domingo, 7 de julio de 2019

LA MISIÓN ES DE TODOS

Resultado de imagen de Lc 10,1-12.17-20
Lc 10,1-12.17-20
El mundo no puede mejorar si no mejoras tú. Eso está muy claro y todos lo entendemos. Nadie podrá hacer lo que está guardado para ti. Tú tienes una aportación que hacer a este mundo para mejorarlo. Tu parcela, tu propio ambiente, tu círculo de amistad, tu familia tendrán el sello del anuncio de la Buena Noticia, o por el contrario ese anuncio se perderá. Y el único responsable serás tú.

Jesús fundó su Iglesia en la roca de los apóstoles, pero está claro que ellos no se iban a quedar aquí hasta el final de los tiempos, por eso urgía fundar la Iglesia y dejarla como continuadora de su misión. Y a los apóstoles han seguidos otros apóstoles y así hasta nuestros días. Todos somos apóstoles en el sentido de que, por el compromiso de nuestro bautismo, estamos llamados a continuar y proclamar la Buena Noticia de Salvación. Y ese es nuestro reto, proclamar que Cristo Jesús vive y camina entre nosotros señalándonos el Camino, la Verdad y la Vida.

Por tanto. el Evangelio de hoy es una llamada a esa misión de proclamación de la Buena Noticia que todos los bautizados tenemos. Una proclamación que puede ser de diferentes formas y maneras, pero que, al final, es proclamación y anuncio del Reino de Dios. Porque, para unos podrá ser el anuncio por la palabra, pero para otros será el servicio al enfermo. Otro será la enseñanza, la justicia...etc. y cada cual según sus talentos o capacidades. Todos podemos en cualquier lugar que nos haya tocado vivir derramar ese anuncio de salvación por el hecho de ser hijos de Dios.

Nuestra alegría no debe estar apoyada en nuestros éxitos sino en que hemos sido elegidos por el Señor para esa misión y nuestros nombres, como nos dice el Evangelio están inscritos en el Cielo: Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

sábado, 6 de julio de 2019

LO NOVEDOSO: UNA NUEVA FORMA DE MIRAR LA VIDA

Resultado de imagen de Mt 9,14-17
Mt 9,14-17
Jesús irrumpe en este mundo con una nueva forma de mirar la vida. Es algo diferente a todas las propuestas que hasta ahora se habían contemplado siguiendo los impulsos y apetencias humanas. Hasta su llegada todo se resumía en el conocido "ojo por ojo y diente por diente". El enemigo era el peligro y el objetivo a vencer. Todo consistía en someter y dominar a aquellos que piensan diferente y no se avienen con nuestra forma de ver la vida o de aplicar nuestros intereses y apetencias.

Jesús presenta otra forma de ver a los demás. Su Corazón tiene otra actitud y su Mensaje presenta una nueva, renovada y buena Noticia. Es liberador y acoge a todos, buenos y malos como hijos de Dios a los que ofrece su incondicional Amor. Es la manera de echar, como nos dice en el Evangelio de hoy, el vino nuevo en odres nuevos y no en odres viejos que lo estropee por no admitirlo. Nuevas formas de relacionarnos que pasan por presentar un amor joven, renovado y actualizado en el Señor que no se pueden mezclar con las viejas maneras de contemplar la vida y las tradiciones.

Hay, primero, que purificar nuestros corazones y limpiarnos de muchas impurezas que lo hacen viejo, obsoleto y duro. No hay enemigos sino personas a las que hay que ayudarles a ver la vida desde la perspectiva del amor. Quizás eso sea difícil para nosotros e incluso no llegamos a entenderlo, pero, para nuestro Padre Dios todo es posible. Por tanto, debemos dejarnos llevar por el Amor de nuestro Padre y, abiertos a su Espíritu, posibilitar un cambio en nuestra manera de ver la vida. Es el amor el valor más grande que tenemos y el arma más propicia para transformar nuestros corazones.

Nadie se ha atrevido ni ha propuesto nada que ataque directamente al corazón del hombre y le arranque el mal que, morando en él, le hiera y le atormente. Un corazón contaminado por el pecado y el odio de venganza al enemigo. Pongamos. como nos dice y enseña Jesús, el vino nuevo en odres nuevos.

viernes, 5 de julio de 2019

ENSÉÑAME, SEÑOR, A SER MISERICORDIOSO

Resultado de imagen de Mt 9,9-13
Mt 9,9-13
Tu fe te salva si va acompaña del compromiso misericordioso en tu relación con los demás. Una actitud misericordiosa que emana del Corazón de Cristo y llena tu vida terrena de cada día en tu relación con los demás.

Una misericordia que aterriza en hechos concretos que se traducen en poseer un corazón suave, benigno y manso como el de Jesús. Una  misericordia que va dirigida a todos aquellos que la piden porque la necesitan y les incluye en el redil del rebaño del Señor.

Porque, ¿quiénes necesitan esa misericordia? No son los suficientes ni los sanos o buenos. Ellos seguro que no la buscarán. La pedirán y buscarán  los pecadores necesitados de ser perdonados. A ellos va dirigida esa misericordia del Señor, porque, ha venido a perdonar a los pecadores. Son, pues, los enfermos los que necesitan de médicos y, de la misma forma son los pecadores los que necesitan misericordia.

