viernes, 28 de junio de 2019

APRENDER A SER OVEJA

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Lc 15,3-7
El término de la palabra oveja no significa, en sentido peyorativo, obedecer a ciega sino todo lo contrario, ir de la mano de quien le lleva por buen camino y obedece su voz y su guia. Aquel que sabe que lo que le ofrece su Pastor es lo mejor y lo que más le conviene. Ser oveja en la confianza que el Pastor le guía hacia abundantes  y buenos pastos. Ser oveja confiada en los cuidados y orientaciones de su Buen Pastor.

No es fácil comportarse como oveja y obedecer, sobre todo, si no se tiene la suficiente confianza en el pastor. Se necesita fiarse y abandonarse en las manos de ese buen pastor. Y no todos los pastores son dignos y merecedores de confianza. Ese es el problema que se nos plantea en el mundo en que vivimos. Siempre estaremos a merced de las directrices y orientaciones que nos den los pastores que encontramos en el camino de nuestras vidas. Y esos pastores son limitados y cometen errores.

Sin embargo, hay un Buen Pastor que nunca nos fallará y que siempre estará pendiente de nuestra llamada y de nuestros cuidados. Ese es el Buen Pastor que nunca debe faltar y al que siempre debemos y podemos recurrir. Es el único Pastor que verdaderamente nos quiere, nos cuida y da su Vida por nosotros.  Es ese el Buen Pastor al que debemos de obedecer y del que nunca debemos separarnos.

Ese es el Buen Pastor en el que debemos poner toda nuestra confianza y obediencia, porque su Palabra y su Camino son de Vida Eterna. Considerarme oveja perdida y desorientada me da la oportunidad de estar atento y vigilante a la voz del Buen Pastor y estar presto a su obediencia. Es esa la reflexión a la que el Evangelio de hoy nos llama, a ver cual es nuestra situación de oveja. Oveja perdida que no se deja encontrar por su Pastor, u oveja que, oyendo la voz de su Pastor responde y se deja rescatar y salvar por Él.

jueves, 27 de junio de 2019

PODEMOS ESTAR ENGAÑADOS

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Mt 7,21-29
No es cuestión de cumplir sino de vivir en la Voluntad del Señor. Por lo tanto, no se trata de amar, sino de amar como el Señor nos ha enseñado, con su Vida, Ejemplos y Obras. Porque, podemos hacer muchas cosas que estén bien, pero, quizás, no como quiere el Señor. Porque, podemos amar como creemos que debemos amar, pero no como el Señor quiere que amemos. Porque, todo lo que hagamos si no es hecho según la Voluntad del Señor y abandonados en sus Manos, es obra nuestra. Y nuestras obras son obras de hombres. Hombres imperfectos y humanos que se equivocan y meten la pata. Sólo Dios hace las cosas bien hechas, perfectas y para nuestro bien.

Por lo tanto, se trata de ponernos en sus Manos. ¿Y qué es ponernos en sus Manos? Simplemente, tener voluntad humana de querer y vivir en su Voluntad y dejarle hacer por medio de su Espíritu. Ese Espíritu Santo enviado por su Padre para asistirnos y auxiliarnos en nuestro ser y obrar. Nosotros no tenemos ni sabiduría ni capacidad para actuar bien, pero el Señor sí. Él es todopoderoso y hace todo bien. No necesita que nosotros hagamos nada en nuestro nombre y según nuestras fuerzas, que también nos las ha dado Él. 

Necesita sólo nuestra voluntad y que, confiado en Él, nos pongamos en sus Manos. Entonces se hará todo según Él y veremos como nuestro interior se ilumina, se regocija y se inunda de gozo y alegría incluso en nuestras cruces y adversidades. Experimentaremos ese gozo y descanso de poder reclinar nuestra cabeza en nuestra propia cruz apoyado en el Señor. Porque, es ahí donde se esconde nuestra felicidad, nuestra esperanza y nuestro gozo de Resurrección. 

Sólo, en la experiencia de asumir nuestras cruces, como lo hizo Jesús por y para nuestra salvación, descubriremos y experimentaremos el gozo, la paz y la alegría de esa Vida Nueva que esperamos alcanzar en el Reino de Dios nuestro Padre.

miércoles, 26 de junio de 2019

ÁRBOL BUENO, FRUTOS BUENOS

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Un buen árbol se caracteriza porque no puede dar frutos malos sino todo lo contrario, buenos frutos. De la misma manera, un árbol dañado o herido no puede sino dar frutos dañados o estropeados. Es decir, no buenos sino malos y enfermos. Lo que llamamos vulgarmente frutos podridos.

