino un camino de cruz que tiene al final la recompensa de la Resurrección y la vida gozosa y eterna.

miércoles, 27 de mayo de 2015

COTAS DE PODER

Marcos 10, 32-45


Hay una tendencia a subir, y superada la cota más alta empezamos a mirar para la siguiente. Ocurre también entre los apóstoles. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, aspiran a subir y estar arriba entre los primeros y, acercándose a Jesús, le dicen: 

Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos». Él les dijo: ¿Qué queréis que os conceda? Ellos le respondieron: Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Ellos le dijeron: Sí, podemos. Jesús les dijo: La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.

No se trata de pedir, ni siquiera ser elegido, sino que se trata de servir y ser el último. Muchos elegidos no responden a la confianza que en ellos se ha depositado. Ahora en tiempos de elecciones tenemos muy fresca esa experiencia, y la corrupción, falsas promesas y mentiras están a la orden del día. Solo los que, fieles a sus promesas, se dedican a servir, serán los que sean elevados a los primeros puestos.

La ambición nos pervierte porque nos empuja a pasar por encima del otro, aun siendo injusto, con tal de conseguir nuestros propios intereses y objetivos. Advertimos que los discípulos no se enteran de lo que Jesús les dice, pues se le acercan para pedirle un lugar en su Gloria sin darse cuenta que Jesús les anuncia su Pasión y Muerte. Están distraídos y pendientes de sí mismos.

Igual nos puede y nos ocurre a nosotros ahora. Estamos más pendiente de los actos de piedad y celebraciones que de lo verdaderamente importante: el servicio por amor. 

martes, 7 de abril de 2015

¿LE CONOCEMOS NOSOTROS?

Juan 20, 11-18


María Magdalena no reconoció al Señor. Su angustia y tristeza por no saber donde está le deprime e irrumpe en llantos. Busca a Jesús entre los muertos, y entre los muertos Jesús no estás. Igual les ocurre a los discípulos de Emaús. Saben de rumores que Jesús no está en el sepulcro, pero no escuchan, porque ellos lo consideran muerto. 

Tanto María Magdalena como las discípulos de Emaús perciben la presencia de Jesús en el momento que Jesús les hace un gesto reconocible. Significa eso que la fe nos la da Dios cuando enciende en nosotros la luz que nos alumbra su presencia. María Magdalena se da cuenta al oír su nombre de la boca de Jesús, y los discípulos cuando parte el pan.

¿Y nosotros? Cuando nos damos cuenta nosotros de su presencia. ¿Dónde le buscamos? ¿En el ayer de la historia de su Pasión y Muerte? ¿O le buscamos en el Jesús de hoy Resucitado? Dependerá de dónde le busquemos, el encontrarnos con Jesús. Porque Jesús vive entre nosotros, y se nos manifiesta en el vivir de cada día. 

En nuestras vivencias familiares, laborales, profesionales, sociales, de ocio...etc. En nuestras relaciones personales y comunitarias; en nuestra labor pastoral de iglesia y en la comunidad. Jesús está presente en nuestra vida las veinticuatro hora, y quizás somos nosotros los que no nos damos cuenta de su presencia. Jesús vive y atiende nuestras peticiones. Somos nosotros los que debemos confiar con esperanza sus respuestas, y estar atento a lo que nos dice.

El amor es eterno, porque cuando amamos lo hacemos pensando que es para siempre. En el matrimonio decimos para siempre, hasta que la muerte nos separe. Pero Jesús nos habla de eternidad, para siempre, siempre. Y es que en nuestro corazón sentimos esa necesidad y ese deseo, de eternidad. No busquemos en el ayer, olor de sepulcro, sino en el presente, alegría de Resurrección. Y abramos los ojos a los gestos del Señor, porque cuando lo buscamos entre los vivos lo encontramos.

Busquemos, pues, en la vida, en el servicio a los demás, en la justicia, en la solidaridad, en la entrega, en el compartir, en la verdad y en el amor. Ahí descubriremos un Jesús Vivo a cada instante, lleno de Luz y Resplandor, como en el Tabor, y abriéndonos los brazos para invitarnos también a nosotros a la Vida plena y dichosa eternamente.

lunes, 11 de agosto de 2014

UN DÍA CON JESÚS

(Mt 17,22-27)

Sería hermoso pasar un día con Jesús. Me refiero a esos días cuando Él estaba físicamente con los contemporáneos de su tiempo, de forma especial con sus apóstoles. ¡Cuántas cosas interesantes oír de los labios de Jesús! Imagino que el tiempo se nos iría sin darnos cuenta. Sin embargo, da la sensación que no le hemos encontrado, porque también ahora, Él sigue con nosotros, y, sin embargo, parece que nos cuesta bastante pasar largos ratos con Él.

El Evangelista Mateo nos habla de un día de aquellos que Jesús pasaba con sus discípulos y de su familiaridad y confianza al descubrirle su Pasión: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Sorprendente revelación que les dejaría sin sentido, pero también esperanzada, porque, aunque no entiendas nada, escuchar al final que resucitará da esperanza, paz y mucha alegría.

Pues la Resurrección es el fundamento de nuestra fe. Y ahí quiero centrar mi humilde reflexión de hoy. ¡Claro que me duele el sufrimiento del Señor! ¡Claro!, y muchas veces me he estremecido cuando rezo los misterios dolorosos, pero no cabe ninguna duda que la gran esperanza y la mayor alegría es que el Señor sigue y continúa con nosotros porque ha Resucitado. Indudablemente que no seguiríamos a alguien que hubiese muerto, porque por muy bien testimonio y obras que hubiese dejado, ya no estaría vivo. 

Jesús ha resucitado, y Jesús, en el Espíritu de Dios, continúa su labor a través de cada uno de nosotros. Él está en medio de todos aquellos que se reúnen en su Nombre; Él está junto a todos aquellos que tratan de, cumpliendo las normas de este mundo, que las leyes sean más solidarias y justas por amor; Él está pendiente de cada uno de nosotros y sabe de nuestras necesidades y obligaciones.

Pero, Él es el Señor, y ha entregado su Vida por salvar la nuestra. ¡Y ha Resucitado, y eso significa que Vive y sigue, cada día, viviendo entre nosotros y hablando con nosotros. Abramos nuestros corazones porque cada día también nosotros podemos pasarlo con el Señor.