Por tanto, no perdamos el tiempo en sacrificios y cumplimientos desencarnados de la realidad de cada día en relación con los demás. Tratemos de, en la lucha diaria, parecernos al Señor asistidos por y con su Gracia misericordiosa. Esa será nuestra meta y objetivo, poniéndonos siempre en Manos del Señor. Porque, sólo en Él conseguiremos alcanzar un corazón misericordioso.

jueves, 4 de julio de 2019

LA NECESIDAD DEL PERDÓN

Resultado de imagen de Mt 9,1-8
Mt 9,1-8
Pronto nos damos cuenta que mantenerse libre de pecado es misión harto difícil. Por eso, necesitamos encontrar el perdón para purificados continuar el camino. Es de sentido común que sea Dios quien me perdone los pecados, y eso pensaban los judíos. De ahí que la presencia de Jesús y su decisión de perdonar los pecados a aquel paralítico que le presentan es tomada como una intromisión y blasfemia.

¿Nos pasa a nosotros lo mismo hoy? ¿Confías que, por el poder del sacramento del orden el sacerdote te da, por la gracia de Dios y en el nombre del Padre. Hijo y Espíritu Santo, el perdón de tus pecados? O, como aquellos judíos de su tiempo piensas que eso no es así? Jesús, obligado por las circunstancias les demuestras a los presentes que Él es realmente el Hijo de Dios y tiene poder para perdonar los pecados. Y lo hace de una manera muy lógica, curando a aquel paralitico para que observen que quien cura la parálisis física también tiene poder para perdonar los pecados del alma contra Dios.

Lo que realmente importa es que tú y yo tomemos conciencia de eso y, a pesar de la distancia, creamos en la Palabra y el Poder de nuestro Señor Jesús de perdonar los pecados. Y entendamos que ese es el camino. No nos está permitido, al caer, quedarnos en el lodazal del pecado, sino levantarnos y continuar adelante. Para eso, nuestro Señor Jesús ha instituido el sacramento de la reconciliación, para levantarnos de nuestros frecuentes caídas y errores y, en pie, continuar el camino.

Posiblemente tengamos muchas parálisis y, las peores son las que escapan a nuestra vista. Busquemos la luz que nos ayude a descubrirlas para presentarlas ante el Señor y poder sanarla para que nuestro camino sea mejor cada día. Tengamos esa confianza en la Misericordia de Dios, que no sólo nos perdona sino que nos va dando la fuerza necesaria para irnos superando y venciendo esas parálisis que paralizan, valga la redundancia nuestros cuerpos.

miércoles, 3 de julio de 2019

¿TAMBIÉN TÚ TIENES DUDAS?

Resultado de imagen de Jn 20,24-29
Lo normal es que toda persona tenga duda. La duda es la causante de que se necesite la fe, y, por la fe, nos salvamos si nos mantenemos perseverante y confiando en la Palabra del Señor. Luego, si no hubiese duda no haría falta la fe. Es lo que ocurrirá cuando estemos en la presencia del Señor. Allí no nos hará falta tener fe, pues ya vemos al Señor. Será, pues, una dicha estar en su presencia y la puerta para llegar a Él es la muerte, lo que deja al descubierto que no es tan trágica como se puede creer. Diría que es el momento más glorioso de nuestra vida si realmente la sufrimos en Gracia de Dios. De otra forma sería la pérdida más grande.

Ahora, esas dudas tienen un gran peligro. Ese peligro está escondido en el recorrido de nuestra vida, ya sea de forma individual o colectiva. Es decir, hacerlo solo o en la comunidad. O sea, remar tu solo o ir remando con otros. Ir en tu barca o ir en la Barca de la Iglesia. Así de claro. Solos estaremos a merced de todos los peligros que el Maligno nos pueda poner. Él está atento a ponernos todas las sancadillas que necesita para hacernos caer y alejarnos del Señor. Recordemos las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto. También nosotros, en el recorrido de nuestra vida pasaremos por esos momentos. El deseo de satisfacernos con las cosas de este mundo; la tentación de sentirnos importante, de colmar nuestra vanidad y orgullo y la ambición de sentirnos poderosos y dueños resume el contenido y las diversas formas de ser tentados.

Solos, quedamos a merced del demonio, que hará de nosotros lo que quiera, pero, en la Barca cambia todo. Estamos rodeados de hermanos que nos apoyan, nos fortalecen con sus oraciones y nos defienden alimentando, al compartir, nuestra fe. Tenemos un ejemplo en el Evangelio de hoy con Tomás. Su fe estaba dañada y herida. No creía en Jesús resucitado y exigía ver para creer. Es lo mismo que nos sucede a muchos hoy cuando dicen que no han visto a nadie regresar de la muerte para demostrar la resurrección. Realmente, ¿creemos que la aparición de alguien que haya muerto solucionaría eso? En la parábola del rico epulón -Lc 16,19-31- Jesús nos deja claro que no serviría de mucho.

