domingo, 7 de septiembre de 2014

PRESENTE ENTRE NOSOTROS

(Mt 18,15-20)


Es tremendo y esperanzador reflexionar sobre las últimas palabras del Evangelio de hoy: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Supongo que lo creemos, pero también supongo que no terminamos de creérnoslo , porque no mantenemos una perseverancia que lo manifieste. Ocurre todo lo contrario en santa Mónica que perseveró en su súplica al Señor por la conversión de su hijo Agustín. 

De la misma manera callamos, por no descubrirnos creyentes, ante las malas acciones que otros puedan cometer en nuestra presencia, sin atrevernos a reprenderlos. Nos hacemos con nuestro silencio cómplice de su mala conducta y descubrimos una fe descomprometida y sin ninguna firmeza. ¿En quién creemos y qué defendemos? Es verdad que hay situaciones muy difíciles de descubrir y compartir y necesitamos luz y asistencia del Espíritu Santo.

Por eso, te rogamos Señor que nos des la sabiduría y el valor de discernir y de reprender todo aquello que sea motivo de injusticia, de mentira o de perdición. Y lo hacemos confiado en tu Palabra y en tu presencia, que nos invita a que te pidamos y te haces presente entre nosotros cuando nos reunimos en tu Nombre.

sábado, 6 de septiembre de 2014

TODO EN FUNCIÓN DEL BENEFICIO DEL HOMBRE

(Lc 6,1-5)

Sería absurdo e irracional pensar que hay cosas superiores al hombre. Sin embargo, alguno han llegado a pensar que el trabajo, la patria u otras cosas pueden priorizar al hombre. Aquellos fariseos y letrados tenían por ley anteponer el precepto de guardar el sábado por encima del bien del hombre. Ponían la ley antes que buscar el bien del hombre.

Hoy, después de dos mil catorce años, sigue ocurriendo lo mismo. Muchos anteponen el trabajo, bienestar, empresa, intereses, antes que el bien del hombre. Incluso antes que la vida de los niños nacidos y vivos en el vientre de sus madres. La ley que no libere y busque el bien del hombre deja de ser ley, porque lo que caracteriza a la ley es buscar el bien y servir al hombre.

De no ser así se convertiría en una ley esclavizante que hace sufrir y destruye. Una ley que oprime y mata. Todo ha sido creado para servir al hombre, y Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos lo revela al poner al hombre como el capricho amoroso del Padre.

Demos gracia al amor de Dios, por el que entrega a su único Hijo a una muerte de Cruz para rescatarnos del pecado y darnos la oportunidad de salvarnos y vivir gozosamente para siempre.

viernes, 5 de septiembre de 2014

GUERRA Y PAZ

(Lc 5,33-39)

Guerra y paz es el título de un película, pero hoy nos puede venir muy bien para nuestra reflexión del Evangelio, porque no podemos estar tristes cuando la alegría nos visita, ni vale estar en guerra cuando gozamos de días de paz. Cada cosa tendrá su tiempo.

Esta vivencia de nuestra vida la podemos aplicar a los momentos alegres o tristes que nos toca vivir a lo largo de la vida. Hay momentos de renuncias, de sacrificios y de oración, y hay otros momentos donde el descanso, la alegría o la fiesta nos deparan un buen rato. Dios, nuestro Padre, busca y quiere que lo pasemos bien. ¡Estariamos arreglados si Dios quisiera nuestros sacrificios y que lo pasáramos mal!

Otra cosa es que, llegado los malos momentos, quizás las guerras, por ambiciones políticas, envidias, soberbia...etc., y otros enfrentamientos, vivamos momentos de tristeza, de sacrificio o renuncias. Y es entonces cuando no debemos desesperar, sino vivirlos en justicia y paz y, sobre todo, en la Voluntad de Dios. La enfermedades y problemas, que llegarán, y eso lo sabemos todos, nos exigirán aceptación y renuncias que debemos vivirlas en presencia del Señor y en constante intimidad con Él.

Pero todo tiene su tiempo, y en tiempos de alegría debemos disfrutar, también en presencia del Señor que siempre está con nosotros, esos momentos que nos alegran el corazón y nos hacen la vida grata y hermosa. 

Pidamos al Señor sabiduría para saber discernir esos tiempos de oración, de búsqueda de justicia y de paz sin desviarnos de su presencia y Voluntad. Amén.

jueves, 4 de septiembre de 2014

LA ATRACCIÓN DE JESÚS


(Lc 5,1-11)

Jesús desprende admiración y la gente se agolpa a su derredor. Hay deseos, inquietud y esperanza en sus Palabras. El Evangelio de hoy nos dice: "En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios". Porque, supongo yo, la Palabra de Dios iba directa a dar respuesta a sus problemas, a sus inquietudes, a sus ansias de salvación.

En una primera enseñanza, ¿proclamamos nosotros una palabra liberadora y en consonancia con las respuestas que se le plantean al hombre de hoy? Porque quizás nuestras palabras se alejan de los problemas y la realidad en la que el hombre vive hoy. Sin lugar a duda, su ansias de salvación son la misma. Buscan la felicidad y la vida eterna, pero sus circunstancias y entorno son otros.

