viernes, 7 de febrero de 2025

LA VERDAD LLEVA AL MARTIRIO

La historia no se para, camina y se escribe segundo a segundo. Y, por desgracia, en muchas cosas llenas de malicia y mentiras, se repite. La muerte de Juan, por la denuncia y decir la verdad, no tuvo perdón. Y de la misma manera hoy siguen oyéndose y sonando muchas voces denunciando la corrupción, la mentira en defensa de la vida y los derechos humanos. El resultado lo vamos viendo y experimentando en nuestras propias personas. Tampoco hay perdón y muchos (periodistas y defensores de la verdad y los derechos) como Juan, dan su vida.

Vemos que, a pesar de avanzar mucho en tecnología y ciencia, los derechos de los hombres siguen sometidos al poder mediático y autoritario. Y, como sucede siempre, son los pobres, los humildes y los débiles los que cargan con la cruz del sufrimiento y el dolor. Precisamente, a esos son a los que ha venido a liberar Jesús de esa condición de esclavos. Pero, también a todos los que están cautivos del poder, del autoritarismo, de la fuerza y de las ambiciones materiales. Por nosotros, pero también por ellos, Jesús, nuestro Señor, entregó su Vida en la Cruz, y desde ese momento, la cruz es señal de nuestra salvación. Porque, Jesús, el Señor, Resucitó.

jueves, 6 de febrero de 2025

CONFIADOS EN EL SEÑOR

Se trata de confiar en el Señor, y la mejor y única manera es despojarse de toda aquello que te pueda dar seguridad y tentarte a prescindir de Dios. Así se explica que el Señor nos envíe de esta manera: Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas».

La fe se apoya y se descubre en el camino de la inseguridad. Sólo Dios es mi seguridad y en Él pongo todas mis esperanzas. Claro está que eso no significa que no busquemos lo necesario para vivir y que trabajemos para conseguir lo necesario, pero el criterio que Jesús nos da es que creamos en Él y, en Él, pongamos todas nuestras prioridades.

Tener muy en cuenta que tenemos que poner nuestra confianza en el Señor y en la buena intención y generosidad de la gente que encontremos en el camino. De modo que lo que luzca sea la Buena Noticia, es decir, el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios, y todo sea por su providencia.

En caso negativo, Jesús, nuestro Señor, también nos da la forma de proceder: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos».  Eso nos explica que encontraremos obstáculos, y quienes rechacen la Palabra de Dios. La consigna es que no nos desanimemos sino actuar como el Señor nos indica.

miércoles, 5 de febrero de 2025

EN SU PUEBLO: UN DON NADIE

La historia y la evidencia nos demuestran eso: «Nadie es profeta en su tierra». Es más, si dices algo o incluso demuestras algo eres un don nadie. Esa fue la experiencia de Jesús en su pueblo natal. En lugar de admirarse de lo que decía y hacía, se mostraban recelosos, críticos y, asombrados diciendo: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José de Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y se escandalizaban a cuenta de él.

Posiblemente a nosotros nos extrañe, pero, ¿no hacemos nosotros lo mismo, o al menos estamos tentados de hacerlo, en muchos momento y circunstancias de nuestra vida? Y, de alguna manera, ¿no somos también nosotros unos don nadie para nuestras familias, vecinos y amigos?

Hablar y anunciar a Jesús se ha convertido en muchos lugares algo prohibido hasta el extremo de ser perseguidos y peligro de muerte. Concretamente en muchos lugares de este mundo estén muriendo muchos cristianos, por defender y anunciar su fe, en estos momentos. Y todo porque nos molesta que la verdad, el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios sea anunciada por personas sencillas, humildes que vivan y estén entre nosotros.

Buscamos lo espectacular, lo grande y heroico, y no aceptamos que desde lo sencillo y humilde venga el verdadero anuncio del Amor de Dios. Un anuncio que empezó con la anunciación a una muchacha joven, sencilla y humilde y al nacimiento de un niño en un pesebre, alejado del ruido de la urbe, en Belén.

martes, 4 de febrero de 2025

DESESPERACIÓN Y ESPERANZA

El curso normal de las cosas nos lleva, si no hay remedio y arreglo, a la desesperación. Hay momentos, incluso, estamos al borde del suicidio, cuando nuestras esperanza están al límite. Es el caso que hoy nos narra el Evangelio de ese jefe de sinagoga, o esa mujer que, por detrás, toca el manto de Jesús. Ambos desesperados al tener todos sus recursos de solución agotados. Entonces viene a su corazón la posibilidad de ese Jesús que han oído que cura.

Quizás nosotros no estemos tan lejos. Muchos nos acercamos a Él, participamos en la misa, pero no damos el brazo a torcer. No estamos seguro de que es el Mesías, el Salvador de nuestra vida. Necesitamos una demostración, un milagro, algo espectacular y … quizás creamos. Incluso, muchos practicamos y cumplimos, pero no llegamos a conectar personalmente ni profundamente con Jesús. Nos quedamos en eso, en meros cumplimientos.

¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Acaso necesitamos un milagro? ¿Acaso estamos esperando algo espectacular que nos deslumbre y nos convenza? ¿No se nos ha sembrado en nuestro corazón la semilla que nos asemeja al amor de Dios? ¿No nos damos cuenta de que, la vida, esa hermosa oportunidad que nos da nuestro Padre Dios, es para que nos liberemos del pecado y seamos felices eternamente? ¿Tan ciegos estamos?

