lunes, 6 de octubre de 2008

QUIENES FORMAN LOS PUEBLOS









En el camino de nuestra propia educación se nos dice que la familia, comunidad de amor abierta a la vida, está apoyada en nuestra propia razón social y de relación. Es decir, la base de la formación de los pueblos son las familias.

No necesitamos mucho que pensar para comprender que, al margen de lo que nos digan, es verdad tal sentencia, y hasta podemos formular nuestro propio silogismo:

“Si la persona pertenece y nace en la familia,
Y los pueblos los forman muchas personas,
las familias, unas juntas a otras, forman los pueblos”.

No hay ninguna duda, sólo por motivos de guión, he empezado esta reflexión dejando como una señal la referencia del sustento y pilar fundamental de quien compone los pueblos. En esta yuxtaposición familiar, pronto nacen problemas como origen de la convivencia entre las mismas. Hay que educar a los hijos, hay que vigilarlos, hay que darles de comer, hay que ganarse el sustento, ¿cómo y qué hacer?

Y se funda el origen del Ayuntamiento, gobierno y cuidado de la comunidad formada por las familias. Y así llegamos al Gobierno, tan complejo hoy, de Comunidades, Municipios, Estado…etc. Y ahora en esta carrera tan vertiginosa y compleja se diluyen la raíz para lo que fueron creadas tales instituciones. Llegamos a una verdad: “sólo en nuestros propios orígenes encontraremos respuestas en el horizonte de nuestras preguntas”.

Responder a nuestros problemas y dar respuesta a nuestro verdadero camino es mirar a nuestro pasado e indagar la razón de los problemas qué y por qué se fueron planteando en cada momento de nuestra propia historia y cuales fueron nuestra respuestas a los mismos.

Hoy surgen nuevos problemas, los que nos pertenecen a nuestro tiempo y en nuestro propio camino, y desde nuestros orígenes debemos responder a los mismos. La verdad hay que buscarla en la razones y comportamientos de nuestros abuelos: su concepción del amor, su respeto a la libertad, su autoridad en la familia, sus diferentes roles familiares… etc., sin descartar ni perder de vista que es un camino de perfección donde a nosotros hoy nos toca poner y cribar el mal transmitido y el bien común percibido y alumbrado por el tiempo, la experiencia y la ley natural. Permítame decir que para un creyente, yo lo soy, contamos con la asistencia del ESPÍRITU SANTO que nos asiste e ilumina el camino hacia nuestro propio bien.

Sin embargo, no quiero sólo apoyarme en mi fe, sino en, para los que no creen, la razón. Toda persona de buen gusto se precia de elegir el bien; les revela que lo bueno está barnizado por la verdad, el respeto y la justicia, y eso sólo se consigue con la libertad de buscar la verdad y el bien común.

Y, indudablemente, llegar a eso exige esfuerzo, renuncia y sacrificio. El otro camino: lo fácil, lo apetecible, lo que me gusta, lo cómodo no es, casi nunca, lo correcto. Lo corriente, en muchas ocasiones, no es lo normal. Por lo tanto, se hace necesario y así está recogido en el sentir y en nuestra Constitución que la comunidad política tiene el deber de honrar a la familia, asistirla y asegurarle especialmente:

la libertad de fundarle un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas;

La protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar;

La libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y las instituciones necesarios;

el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una vivienda, el derecho a emigrar.

conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares;

la protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc.;

la libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas ante las autoridades civiles.

Para un creyente, yo lo soy, el cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado “PADRE nuestro”.

Así, nuestras relaciones con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no es un “individuo”, (cosa), de la colectividad humana; es “alguien”, (persona), que por sus orígenes, siempre “próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares.

Las comunidades humanas están compuestas de personas. Gobernarlas bien no puede limitarse simplemente a garantizar los derechos y el cumplimiento de deberes, como tampoco a la sola fidelidad a los compromisos. Las justas relaciones entre patronos y empleados, gobernantes y ciudadanos, suponen la benevolencia natural conforme a la dignidad de personas humanas deseosas de justicia y fraternidad.

Y esto es lo que debemos, los ciudadanos que anhelamos el bien común, exigir y analizar en los programas electorales. Primero que se comprometan a ello; segundo que luego los cumplan, pues lo primero sin lo segundo sería engañarnos y aumentar el libertinaje y la irresponsabilidad.