Jesús, quizás, y esto lo pienso yo, aprovecha la ocasión para afirmar su origen Divino, y el Poder que ha recibido del Padre. Obra la pesca milagrosa, y donde no han podido pescar nada los apóstoles durante toda la noche, Él hace el milagro de que recojan dos barcas casi dispuestas a hundirse. Sus Palabras quedan respaldadas por su Poder y sus hechos. El Evangelio nos dice sobre la respuesta de respecto a Pedro: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 

La respuesta de Jesús no se deja esperar:«No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron. ¿Estamos nosotros también dispuesto a dejarlo todo y seguirle? Esa es nuestra pregunta y a la que debemos dar respuesta. Pero nunca solos, sino auxiliados e injertados en el Espíritu Santo. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

BUSCAR LA SALVACIÓN ETERNA

(Lc 4,38-44)

Te pido Señor que no busque mi bien en este mundo, porque ganar aquí supone perderte a Ti. Tú te pones el último y al servicio de todos. ¡Quizás esa sea la clave de tantos que buscamos al Señor! No lo hacemos por un deseo firme de cambiar y desprendernos de nuestros egoísmos, sino por buscar la cura de nuestras enfermedades. Y, lo peor, que curados no nos ponemos al servicio, como la suegra de Pedro, sino que nos olvidamos y seguimos encerrados en nuestros egoísmos.

Peor todavía, le rechazamos cuando descubrimos que nos cuesta esfuerzo abrirnos al perdón, a la entrega y servicio de los demás. Cuando experimentamos que sin estar con y en Él no podemos dar un paso, y, en lugar de buscarlo, huimos de su presencia. Porque su presencia nos cuestiona, nos interpela, nos inquieta y nos invita, nunca nos impone, a cambia, a salir de nosotros mismos y morir a nuestras ambiciones y apegos, a nuestras satisfacciones y egoísmos.

Sin lugar a duda, nuestra naturaleza, herida y enferma por el pecado, nos somete y nos arrastra al vicio, a los apegos y apetencias. Buscamos, pues, saciarnos y satisfacernos y sólo miramos el bien de nuestro egoísmo. Por eso, Señor, dame la sabiduría de buscarte, no en tanto satisfacerme, sino en sanar mi alma y convertir mi endurecido corazón en un corazón de carne, generoso y entregado al servicio por amor.

Señor, dame la Gracia de buscarte para, asistido por el Espíritu Santo, ser tu testigo y ayudarte, en lugar de reclamarte sólo para mí, a proclamar tu Mensaje. Un Mensaje de Amor y de Vida Eterna. Amén.

martes, 2 de septiembre de 2014

AUTORIDAD, EJEMPLOS Y CLARIDAD



No son palabras oscuras, confusas o dubitativas. Su Palabra es clara, concisa y firme, y no da lugar a duda. Además es proclamada con la autoridad y sus ejemplos, entre sacados de la vida del pueblo, dan testimonio de lo que proclama con nitidez y claridad. Y, sobre todo, acoge, se preocupa y cura. Cura dolencias y enfermedades.

Lo que proclama responde y es coherente con la Palabra que sale de sus labios. Jesús sorprende porque es diferente y proclama con autoridad. La autoridad que le viene dada de ser el Hijo de Dios Vivo. Desprende admiración y su fama se extiende por todos los lugares de la comarca. 

Posiblemente, tanto a ti como a mí nos atrae su Palabra, y nos gusta y nos sorprende. Sentimos admiración por su Persona y por su Vida. Sin embargo, no nos decidimos por responderle de forma firme, segura e incondicional. Ponemos peros y le seguimos con pasos dubitativos e indecisos. 

Como los apóstoles nos asaltan las dudas y no llegamos a comprenderle, pero, al contrario que ellos que optaron por seguirle y entregar sus vidas por Él, nosotros seguimos dando pasos indecisos y llenos de contradicciones. Nos hace falta valor y sucumbimos ante las heridas de nuestros propios pecados. Necesitamos fortalecer nuestra voluntad y apuntalar nuestra fe para no desfallecer ante las adversidades.

Te pedimos, Señor, la Gracia de saber soportar los momentos de zozobra y huracanes que azotan nuestra pobre naturaleza herida por el pecado, e injertados en Ti fortalecernos por la savia de tu Gracia para, como los apóstoles, no bajarnos de tu Barca. Amén.


lunes, 1 de septiembre de 2014

ENVIADO PARA LIBERAR

(Lc 4,16-30)


No viene Jesús a proclamar, sino a liberar. Y eso es lo que proclama: "La liberación del hombre": «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Jesús viene a salvar. Salvar a los pobres, a los cautivos; devolver la vista a los ciegos que caminan en la oscuridad y dar libertad a los oprimidos, explotados y excluidos. Pero, para eso tenemos que cumplir esa condición, pues quien no es pobre, ni se siente oprimido, sino que oprime. Quien no está excluido, sino que se permite excluir, o no se siente ciego, ni que camina en la oscuridad, difícilmente podrá ser curado, alumbrado o liberado.

Posiblemente, Jesús actúa fuera de su pueblo porque es en su pueblo donde no se le cree. Viene la curación a una pobre viuda de Sarepta de Sidón y a un leproso sirio, Naamán. Ambos necesitados. Una en su pobreza económica y otro en su pobreza física, pero ambos pobres y necesitados. Es en la humildad donde está el camino del encuentro con el Señor, y quien no es humilde opta por otros caminos que no llevan al encuentro con Jesús.

Sólo desde la necesidad y la pobreza podremos encontrarnos con Jesús, porque Él viene especialmente para eso. Y quien no es capaz de humillarse, de abajarse, de experimentarse pobre, no podrá experimentar el alivio, la cercanía y la presencia de Jesús, el Hijo de Dios verdadero.