¿De qué tipo de árbol seré yo? Esa es la pregunta que suscita en mi la lectura de este Evangelio. Y esa es la reflexión que, a la luz del Espíritu Santo debo interiorizar y meditar desde lo más profundo de mi corazón. Señor, te experimento y te tengo tan cerca que temo no estar a la altura de lo que Tú esperas de mí. Me siento pecador e indigno de tanto privilegio y quiero al menos ser árbol que no dé frutos malos sino buenos.

Me experimento pecador, pobre e impotente. Siento no corresponder con las expectativas de ser tu hijo, y menos con las de mis otros hermanos, porque todos los tienes y son tus hijos. Señor, riega mi vida con el agua de tu Amor para que pueda dar esos buenos frutos que Tú esperas de mí. Y en eso pongo todas mis fuerzas, aunque siempre me parezcan pocas. 

Confieso que me siento limitado y lejos de corresponder a todo lo que me das, Señor, y sólo quiero estar a tu lado y obedecer según tu Voluntad. Dame, Señor, luz para poder ser árbol bueno y dar buenos frutos.

martes, 25 de junio de 2019

TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS

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Mt 7,6.12-14
Siempre me ha llamado la atención el hecho de que Dios nos quiere a todos. Y en ese todos están incluidos los terroristas, los asesinos, los delincuentes y todos aquellos que hacen mucho mal. Dios es Padre y como buen Padre los quiere a todos y se ha dado en su Hijo Jesucristo para redención de todos. Por lo tanto, si nosotros decimos que amamos a Dios tenemos también que amar a sus hijos, entre los que estamos incluidos todos. Los referidos anteriormente. Por lo tanto, la cosa está meridianamente clara y no hay discusión.

Otra cosa será si estamos dispuestos o no. Otra cosa será si podemos hacerlo o no. Otra cosa será qué camino queremos seguir, y ahí podemos descubrir la grandeza de Juan el Bautista, que no le fue nada fácil seguir el camino que el Señor le había señalado. Por lo tanto, la misión que el Señor nos ha encomendado a todos es esa:  amarnos los unos a los otros como Él nos amó.

Por lo tanto, si no quieres ser criticado, no critiques; si no quieres ser despreciados, no desprecies a nadie; si no quieres ser tratado con indiferencia, no trates a nadie con indiferencia; si no quieres ser herido, no hieras a nadie; si quieres ser amado, ama a todos. La misión y el camino está bien claro, ahora hace falta ponerle manos a la obra. ¿Cómo lo ves? ¿Difícil? Claro, lo bueno, gozoso e importantísimo tiene que costar, pues nada de gran valor se consigue fácilmente. Y hablamos de lo máximo, la Vida Eterna en plenitud.

La cosa es seria, porque no hay otro puente ni otro camino. Para llegar a Dios hay que seguir a Jesús, su Hijo, y el camino que Él nos ha trazado es ese, la puerta estrecha. Nos lo dijo muy claro: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y no sólo con palabras sino con hechos y obras hasta el extremo de dar su Vida por cada uno de nosotros, buenos o malos. Murió por todos. 

Confieso que al mismo tiempo que escribo esta humilde reflexión me siento más entre los malos que los buenos e impotente de poder cumplir esta misión del Señor, pero, también lo confieso y lo creo, con la fuerza del Espíritu de Dios, que nos lo ha enviado para ayudarnos podemos transformar nuestros corazones de piedras en corazones suaves, compasivos y misericordiosos como el de Jesús.

lunes, 24 de junio de 2019

JUAN, EL PRECURSOR


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Lc 1,57-66.80
Desde su gestación fue iluminado por el Espíritu Santo al encontrarse con Jesús, todavía en el vientre de su Madre, María, y celebrar su encuentro con un salto de alegría. Estaba destinado a prepararle el camino a su Señor y fue consciente de ello durante toda su vida. Para ello vive en el silencio del desierto y desde allí proclama y anuncia la próxima venida del Mesías, del anunciado por los profetas y enviado por el Padre para redimir a los hombres.

Juan anuncia con valentía la cercanía del Reino de Dios e invita a la conversión. Está preparando la venida del Mesías y a quien anuncia. Pero, se presenta como el que anuncia la venida del que es más grande que él y del que no es digno de desatar la correa de su sandalia. Juan sabe muy bien su misión y está expectante y preparado hasta el punto que conoce la presencia del Mesías, al que bautiza por invitación del mismo Jesús.

Hoy necesitamos muchos Juanes Bautistas que proclamen y anuncien la presencia del Mesías enviado en este mundo y en medio de todos aquellos que se reunen en su nombre y creen en Él. Hoy necesitamos a profetas valientes y dispuestos a, en su propio entorno, dar razones de su fe y exigir de forma pacífica y fraterna la enseñanza del mensaje de Jesús, y la libertad religiosa para celebrar y practicar el culto. Necesitamos muchos padres y madres que, al estilo de Juan sepan dar fe y testimonio de la Buena Noticia de salvación.