Y para ello, debemos de renunciar toda tentación de soborno: fiestas, ayudas hipócritas y artificiales y sólo para algunos, mejoras intrascendentes, no prioritarias, y huir de resuelto mi problema que los demás arreglen el suyo. Tenemos y debemos ir juntos y solidarios, pues arreglar el problema del otro es también arreglar mi problema.

Somos seres relacionados y sí tu problema está arreglado, el mío saldrá beneficiado. Juntos saldremos todos mejorados, pero si mis hijos tienen su problema resuelto y no me preocupo por los demás, tarde o temprano entrará en contacto con los que no lo tienen y, el problema está servido. Saldremos todos perjudicados. Es lo que está pasando con los países del tercer mundo. El egoísmo de los ricos está cayendo sobre ellos mismos y todos salimos salpicados. Nuestras tierras son invadidas por los que buscan un horizonte más esperanzador. Sus problemas nos incomodan, nos molestan, nos exigen lo que hace mucho tiempo no quisimos darles; nos reclaman sus derechos a compartir un mundo mejor para todos. Siempre sus problemas deberían haber sido nuestros problemas.

Y ahora debemos tomar conciencia y preguntarnos: ¿vamos a seguir igual?; ¿esperamos que otros solucionen nuestros problemas?; ¿arrimamos el hombro? ¿cómo?

Creo que no hay soluciones rápidas ni completas; se trata de empezar a participar; a hablar y a ponernos de acuerdo para luego pasar a denunciar y exigir con, simplemente, nuestro voto. Al parecer, no es muy difícil y sí. Se trata de ponernos de acuerdo llenando nuestros ambientes de afirmaciones con valores, con verdades, con justicias, con sinceridad, con solidaridad, con respeto y libertad.

Eso sí, con capacidad de sacrificio y lucha. No se trata de mi problema y, resuelto, me voy a casa. Se trata también del tuyo. Así las cosas todo empezaría a cambiar como por arte de magia, porque los amigos del poder, sí quieren permanecer en él tendrían que escuchar la voz del voto ahora y, mañana, ellos mismos estarían contagiados por el buen gusto de hacer las cosas por el bien común.

AL DESPERTAR DE CADA DÍA


En el silencio de este día que nace vengo a pedirte: paz, sabiduría y fortaleza.
La Paz que proviene de TI, mi SEÑOR. La Paz que es producto de no ser yo, sino TÚ que habitas en mí. La Paz de no buscarme, ni engreírme, ni auto valorarme, ni sentirme suficiente, ni meritorio, ni con una buena hoja de servicio, sino la Paz de saberme tu hijo.

Sabiduría para servirte y caminar por el camino que TÚ me indicas, sin reclamaciones, sin cobardías, sin titubeos, sin dudas, sin condiciones, sin medias tintas, sin tristezas, sin enfados, sin regañadientes, sólo porque TÚ, mi SEÑOR, me lo mandas y de TI me fío.

Fortaleza, porque dándome es como únicamente puedo sentirme creyente y seguro. Mi fe se fortalecerá en la medida que me vaya dando a los demás: en la familia; en el trabajo; entre los amigos; en el grupo; en la comunidad; entre los necesitados; entre los enemigos, porque si soy capaz de amar y perdonar es señal de que TÚ, mi SEÑOR, estás detrás de mí.

Quisiera, lleno de paz, sabiduría y fortaleza ver el mundo con los ojos llenos de amor: ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Porque sólo de esa manera seré capaz de esperar, comprender, servir, tener serenidad y buscar la verdad.

Quisiera ver a los demás como los ves TÚ, mi SEÑOR, para poder así apreciar la bondad de cada uno, porque siendo tus hijos tendrán muchas cosas buenas ya que TÚ ,mi SEÑOR, nada malo puedes hacer.

Cierra mis oídos a toda murmuración; guarda mi lengua de toda maledicencia, que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendigan; que construyan; que unan; que edifiquen; que animen; que compartan.

Quiero ser tan bien intencionado y justo para que todos aquellos que se acerquen a mí sientan tu presencia. Como Juan, tu primo, que sólo te vean a TI y que yo mengüe y desaparezca. Quisiera ser instrumento útil y fructífero que irradie tu Luz y contagie por donde quiera que vaya.

