lunes, 12 de agosto de 2013

EL DESCONCIERTO DE LA MUERTE

(Mt 17,22-27)


Sin lugar a duda, hay momentos donde el sufrimiento nubla nuestra esperanza y en nuestra vida se hace oscuridad. Saber que la muerte no espera y que su llegada nos llega con sufrimientos, nos entristece. Eso fue lo que les sucedió a los apóstoles cuando Jesús compartió con ello lo que le iba a suceder.

Fue un día mientras estaban juntos, mientras compartían esos momentos de amistad y de cercanía que les unían y les permitía conocerse más. Jesús les descubre el camino de su Pasión, pero ellos no entendieron el mensaje, porque se quedan sólo con la muerte y olvidan, o ni la oyen, la Resurrección.

El cristiano sabe que tras la Cruz viene la Resurrección, y con la Resurrección la gloria de pasar eternamente la vida junto al Dios Padre, que ha entregado a su único Hijo a una muerte de Cruz por nosotros. Gracias a la acción del Espíritu en los Apóstoles, sabemos nosotros hoy esta buena noticia: La muerte está vencida y la esperanza de la nueva Vida alegra gozosamente nuestro camino por este mundo.

Pero antes hay un camino de cruz. Un camino donde recorrerlo exige vivirlo desde abajo hacia arriba, desde lo material de este mundo a la gratuidad del amor de Dios.

domingo, 11 de agosto de 2013

SIEMPRE EN LA VOLUNTAD DE DIOS



No se trata de cumplir, de, en ciertos momentos, hacer la Voluntad de Dios, sino de estar en permanente actitud de vivir haciendo la Voluntad de Dios. Y hacer la Voluntad de Dios sabemos que es olvidarse de uno mismo para darse al más cercano en ese momento; es enseñar ese Tesoro que has encontrado dentro de tu corazón y mostrar que otros también pueden encontrarlo; es dar plenitud a ese Amor que te desborda y te llena, para irradiarlo en otros corazones que lo necesitan...

Porque nos ha sido dado ese Reino, sólo tendremos que descubrirlo y comprarlo, vendiendo todo aquello que se interpone entre Él y nosotros, y usándolo como medio para llegar a mantenerlo como meta y fin de nuestro camino. Jesús es nuestro Tesoro, nuestro Camino, nuestra Verdad y Vida, y sólo Él vale la pena conservar.

Ni un momento de despiste, de hacer algo que le contradiga, de olvidarnos e imponer nuestra voluntad. Otra cosa son nuestros fracasos, nuestras debilidades, nuestros fallos y errores, pero siempre por la impotencia de nuestra pobre humanidad. Por eso, Jesús nos ama con Misericordia Infinita, y nos sostiene y perdona. Porque sabe de nuestros pecados.

Pero siempre en la actitud de, agarrados y mirándole a Él, estar en la lucha contra nosotros mismos de hacer su Voluntad, de esperar su segunda venida haciendo su mandato: Esforzándonos en amar como Él nos ama, porque lo que hemos recibido nos será exigido.

sábado, 10 de agosto de 2013

CUANDO PERDER ES GANAR




En muchos momentos de nuestra vida se piensa que un paso atrás es bueno para luego dar dos hacia adelante. Es decir, a veces se hace necesario perder para luego ganar. La vida se mide por las ganancias y, al parecer, lo que le interesa al hombre es ganar. Ganar en todos los órdenes de la vida.

Sin embargo, aquel que se ama a sí mismo, se pierde, dice Jesús. Y, por el contrario, quien se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. Diríamos que el cristiano creyente y seguidor de Jesús está siempre dispuesto a perder. Él se guarda el último lugar y hasta se olvida de sí mismo.

Morir a las apetencias, privilegios, intereses y comodidades de esta vida, para servir y entregarse a los demás. Se hace difícil comprenderlo y duro vivirlo. Es una lucha constante contra nosotros mismos y los ambientes que nos provocan y tratan se someternos. Pero ese es el camino, morir a nosotros mismos.

Lo bueno cuesta, y si no costara no sería bueno. Cuanto más la vida eterna y feliz que todos buscamos. No es el camino que el mundo nos ofrece el que conduce a la Vida, sino el camino de Cruz que Jesús nos propone: "morir como el grano de trigo para dar fruto".

viernes, 9 de agosto de 2013

MORIR NO ES EL PROBLEMA

Mt 10, 28-33

Un creyente en Jesús de Nazaret no tiene miedo a la muerte. Y no tiene miedo porque la muerte es un paso para la Gloria. Vivir eternamente es el deseo de todo ser vivo, por eso se lucha y se teme a la muerte. Vivir en Jesús, el Hijo de Dios vivo, es vencer a la muerte y nacer, o mejor dicho, continuar la vida de forma gloriosa, igual que Jesús, para siempre.