Y somos precursores en la medida que también nosotros creemos y tomamos conciencia que en nuestro bautismo recibimos al Espíritu Santo y adquirimos el compromiso de dar testimonio de nuestra fe. En la medida que tomamos conciencia de que quedamos configurados sacerdotes, profetas y reyes para celebrar, proclamar la Palabra y servir a los demás.

domingo, 23 de junio de 2019

EL PAN Y EL VINO QUE NOS ALIMENTA

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Lc 9,11b-17
El Evangelio de hoy nos presenta un adelanto de la institución más tarde de la Eucaristía en la última cena. Hoy Jesús nos asiste al vernos hambrientos y cansados. Y es que seguir al Señor presupone caminos de dificultades y obstáculos. Seguir al Señor nos exige negarnos y remar contra corriente y eso produce un desgaste que nos fatiga y nos cansa. Necesitamos, pues, alimentarnos, pero no de un alimento cualquiera y perecedero, sino de un alimento que nos sostenga y nos dé esperanza y fortaleza para avanzar.

Jesús multiplica aquellos cinco panes y dos peces y sacia el hambre de todas aquellas personas. Es comida abundante hasta el punto que con lo sobrante llenan doce canastos. Jesús sabe de nuestras fatigas y de lo duro y arduo que es el camino y nos transmite su Fuerza, su Espíritu en ese alimento espiritual de su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino.

Necesitamos alimentarnos con frecuencia. Como mínimo una vez a la semana, pero, si puedes, todas las veces que puedas. Si puedes a diario y tienes esa posibilidad, pues diario. En ese alimento, que es el mismo que se nos da, recibimos la fortaleza para seguir el camino de nuestro peregrinar de cada día. No es fácil superar todas las adversidades que surgen dentro de nosotros y también las que nos vienen de afuera, pero con Él podemos enfrentarnos y salir victoriosos. 

Y lo tenemos siempre a mano. El Señor esta real y presente en la Eucaristía. Jesús se ha quedado para siempre con nosotros y lo podemos ver y tocar cada día. Está en el Sagrario y es una maravilla que, muchas veces por rutina o distracción, no nos damos cuenta de apreciar ese regalo de su presencia. Tratemos de reflexionar y tomar conciencia de que el Señor está real y presente en nuestra vida y que podemos estar con Él en cada momento. Él es nuestro alimento y nuestra fuerza.

sábado, 22 de junio de 2019

DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN, ALLÍ ESTARÁ...

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Mt 6,24-34
Es bueno preguntarse qué ocurre dentro mí, porque, dentro de mí es donde está la batalla respecto a mis actuaciones afuera, en el mundo en el que vivo. Por eso, interesa preguntarse sobre lo que anida en mi corazón y cuáles son las causas y motivaciones que lo mueven. Porque, es tu corazón, según sus deseos, el que te inclinará a buscar y a actuar de una forma determinada. Sera una buena pregunta, y muy necesaria, que te ayudará a descubrir tus inclinaciones, tus apetencias y tus pecados.

Porque, el pecado no vive afuera, sino dentro de ti, y duerme dentro de tu corazón. Él será el que suscita en tu corazón tus intereses, tus egoísmos y tus malos pensamientos. E incluso trata de dejar dormida tu compasión misericordiosa y te esclaviza atándote a vicios o apegos que te individualizan y te aíslan de servir y preocuparte por el bien de los demás. Y te das cuenta que experimentas debilidad sintiéndote atado y encadenado por esos vicios, aficiones, perezas o distracciones que te van apartando y alejando del Señor, y de la actitud de disponibilidad y servicio a los demás.

A veces pensamos que no tenemos faltas, y aunque confesamos que las tenemos no sabemos donde están ni cómo aparecen. Y nos cuesta descubrirlas.  Sería bueno rebuscar, indagar y reflexionar, dentro de nuestro corazón, los motivos por los que hacemos las cosas, porque es ahí donde se encuentra la clave de nuestras actuaciones. Nos preguntamos: ¿Lo hacemos por y para Gloria de Dios, o lo hacemos buscándonos a nosotros mismos para darnos satisfacción? 

Sabemos que en la medida de nuestra forma de actuar estaremos más o menos cerca de la Voluntad Dios. Y en esa medida, quizás sin darnos cuenta, nos alejamos hasta el punto de, si no romper con su amistad, sin enfriarla de tal manera que quedamos a merced del mundo, demonio y carne. Entonces, ese alejamiento puede ser muy grave hasta el extremo de romper con Dios. Tratemos, pues, de despertar y de llenar nuestros corazones de buenos propósitos e intenciones, que vayan dirigidas a poner a nuestro Padre Dios en el centro de nuestra vida y a nuestros hermanos como objeto de nuestro servicio.