Y que en todos los actos de mi vivir cotidiano, revestido de tu Bondad, sea capaz de reflejarte y de transparentar la mayor dignidad de sentirme hijo TUYO.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!

lunes, 22 de septiembre de 2008

METANOIA

Nuestra Señora de los Dolores
Todo lo que hacemos no supone estar seriamente responsabilizado y comprometido. Hay muchas cosas que hacemos de forma inconsciente o, simplemente, por interés. También, hay cosas que hacemos porque estamos delante de otros que nos ven y por vergüenza o timidez procedemos a hacerlas.

Lo verdaderamente importante es lo que hacemos cuando estamos solos y cuando sabemos que nadie nos mira. Es cuando lo que sale de nuestro corazón es auténticamente genuino y auténtico. Esa es nuestra realidad y nuestra verdad.

Mientras nos encontramos con nosotros mismos vamos peregrinando por nuestra vida actuando de forma diversas según las circunstancias y los compromisos, pero nunca realmente como verdaderamente somos y, por consiguiente, de acuerdo con la vocación para la que hemos sido creados. Se hace, pues, necesario encontrarse y verse realmente por dentro: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? Y ¿a dónde me dirijo?

Así las cosas, nuestros ideales están inmersos en el mundo en que vivimos: salud – dinero – amor. Todo está impregnado de cierto barniz materializado que esconde todo atisbo espiritual y ahoga nuestros sentimientos más edificante y espirituales.

Y, de acuerdo con ellos, nuestros actos van encaminados a darles satisfacción y a proveernos de felicidad. De esta forma y sin darnos mucha cuenta nos vamos esclavizando por los instintos materiales que dominan nuestro pensar y sentir. Y acabamos pensando de acuerdo como vivimos.

Sin embargo, a pesar de todo ello, el hombre piensa diferente y se enfrenta a la lucha de vivir según piensa, y en su pensamiento lleva el sello de estar llamado a ser plenamente feliz y a una trascendencia que está por encima de él. Toda su vida va a luchar, aun sin saberlo en muchos casos, por alcanzar esta meta.

Y, es por eso, por lo que se hacen muchas cosas que no sabemos ni y por qué las hacemos. Actuamos irresponsablemente, movidos muchas veces por actos instintivos y sentimientos escondidos en lo más profundo de nuestro corazón que no sacamos a flote porque, quizás, nos da miedo.

Nos da miedo hacernos la pregunta: ¿quién soy? Y ¿para qué estoy?, y mucho más aun esforzarnos en respondernos. Sólo, entonces, nos queda un camino: seguir caminando de forma alocada e irresponsable. Y de esta forma se explican muchas cosas que, de otra manera, no se pueden explicar.

En mi reflexión trato de responderme cuales son las causas últimas de mi proceder y actuar. Por qué me acerco y hago acto de presencia. ¿Para qué voy a la comida sí luego no participo? ¿Por qué hago la travesía sí después, durante todo el año, no la conozco, ni trato de intimar con ella? ¿Cómo y por qué le pido sí después hago lo que me parece?

¿Me he formado un camino a mi manera y lo recorro según mis conveniencias e interese? La sensación parece ser esa. Pero también parece más autentico quedarse al margen cuando no se cree. Creo que es más coherente. Concluyo percibiendo que hay mucha mediocridad y mucho mimetismo. Hacemos lo que vemos hacer sin más y eso nos aliena y nos impersonaliza.

Nuestra respuesta queda vacía y sin contenido. Y responderemos justificando que los demás hacían lo mismo, pero eso nunca justificará nuestro proceder. En estos contenidos creo que está mucha verdad del actuar de las masas, porque nos convertimos en ella cuando actuamos así.

Así, cada año, se repetirán las ingentes romerías hacia los santuarios marianos o apostólicos. Los caminos se llenan de peregrinos que aparentan una cristiandad que no reviste solidez ni seriedad. Es sólo fruto de sentimientos transmitidos por costumbres al socaire del divertimento y la distracción, revestido de una ligera capa de cierta tradición religiosa.

Y eso explica que, al igual que Semana Santa, que mañana, al día siguiente, todo siga igual: abortos, explotación, eutanasia, divorcios, atropellos, robos, asesinatos, sexualidad corrupta, y un largo rosario de pecados que instauran el mal en el mundo. Un mal no creado por DIOS, nada malo puede ser creado por DIOS, sino un mal que existe, no por creación, sino como consecuencia del pecado del hombre.