No cabe duda que desear la vida eterna significa vivir en plenitud. Plenitud de vida llena de felicidad y de gozo. Porque nadie desea vivir en la vejez, el sufrimiento y la angustia. La muerte es, en ese sentido, el momento más glorioso del hombre. Una gracia de Dios, porque en ella terminamos la etapa de esta vida sufriente, de cruz, y rompemos la maldición del pecado en Xto. Jesús, naciendo a la verdadera Vida: la Vida eterna.

Por eso, Jesús nos dice hoy que no temamos a aquellos que pueden matar el cuerpo, pero no el alma. Más, tengamos cuidado con los que pueden, no solo matar el cuerpo sino también el alma. Estando a su lado y de su parte, Él, el Hijo de Dios Vivo, estará también de nuestra parte. Y con, por y en Jesús nunca seremos vencidos, pues en Él seremos mayoría aplastante.

jueves, 8 de agosto de 2013

AGARRADOS AL ESPÍRITU SANTO



Por nosotros no lo sabemos. Es el Espíritu Santo quien pone en boca de Pedro la verdadera identidad de Jesús. "El Mesías, el Hijo de Dios Vivo". Hoy nos ocurre lo mismo, Jesús nos pregunta, pero nosotros distraidos en este mundo no sabemos responder.

Necesitamos la acción del Espíritu Santo y ponernos en sus Manos. Sólo en su asistencia podemos descubrir que Jesús es el Hijo de Dios vivo. Y también comprender que el camino es un camino de Cruz como el del Señor. Nos cuesta aceptar, como le sucedió a Pedro, que nuestro Señor tenga que pasar por la cruz. Y nos cuesta porque ese mismo camino tendremos que pasarlo nosotros si queremos seguirle y estar con Él.

Pedro fue recriminado por el Señor cuando se quería oponer a su misión de crucifixión, e igual nos ocurre a nosotros cuando rechazamos sus planes porque nos parecen incómodos y sufrientes. No hay otro camino de salvación sino el que nos marcó nuestro Señor Jesús, y ese es el camino de la Cruz. 

Agarrarnos a Él y pedirle las fuerzas necesarias para, venciendo al mundo y sus planes, aceptar y vivir en los planes del Padre Dios, es el camino verdadero por el que debemos recorrer nuestra vida.

miércoles, 7 de agosto de 2013

ALGUIEN LEJANO A SU PUEBLO

(Mt 15,21-28)

Es extraño, pero por extraño que parezca, la fe se descubre en aquellos que, en apariencias, no les pertenece o no deben tenerla. En este pasaje evangélico, una mujer cananea, extranjera, a quien no se le ha venido a proclamar la Buena Noticia, irrumpe en el camino de Jesús para pedirle la curación de su hija.

¿Tiene fe esta mujer? ¿De dónde le viene? Jesús se hace el indiferente alegando que ha sido enviado únicamente a las ovejas de Israel. Sin embargo, esta mujer, en lugar de amilanarse se planta ante Jesús y le pide que tenga al menos el derecho de coger lo que otros desperdician, pues los hijos de Israel ni se acercaban a comer el pan.

Jesús queda sorprendido por la fe de esa mujer cananea, y su respuesta no puede ser otra que: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.

¿Dónde me ubico yo? ¿En el hijo que no escucha al Padre? ¿O en el extranjero que se acerca

La fe es un don de Dios, pero ese don, regalo del Señor, se le es dado a todo aquel que lo busca, que persevera, que cree y vive según cree. Tengamos la confianza de sabernos mirados por el Señor si le buscamos, se le seguimos con esa tenacidad y fe que lo hizo esa mujer cananea.

martes, 6 de agosto de 2013

UN ALTO EN EL CAMINO

(Mt 17,1-9)


Hay momentos que no podemos avanzar. Necesitamos pararnos y tomar oxigeno, reforzar nuestra fe, alimentar nuestra esperanza. Supongo que la subida al monte Tabor fue algo así. Los apóstoles estaban desanimados, desconcertados y hasta desesperanzados. Era necesaria una transfiguración del Señor para levantarles el ánimo y abrir sus confusas mentes.

Jesús escoge a los más íntimos o líderes, Pedro, Santiago y Juan, y los lleva con Él al Tabor. Allí se les muestra en la Gloria del Padre junto a Moisés y Elías, y una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle».

 Esta experiencia fue el detonante que les encendió el corazón y les abrió la mente. Todo empezaba a tener sentido, y tras la Resurrección todo se hizo Luz y Verdad.

Seamos pacientes y perseverantes y tengamos confianza en el Señor. Él nos dará la fuerza necesaria para el camino y para que también nosotros tengamos la luz de sentir lo bien que se está a su lado.