Sin embargo, Tomás está en la Barca - Iglesia - y, a pesar de sus dudas sigue en ella. Se encuentra, podemos simbolizar que está embarcado a la semana siguiente, y de nuevo Jesús se presenta a sus discípulos, y ve que está Tomas, lo llama y tiene un encuentro con él. Sabemos el resto. Ocurrió que Tomas seguía en la Barca y esa es la diferencia. Es en la Iglesia donde Jesús se te hace presente y donde tienes que buscarlo. Jesús no se presenta sino espera que tú le abras tu corazón. Él está a tu lado, te llama y espera tu respuesta y tus deseos de búsqueda. Y se te manifiesta cuando tu corazón se abre a su llamada. Estar en la Iglesia es muy importante, porque, Jesús se le presenta a sus amigos, a aquellos que le buscan y desean conocerle. La pregunta podría ser, ¿quieres tú conocerle?, pues, búscale en la Iglesia.

martes, 2 de julio de 2019

DE LA TEMPESTAD A LA CALMA

Imagen relacionada
Mt 8,23-27
Y si nos preguntamos, ¿de estar el mar tranquilo hubiésemos despertado a Jesús? Supongo que la respuesta sería que no, e incluso nos sería indiferente que siguiera durmiendo. Luego, ¿por qué le despertamos? Posiblemente, porque creemos que Él puede librarnos de ese mar encabritado con olas que amenazan con pasar por encima de nuestra barca hasta hundirla. Realmente, es eso, el miedo, lo que nos lleva a despertarle.

En la vida nos ocurre lo mismo. Acudimos al Señor cuando estamos en algún apuro y mientras, cuando nos valemos por nosotros mismos, les dejamos dormir. Nuestra fe es muy poca, por no decir ninguna. Pero, sólo estando cerca de Jesús podemos ver su poder. Aquellos que no estaban en la barca nunca sabrán el extraordinario y misterioso poder del Señor. Increpando a los vientos y al mar vino una gran calma.

La pregunta es; ¿estamos nosotros en la barca? Porque de no estar en ella nunca nos enteraremos del Poder del Señor. Por tanto, es de sentido común que para conocer y ver al Señor hay que relacionarse con Él y estar cerca de Él. Sólo así podemos ver y experimentar su Poder y su Amor. Eso significa que tenemos que subirnos a la barca, su Iglesia, y navegar en ella y junto a ella.

El encuentro con el Señor pasa por una experiencia personal. No puedes pensar que con dar un paseo en la barca (Iglesia) o estar en ella algún tiempo, todo está hecho. Se necesita navegar en ella y con ella para estar en esos momentos de tempestad, de adversidades y contra tiempos como la Mano del Señor nos suaviza, nos fortalece y nos quita el miedo. Un miedo que desaparece experimentando y sabiendo que el Señor Vive y está cerca de nosotros, y no duerme, aunque tengamos esa sensación.

No te preocupes sino lo normal. El Señor está con nosotros y aunque las cosas de este mundo no vayan como nosotros queramos, no olvides que lo verdaderamente importante es que vayan como Dios quiere. Porque, Él, siempre quiere lo mejor para sus hijos.

lunes, 1 de julio de 2019

DENTRO DE NUESTROS CORAZONES ESTÁS TÚ, SEÑOR

Resultado de imagen de Mt 8,18-22
Todos los hombres y mujeres de este mundo buscan al Señor. Es posible que muchos no lo sepan ni, incluso, lo crean, pero esa es la realidad. Porque, buscar la felicidad, los bienes materiales y también los espirituales y, sobre todo, la vida eterna es buscar al Señor, pues, sabemos que el mundo no nos lo podrá dar aunque sigamos erre que erre. Nuestra experiencia nos descubre que en el mundo no se encuentra la felicidad, ni estando cargado de dinero y poder.

El hombre y la mujer sensato buscan a Dios consciente de que sólo en Él podrán encontrar eso que tan ardientemente buscan. Por eso, muchos al oír a Jesús le siguen y se amontonan ante Él. El Evangelio de hoy nos habla de uno de esos momentos: viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

La gente persigue a Jesús, la gente inquieta que buscan la vida, la verdadera vida, porque la de este mundo no es verdadera. Es simplemente un puente para alcanzar la otra. Un puente que tendremos que recorrer y atravesar cumpliendo y viviendo en su Palabra. Por eso, hoy, un escriba le dijo que le seguiría adondequiera que vaya, y otro discípulo le dijo que le dejara primero enterrar a su padre. 

A ambos Jesús le responde que lo primero es Él. Jesús propone un seguimiento incondicional, pero prioritario, tal y como Él nos ama incondicionalmente. No quiere medias tinta ni distracciones, pero quiere una entrega a su Palabra dándole prioridad en nuestras vidas. Una prioridad que puede concretarse de muchas formas en ese camino que tenemos que atravesar. Un camino que no tiene descanso ni lugar para reclinar la cabeza y cuyo finalidad es alcanzar el verdadero descanso reclinado junto a Jesús y abrazados a su Cruz.