Al elegir mal, sin el concurso de DIOS, el hombre se confunde y se pierde en la ignorancia. Ignorancia de creerse que puede alcanzar sus satisfacciones y deseos, pero que pronto se da cuenta que nada de lo que vaya logrando le satisface plenamente. A través de muchos kilómetros recorrido sólo hay cansancio y desánimo sí el camino se hace sólo.

En el acompañamiento del PADRE BUENO es donde únicamente recobra sentido el recorrido. Y para acompañar antes hay que encontrarse, intimar y emprender el camino juntos.

No se corresponde, pues, la gran cantidad de personas, que salarían el mundo, con las actitudes que testimonia nuestra Madre la Virgen de los Dolores. El camino no se recorre por el lugar adecuado.

domingo, 14 de septiembre de 2008

DESAYUNOS DE VERANO






puesta de sol - Risco de Famara




Los veranos alteran el ritmo de la vida normal que nos imponemos durante casi todo el año. ¡Nos imponemos!, porque nos dejamos arrastrar por la corriente de lo que vemos en los demás, y de acuerdo conforme la corriente humana va recorriendo su trayecto hacia la búsqueda de la felicidad, porque en el fondo todos buscamos la felicidad. Así todos, integrados en esa corriente, buscamos en similar trayecto lo mismo.

Pero no toda corriente es buena. Las hay dañinas y malas, pues todo lo corriente no es lo normal. Lo normal es lo bien hecho; lo que es bueno para ti y para mí; lo que no nos destruye, sino nos afirma. No dónde va la gente debe ir Vicente, porque Vicente puede elegir un mal camino y…,

Hoy precisamente hay muchos caminos equivocados y son más los que los siguen que los qué no. El hombre del progreso que fundamenta todo su saber en la ciencia y los adelantos y se erige en fundamento de sí mismo, equivoca su camino, pues se pierde en el discernimiento del bien o del mal. Lo descubierto debe estar en función del bien común, pero comprobamos que no siempre es así y a mayor progreso, mayor riesgo de destrucción también.


Por otro lado, en las postrimerías de su vida, no encuentra respuesta a la muerte. Y sí todo acaba en ella, no tiene mucho sentido nuestro camino.

Y no es que eso sea malo, sino que lo que nos debe importar es si eso es bueno. Bueno en el sentido estricto de la palabra, porque bueno significa todo aquello que comporta un bien para mí y no un mal para otro. Y ese bien entendido como lo que me ayuda a crecer tanto físicamente como espiritualmente.

Aunque el comer se hace necesario, no es un bien el comer más de lo que necesitas, ni de forma desordenada. Tampoco es un bien tomar sustancias que son nocivas y a la larga afectan mortalmente tu salud. No es, tampoco, hacer lo que te apetece, pues tomar demasiado sol, aún apeteciéndonos, no es aconsejable. Y así cada cual puede y debe desenmascarar los bienes que su conciencia le atestigua y aprueba.

Y esto en realidad está muy relacionado, implícitamente contenido lo uno en lo otro, diría yo, con la libertad. Bondad y libertad se dan la mano, y eres libre en la medida que haces el bien, el tuyo propio, y el de los demás. Claro, porque como quieres tú que te traten a ti, así debes tú tratar a los demás. Inmediatamente tu conciencia da testimonio de ello y lo aprueba.

Pero ocurre que cuando tu voluntad no lo hace, tu conciencia lo desaprueba. La conciencia no hace ni deshace nada, sólo aprueba lo que tu voluntad pone en acción según tu libertad. Y si decides hacer el bien haces lo que realmente te conduce a ser libre.

No hay bien sin verdad, porque la verdad es buscar lo que es verdadero y bueno para todos. Luego, ser libre es buscar y poner toda mi voluntad en hacer el bien. Y estas reflexiones son la maravilla que nos brinda el verano.

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita ninguna otra.

En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio (muy propio del tiempo veraniego); la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida.

Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar (Spe Salvi).

Aprovechar el tiempo, del cual disponemos algo más en verano, para ordenar un poco más nuestra vida es algo único que debemos ejercitarnos al calor de estos formidables desayunos, que deberían ser mucho más frecuentes.



Un atardecer en Risco de Famara


El verano, aparte de ser un tiempo para relajarse y descansar, debe ser una gran oportunidad para pararnos un poco más detenidamente en nuestras vidas y buscar las respuestas a las preguntas que todos nos hacemos, así sea en silencio. Porque puede ocurrirnos que, y lo sabemos, todos los veranos hacemos lo mismo, los repetimos, son iguales y la vida se nos pasa quedándonos cada vez un vacío mayor.

