miércoles, 1 de diciembre de 2021

¿QUÉ ESTÁS DISPUESTO A DAR Y DESDE DÓNDE?

 

Si Dios te ha creado libre es porque espera y necesita que tú le des algo. Por ejemplo, poner en su Mano tu libertad, o acercarte a Él en señal de que le necesitas. Porque, sólo cerca de Él tienes la posibilidad de alcanzar, no sólo la curación sino la salvación. Es posible que tus defectos se te escondan y tú no quieras descubrirlos ni dejarlos emerger, pero, acercándote a Él y poniendo en sus Manos tu ceguera, tu parálisis, tu cojera o sordera, Él te curará.

Pero, necesitas acercarte y poner en sus Manos ese precioso don de la libertad, que Él te ha regalado. Necesita, a crearte libre, tu fe, tu confianza y que des lo que realmente puedas dar, aunque sean siete panes y unos pocos peces. Jesús no te pide ni te exige lo que necesita para darles de comer a aquella multitud, sino te pide que estás tú dispuesto a dar, que tienes y realmente pones al servicio de los demás. É,l bien sabe que todo corre de su cuenta.

Quedémonos ahí y preguntémonos, ¿qué he recibido yo y que estoy dispuesto a dar? Porque, sólo interpelándonos y tratando de responder a esos interrogantes que pululan en nuestro corazón, encontraremos el camino y las respuestas - evidentemente, asesorados por el Espíritu Santo - que Jesús nos está pidiendo.

martes, 30 de noviembre de 2021

SOMOS REFLEJOS DE DIOS

 

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Eso significa que tenemos mucho de Dios y, queramos o no, nuestro ser y actuar se parecerá a nuestro Padre Dios. Y, si Dios es Amor, nosotros tendremos mucho de eso. Lo descubrimos cuando lo damos. ¿Quién no ha experimentado gozo, alegría y felicidad cuando se ha dado por amor? Recuerda un buena obra que hayas hecho por alguien, desinteresadamente y gratuita, y la piel se te pone de gallina y el gozo inunda tu corazón. Eso es simplemente amar y siempre se recuerda y está presente.

¿Qué sucede? Nuestra naturaleza está herida por el pecado y es débil frente a los vicios, bebidas y afanes que se le presenta en este mundo. Y fácilmente asumible que sea sometida, por esas tentaciones, por lo que, sostenernos firmes en el Señor nos exige levantar la mirada y confiar en la Palabra del Señor. Experimentamos que reflejamos en muchos de nuestros actos ese amor que llevamos en la impronta de nuestro corazón.

Y, aunque queramos disimular saldrá a relucir nuestra semejanza con nuestro creador. Todos tenemos la huella de Dios impresa en nuestro corazón y, aunque manchado por el pecado, emerge desde lo más profundo del mismo. La cuestión consiste en abrirle nuestro corazón y dejar que se llene plenamente de su Gracia. En eso consiste la respuesta de la llamada de Dios, en abrirle nuestro corazón y dejar que entre plenamente toda la Gracia que Dios nos envía. Eso fue lo que hizo María - Madre de Dios - y también Pedro, Andrés, Santiago y Juan.  Esforcémonos también nosotros en también responder a esa llamada.

lunes, 29 de noviembre de 2021

UN COMPROMISO POR AMOR

 

No acostumbramos llamar amor al hecho de que una persona se preocupe por otra hasta el punto de comprometer su persona y rebajarse a pedir ayuda. Sobre todo, en este caso que el Evangelio nos presenta hoy. Un centurión pagano que se considera indigno de recibir a Jesús y, necesitado ante Él le pide por la curación de su criado.

Es sorprendente que, en aquella época y contexto, un centurión se moleste y se preocupe en pedir a Jesús – para lo que se necesita fe – por la vida de un criado, cuyo valor no es apreciado ni tiene valor alguno. Y que se reconozca indigno y no merecedor de recibirlo en su casa, reconociendo que con sólo una Palabra suya bastará para sanarlo.

Podríamos afirmar que el amor de ese centurión a su criado es grande. Y es grande hasta el punto de atreverse, creer y pedir a Jesús que le cure con sólo una palabra. Amar, por tanto, es un compromiso por buscar el bien del otro. Es lo que hace Jesús y para lo que viene a este mundo. Precisamente, la celebración que acabamos de empezar.

Pero, lo más importante que podemos hacer y comprometernos es preguntarnos: ¿Está nuestra fe a esa misma altura que aquel centurión romano? Y si no alcanza esa altura y confianza, ¿le pedimos a este Niño que esperamos y celebramos su venida que nos la dé y aumente cada día hasta el punto de que nos comprometamos a amar por amor, valga la redundancia?

domingo, 28 de noviembre de 2021

¡VEN SEÑOR JESÚS!

Lc 21,25-28.34-36

Estos últimos días hemos repetido reiteradamente que el mundo, que tuvo su principio, también tendrá su final. Porque, todo lo que empieza, termina. Y, el Evangelio de hoy nos previene y advierte de esta realidad:

 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»

Y ante estos acontecimientos, que llegarán en algún momento, nuestra actitud debe ser la de sostenernos firmemente en la fe y confianza en la Palabra del Señor. Y, tal y como nos dice el Evangelio, esperanzados en ver cerca nuestra liberación. 