Al menos, aquel jefe de sinagoga y la mujer que padecía de flujo de sangre confiaron en que Jesús era su única solución, y se movieron en buscarlo. Y nosotros, ¿qué hacemos?

lunes, 3 de febrero de 2025

UN ENCUENTRO CON JESÚS CAMBIA NUESTRA VIDA

La experiencia nos va descubriendo la verdadera realidad de la vida. Sabemos que por muy bien que hagas las cosas, la vida te presentará tempestades, contratiempos y tormentas con las que sólo podrás someterte y esperar. Pero, la pregunta viene enseguida a la mente, ¿en quién esperas?

Porque para el creyente la esperanza está puesta en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que viene precisamente a eso, a liberarte. A liberarte de todo aquello que te somete: tus propios afanes, tus pasiones, tu envidia, tu orgullo, tu soberbia, tu ansías de riquezas, de poder, de ser más fuerte e inteligente que el otro, de tu ensimismado narcisismo que te lleva a hacer de la mentira tu forma de vida, sin saber respetar ni querer, de … Podemos añadir un largo etcétera y siempre encontraríamos un sometimiento más. Quien realmente encuentra a Jesús, disipas sus dudas, y siente que es eso lo que buscaba, lo que esperaba y lo que responde a sus aspiraciones más auténticas.

Precisamente, Jesús nos dice que viene a liberar a los cautivos, y, por mucho que disimulemos, tú y yo lo somos. Por tanto, encontrarnos con Jesús siempre será liberador. Y es de eso concretamente de lo que trata el Evangelio que leemos hoy: (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni …

Un hombre, sometido por un espíritu inmundo, se encuentra con Jesús, y el resultado es la paz y la serenidad; la cordura y el sentido común; la liberación y el anuncio de esa Buena Noticia que trae Jesús. Porque, sólo la Verdad (Jesús) nos hará libre, Jn 8, 31-42.

domingo, 2 de febrero de 2025

SIMEÓN, UN ANCIANO ATENTO, LLENO DE FE JUSTICIA, PACIENCIA Y ABIERTO A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU.

Posiblemente nosotros no tengamos la fe que nos mueve a estar atentos, llenos de esperanza, en actitud de justicia y paciencia, como el anciano Simeón, para vislumbrar la acción del Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu que ha entrado en nosotros en la hora de nuestro bautismo, que nos señala la presencia de ese Niño Dios, que permanece en el mundo y nos llena de esperanza, dando verdadero sentido a nuestros actos de amor y misericordia y a nuestra vida.

Y es eso lo que decididamente tenemos que pedir. El tiempo de nuestra vida es un regalo para eso, para pedir la fe, abrirnos a ella y dejarla caminar, en nuestra vida interior y exterior. Sabemos que nuestra vida pende de un hilo, y, sin avisarnos, puede dejarnos repentinamente o sistemáticamente. Un accidente o una larga enfermedad pueden ser caminos que nos conduzcan a nuestra propia realidad. En ambos, nuestra relación con el Señor será determinante y fundamental.

Porque, una relación no es cosa del momento, ni de la necesidad. Es cosa, valga la redundancia, de relación, de diálogo, de oración, de que nos lleve al conocimiento de uno y del otro, y de que nos revele la realidad de nuestro ser. Y, sobre todo, nos ayude a sostener la lámpara de nuestro corazón encendida, llena de luz, de aoración que nos lleva al conocimiento de uno y del otro y nos revela la realidad de nuestro ser. Y, sobre todo, nos ayudamor y misericordia, y, lo más importante, en presencia de nuestro Padre Dios.

Posiblemente, ese fue el secreto del anciano Simeón, mantener viva la llama de la fe y la esperanza en el Mesías prometido. Pidamos también nosotros tenerla también viva e incandescente en nuestro corazón. Amén.

sábado, 1 de febrero de 2025

UNA FE DÉBIL

La vida nos ofrece muchos momentos de incertidumbre, de tempestades y tormentas que zozobran nuestra vida y la ponen en verdaderos aprietos y riesgos. Es evidente, la vida trae consigo muchas tempestades, y quizás, de muchas no sabemos salir. No puedo olvidar este último accidente aéreo en USA del que se dice que pudo evitarse. Al parecer entre los pasajeros iban jóvenes deportista y, según las noticias, no hay supervivientes. La muerte nos sorprende en cualquier momento y, a nosotros nos corresponde estar preparados.

El error humano, nuestras propias negligencias, irresponsabilidades y pecados determinan en muchos momentos de nuestras vidas que estas se paren o sigan caminando. El riesgo de perderla siempre está presente. Y cuando vemos venir la temepstad, ¿estamos preparados?; ¿nos acordamos de nuestro Padre Dios? Es el caso del que hoy nos habla el Evangélico. Posiblemente, los discípulos dudan, a pesar de que ya han visto obras extraordinarias y milagrosas de Jesús.

También a nosotros nos sirve este momento de reflexión para preguntarnos cómo está nuestra fe. A pesar de nuestra debilidad, de nuestras imperecederas dudas y de nuestra desconfianza, ¿confiamos en la Misericordia Infinita de nuestro Padre Dios? ¿Tenemos conciencia, y creemos, que Él camina con nosotros, nos acompaña y nos cuida? ¿Confiamos de que nos ha preparado un lugar para estar junto a Él eternamente? ¿De verdad, esperamos y confiamos que nos reuniremos cuando acabe nuestra camino en este mundo?