Se hace necesario, y lo percibimos en nuestro interior, de una renovación. De hecho hacemos cosas diferentes: caminamos, nos ejercitamos en cuidarnos más, tratamos de relajarnos y descansar de lo cotidiano del año trascurrido y…etc., pero, ¿cuidamos también nuestro espíritu?, ¿respondemos a los interrogantes que nos plantea la vida?



Y es que nuestra vida puede ser como un viaje en autobús:
unos van durmiendo
otros viendo el vídeo
otros pensando en la manera de sacar dinero
otros, políticos, como llevar la voz cantante para su provecho
otros mirando a quien se pueden ligar, su dios es el sexo
otros observan el paisaje, ven por donde van y se hacen las preguntas:
¿a dónde nos llevará este viaje?
¿quién lo ha organizado?
¿cuándo se pare, dónde estaremos?
¡qué pasará?

El verano es tiempo de discernir sobre mi propia realidad: ¿de dónde vengo?; ¿a dónde voy?; ¿quién soy? Y en la medida que nos esforcemos en responder, estaremos dando en el centro del dardo, pues responder a esas preguntas es encontrarse frente a frente con la felicidad, tan ansiosamente buscada.

Porque la felicidad es poseer la sabiduría.
La felicidad es control de la propia vida.
La felicidad es la satisfacción de haberse hecho lo correcto, aún con sufrimiento.
La felicidad es la satisfacción de que se ha cumplido con el deber.

La playa, los baños de sol, los paseos matinales y vespertinos, los juegos, el descanso, así como los desayunos y comidas deben ser el telón y decorados de un profundo diálogo sobre nuestro destino y vocación.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LEVANTA DEL POLVO AL DESVALIDO


¡Aleluya!
Alabad, siervos del SEÑOR,
alabad el nombre del SEÑOR.
Bendito sea el nombre del SEÑOR,
ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del SEÑOR.

El SEÑOR se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.

¿Quien como el SEÑOR, DIOS nuestro,
que se eleva en su trono,

y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
¡Aleluya!


Bendecir significa decir-bien, hablar bien de una persona, alabarle, rendirle honores. Yo quiero bendecir al SEÑOR. Nadie me ha tratado como ÉL. Nadie me ha favorecido como ÉL. Por eso la alabanza me brota del corazón.


Pero yo, SEÑOR, no quiero alabarte a ratos, de una manera intermitente. TÚ mereces una alabanza continua. Para eso necesito poner mi alabanza en el corazón. El corazón siempre está activo, siempre golpea: de día y de noche.


Haz que cada latido de mi corazón sea un acto de adoración y glorificación. Y esto aunque yo esté distraído o dormido. Yo duermo, pero mi corazón está en vela. Pero, ¿y cuando yo muera? Cesará el corazón de latir, pero no de amar. Cesará el corazón de golpear, pero no de alabar. Mi alabanza continúa a; hora y por siempre.


SEÑOR, yo quiero darte gracias por ser como eres. Eres, al mismo tiempo, alto y bajo; grande y pequeño; te elevas y te abajas. TÚ eres grande para engrandecernos; eres rico para enriquecernos; eres alto, para enaltecernos. Todo lo que tienes es para darlo.


Reconozco, SEÑOR, que me gusta subir, ocupar los primeros puestos, estar en el candelero, sentir la admiración de todos.


Haz que aprenda a bajar, a sentirme cómodo con los demás, a no ser más que nadie, a ponerme al nivel de los más humildes.


Estéril no es sólo la mujer infecunda. Estéril es toda persona que no se realiza; que se siente vacía y decepcionada; que palpa día a día su frustración.


Yo, SEÑOR, te ruego por todas esas personas. Haz que cada una de ellas descubra su tarea, su misión en la vida, su puesto en la gran casa del mundo.


Haz que cada uno de nosotros nos sintamos centrados en nuestra vida personal, familiar y social. Haz que vivamos contentos con nosotros mismos. Y, sobre todo, haz que nuestras vidas te sean agradables a ti, SEÑOR.


"Sólo quien ama de verdad a DIOS no se acuerda de sí mismo" (San Gregorio Magno).


"Puedes salvarte sin la virginidad, pero no sin la humildad. Puede agradar la humildad que llora la virginidad perdida; más sin humildad (me atrevo a decirlo), ni aún la virginidad de María hubiera agradada a DIOS" (San Bernardo).