Y, en una actitud vigilante y atenta a no caer en la tentación de la bebida, vicios e inquietudes mundanas, afanes y agobios de la vida que nos arrastren, nos endurezcan nuestros corazones y nos desvíen de nuestra verdadera atención.

sábado, 27 de noviembre de 2021

EMBOTADOS POR EL MUNDO

 

Hay momentos que las cosas de este mundo nos seducen. Nuestra naturaleza humana se siente atraida - eso nos ayuda a vivir - y seducida por todo aquello que satisface su ego y pasión. Es humano el deseo de apetitos y apetencias que pueden traicionar su integridad debido a su debilidad. Necesita sobreponerse y resistirse moderando sus apetitos, pues, de no ser así puede caer en su propia destrucción. 

Jesús nos conoce y nos advierte de este peligro: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

Necesitamos tomar nota y poner en práctica lo que el Señor nos dice. Luchar y sobreponerse sin tregua y con perseverancia a todas estas apetencias, egoísmos y satisfacciones que, no siendo malas, no debemos dejar que nos dominen ni nos desequilibren. La moderación y el dominio de sí mismo es lo aconsejable para estar atentos, vigilantes y preparados a la venida del Señor.

¿Y cómo nos preparamos? Nos lo dice claramente el Señor, orando, frecuentando el sacramento de la penitencia o reconciliación y, por supuesto, la Eucaristía – alimento espiritual – donde nos fortalecemos para la lucha de cada día y, como nos dice Jesús, para poder estar en pie delante de Él, el Hijo del hombre.

viernes, 26 de noviembre de 2021

SÓLO TU PALABRA, SEÑOR, PERMANECE

 

La cantinela se repite una y otra vez, “todo lo que tuvo principio, también tendrá fin”. Y, a pesar de conocerlo y de oírlo repetidas veces, respondemos de forma indiferente e irresponsable. Quizás, cansados de oírla llegamos a pensar que cuando llegue el día veremos que sucede. Quizás, queremos imaginarnos que todo es un cuento o leyenda y, pasándolo bien ahora – aprovechemos lo que tenemos ahora – ya veremos cuando llegue eso que dicen llegará. De cualquier forma, nuestra respuesta es la indiferencia, cerrar los ojos y aprovechar ahora que lo estamos pasando bien. Verdaderamente, coincide con eso de que los ricos – los que lo pasan bien – les será muy difícil entrar en el reino de los cielos – Mt 19, 23 -.

Igual ocurre con las señales. Por ellas sabemos cuando está pronto al llegar los cambios de tiempo – estaciones – y al observar, por ejemplo, brotes verdes sabemos que se acerca el verano. Sin embargo, da la sensación que ante las señales de los tiempos que descubren la vida de nuestro mundo, actuamos con indiferencia y cerramos nuestros ojos y corazones. No parece interesarnos las señales que nos revelan y nos hablan del mundo en el que vivimos.

Ni siquiera nos planteamos que pasará, que hay sobre el Reino de Dios o si está o no está cerca. Nuestra propia vida tiene su tiempo y su hora, y conocemos, por los síntomas de nuestro propio cuerpo que nuestro final está cerca. ¿Nos planteamos alguna respuesta por ello? Parece que no reaccionamos. ¿Tan ciegos estamos? ¿Tan atados permanecemos a nuestras pasiones y egoísmos que somos incapaces de reaccionar? ¿Qué hay dentro de nuestras cabezas que no vemos la realidad y la cercanía de nuestro Dios? ¿Dónde miramos y buscamos? Está a nuestro lado, ¿y no le vemos?

jueves, 25 de noviembre de 2021

¡APOCALIPSIS!

Lc 21,20-28

Sabemos que tarde o temprano llegará el final. Posiblemente, primero, nuestro final - con la muerte -  y segundo, siempre existe esa posibilidad, el fin del mundo. Un final apocalíptico que no sabemos si estaremos presentes o no. ¿Por qué digo esto?, pues, simplemente porque, no sabemos el tiempo, el día ni la hora. Sólo sabemos que llegarán ambos, la muerte y el final del mundo.

Respecto a esto último leemos en el Evangelio de hoy: «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.»...

Sin embargo, me llama mucho la atención cómo vive el mundo esta realidad. Saben – no se ignora – que la muerte es lo único cierto que sucederá y lo estamos viendo y observando a diario. Leemos que el mundo está revuelto y que hay una amenaza de deterioro y resquebrajamiento. Y, da la sensación que nada importa. El mundo camina y vivi indiferente a toda esta realidad. ¿Qué está sucediendo? ¿Acaso estamos adormilados por una ceguera demoniaca?

Y, si seguimos leyendo en el Evangelio de hoy, vemos: ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que… No es que lo que está sucediendo sea exactamente eso, pero, es verdad,  que suceden cosas que parecen asemejarse a lo profetizado: hay guerras, pandemias, dictaduras, persecuciones a la fe cristiana, imposiciones de ideologías de pensamiento único, terremotos, erupciones volcánicas, cambio climático…etc. Vivimos con la sensación de estar en un mundo amenazado, pero esa sensación no se transmite a la sociedad. El hombre, en general, vive indiferente y atento a otros problemas de interés más en el orden económico, político, de poder…etc.

Ante esta realidad, el creyente se mantiene esperanzado, firme en su fe y consciente de que el Señor, el Hijo de Dios vivo, se hará presente cuando decida que llega el momento de poner todo bajo su potestad. Y no será el fin, sino, todo lo contrario, el comienzo de la nueva Vida Eterna en la Gloria de Dios Padre.