"Me expongo a decir un despropósito, pero lo digo: el SEÑOR ama tanto la humildad que, a veces, permite pecados graves. ¿Para qué? Para que aquellos que han cometido estos pecados, después de arrepentidos, se mantengan humildes" (Juan Pablo I, Aloc, 6-09-78).


PREGUNTAS para la reflexión:

DIOS es condescendiente. ¿Sé yo ponerme al nivel de las personas que están debajo de mí?


En mi grupo cristiano, ¿vivimos a gusto? ¿Nos servimos unos a otros por amor? ¿Sabemos estar más cerca de los más pequeños?


En el mundo hay mucha gente que le encanta ser más que los demás. Como cristiano, ¿me gusta ponerme al lado de los más pobres, menos dotados, más indefensos?


Del tomo 5, SALMO 113 de "CANTEN AL SEÑOR UN CANTO NUEVO".


miércoles, 6 de agosto de 2008

A TI, SEÑOR, LEVANTO MI ALMA


Muchas veces, SEÑOR, me siento hundido y aplastado por el peso de la existencia. Me siento solo y sin ganas de luchar. Pierdo el sentido de mi vida. Tengo el alma por los suelos.



Pero hoy quiero alzar los ojos hacia TI y pedir tu gracia para levantarme. Nos has hecho para estar en pie y no te gusta vernos caídos. Quieres que caminemos y vayamos por la vida con la cabeza alta. Yo quiero levantar mi alma a TI, quiero elevar hasta TI mi razón, mi corazón, mis sentimientos y lo más íntimo de mi ser.



Muchas veces en la vida he fijado mi vista en mí y no en TI. Te pido cambiar, pero quiero hacerlo desde mí y no entregándome a TI. Es la batalla perdida porque arranco desde mis proyectos y mis ideas, y las TUYAS son distintas a las de este mundo donde yo quiero triunfar, vivir bien y tener mis seguridades. ¡Qué distintos somos SEÑOR! Por eso me cuesta seguirte y dejar que TÚ me ayudes.



He mirado mi debilidad, mi pecado, mi miseria... y he sentido asco de mí mismo. Todavía, aún sintiéndome perdonado, siento repugnancia y vergüenza de mis pecados. Experimento el perdón, pero me cuesta perdonarme yo mismo. Pero hoy quiero cambiar de actitud. Quiero mirarme en TI. Mirar tu bondad, tu ternura, tu fidelidad.



Yo soy arena y TÚ eres el Mar. Yo soy la escarcha y TÚ eres el Sol. Déjame abrazar por el sol de tu amor. Déjame inundar por el mar de tu misericordia. No te pido, SEÑOR, que cambies. Te pido que sigas el mismo, que no te olvides, que recuerdes lo que eres: Amor estable, Misericordia infinita.



En esta vida humana abunda el fraude, la mentira, el engaño, la decepción. Pero TÚ eres la Verdad. Por eso nunca engañas, nunca defraudas, nunca decepcionas. El que camina contigo siempre sabe adonde va. Tenemos que reconocer,SEÑOR, que las mejores horas de la vida las hemos pasado contigo. Las mejores ideas, los más lindos proyectos, los hemos acunado en tu presencia.



Estando a tu lado, la vida tiene otro color: TÚ eres la Luz y la esperanza de un mundo mejor y pleno de felicidad. Estando a tu lado, la vida tiene otro sabor: TÚ eres la sal y el mundo experimentado y vivido contigo sabe gozoso, condimentado, salado.
Del libro "Canten al SEÑOR un canto nuevo" de Raúl Romero López.

domingo, 27 de julio de 2008

LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO (II)







Celebrado el perdón como lo celebra el PADRE recobramos todo nuestro sentido y la vida renace de nuevo en nosotros. Un hombre puede hundirse más profundamente en el pecado que otro, pero en el momento que nos desviamos de DIOS, somos ya completamente malos. ¡Ojo!, lo peor de esta historia no es el sufrimiento y el dolor; lo peor es que ese sufrimiento y dolor nos haga más malo y nos pierda en la soberbia y el orgullo. Hay ejemplos donde podemos mirarnos en una u otra actitud. Judas, Pedro, Magdalena... etc.

La maravilla de nuestra voluntad es activar nuestra libertad para realizar nuestro bien: "el retorno a la Casa del PADRE. Ese es nuestro camino y nuestro, aún siendo regalo, mérito de colaboración con el ESPÍRITU. Y ese no fue el camino elegido por su otro hermano. Como observamos poco se habla de él en la parábola y nada, o casi nada, se deja ver en el primer vídeo y completamente nada en este segundo.

Sin embargo, la parábola queda abierta a la posible entrada del segundo hermano. Acaba de llegar uno, pero resulta que ahora el otro se tambalea y está fuera. Por qué? ¿Que ha pasado con su total obediencia al PADRE? ¿Qué ocurre para que ahora ponga en duda la Palabra de su PADRE y por el fruto prohibido se incline a creer más en el diablo? Al parecer el diablo era más amigo para él que su PADRE, pues tenía más confianza en la palabra de satanás que en la que su PADRE le había dicho.

Satanás es mentiroso desde el principio. Invita a una felicidad ficticia y edificada en arena que sucumbe en las primeras tormentas y contratiempos. Las historias reflejadas en las parábolas son las historias de muchos de nosotros. Habrá muchos matices diferentes y otros caminos, pero el resultado viene a ser el mismo. Sólo en la casa de nuestro PADRE estaremos feliz. Se hace, pues, necesario la Cruz de CRISTO para manifestarlo y, así, entenderlo como apreciamos al final de las parábolas.

El deseo de ser mi propio maestro termina por transformarme en mi propio esclavo. Es la cultura que se quiere implantar ahora: "el hombre por el hombre como dueño y señor de su propio destino". Deseamos nuestra libertad y perdemos nuestra dignidad equiparándonos a los animales: aborto - eutanasia - droga - hedonismo - materialismo - corrupción - consumismo... etc; ya estamos poniéndonos a su misma altura: "proyecto simio". De ser el dueño y señor de la creación y estar todo sometido a y para nuestro bien, nos sometemos nosotros a la esclavitud del mundo creado. Ya no deseamos ser felices, sino que nos contentamos sólo con llenar nuestro estomago. Nuestros deseos han quedado igualados al de los animales.

Volver en sí es despertar y darme cuenta que estoy llamado a metas superiores; es despertar y comprender que he sido creado para alcanzar la plena felicidad que late dentro de mí. Es despertar y entender que tengo un PADRE que me llama y me promete saciarme de todo lo que anhelo. Es salir de mí mismo y dar un giro en mi camino que me permita sentir la experiencia de experimentarme salvado.

Y no significa que tengo que llegar a cuidar cerdos para experimentar mi propio encuentro, también me puede pasar a mí instalado a la entrada del atrio sagrado o acomodado en mis propios pensamientos y reclinado en la Casa de mi PADRE. ¿Cual es la actitud de mi hermano? Obediente, solícito y cumplidor no se planteaba otra cosa que obedecer los mandatos del PADRE. Satisfecho de su propia conducta, el hermano mayor, cegado por su propio ego de buen hijo, sólo se ocupa de cosas que están fuera del él mismo: sus obras, sus placeres, sus asuntos, su familia, más él no encuentra las horas de silencio necesarias para su examen personal, ni la valentía para considerar la condición de su alma.

Se enoja y no quiere participar de la alegría. Se niega a entrar. Aplica su propia justicia humana; la propia de nuestro corazón natural; la del publicano; la de Caín. Terrible obstáculo para la salvación. Se excluye a si mismo del gozo reinante en la Casa del PADRE, porque él quería estar allí, no a causa del amor del PADRE, sino a causa de su propia conducta, de su obediencia y de sus obras; de su propia prepotencia y suficiencia.

Le molesta que el PADRE perdone y sea misericordioso. Sólo se justifica por sus obras y sus hechos comparándolos con los de su hermano: yo que siempre te he obedecido sin haber traspasado jamás tu mandamiento y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos. Aquel que se justifica a si mismo razona de esta manera. El cielo es sólo para personas como yo; es menester ganar el cielo por las buenas obras. Para él es absurdo pensar que las personas más viles pudiesen entrar allí sin buenas obras, sólo por el simple hecho de haber creído y arrepentirse, ejemplo del buen ladrón. Más la justicia de DIOS no discurre de ese modo, pues conoce nuestra naturaleza y nos sabe necesitados de su perdón.

Esperamos llenarnos de humildad y pedir la sabiduría, como Salomón, para encontrar el camino de volver en sí y dar los pasos en la luz del PADRE para entrar llenos de gozo en su Casa.