lunes, 15 de julio de 2013

NO BUSCAMOS AMARNOS, SINO NEGARNOS

(Mt 10,34--11,1)

Esa es la cuestión, la búsqueda de nuestra propia negación. No se trata de encontrarnos con una vida más cómoda, más placentera y ausente de problemas, sino todo lo contrario. Jesús significa complicarse la vida, complicarse por los demás. Jesús significa vivir entre los que te enemistan, entre los que exigen tu perdón y tu propio olvido. Seguir a Jesús es vivir enfrentado por amor y en el amor entre los demás.

Y eso supone un seguimiento total. No puedes detenerte en tu padre, madre, hijos o hermanos. Nada ni nadie puede interponerse en tu camino hacia el Señor. Si así ocurre, se nubla el camino y se pierde la estela que alumbra tu seguimiento. Y sin Él nada tiene sentido.

Seguir a Jesús nos presenta un camino de contradicciones. Por un lado, nuestro propio ego nos inclina a buscar nuestras satisfacciones, nuestras apetencias e ir en sentido contrario nos supone esfuerzo. Olvidar todo eso cuando lo sentimos en nuestro cuerpo nos complica la vida, y darnos, matando nuestra soberbia, nuestra codicia y egoísmos, termina por matarnos.

Pero ese es el camino, morir a nosotros mismos. Quien se olvida de sí mismo y se da, gana la verdadera vida, más quien piensa en él y se procura su bienestar, la pierde. Así de duro y claro. El camino es darse como lo ha hecho nuestro Señor Jesús. Nos cuesta, es verdad, pero se puede si el camino lo hacemos con Él. Lo malo es querer recorrerlo nosotros solos.

¡Pero lo más sorprendente, detrás de esa negación encontramos lo que buscamos: la felicidad eterna!

domingo, 14 de julio de 2013

EL AMOR SE NOTA

(Lc 10,25-37)

No es, el amor, algo que se dice, se rumorea, se habla y nadie lo ha visto. No, el amor es algo que se nota en gran manera y se nota hasta el punto de producir efectos tan maravillosos como que cambia la vida de cualquier persona. Así, el amor que el Padre nos tiene a cada uno de nosotros, por insignificante que nos creamos, es tanto que nos hace importantes, grandes y dichosos hasta la eternidad.

Un amor que desborda hasta el punto de derramarse y contagiar a otros. Sólo si no nos llenamos en abundancia seremos capaces de no derramarlos e interrumpir la cadena de contagiar amor del bueno, del que nos transmite Jesús. Hoy, en su Palabra, nos transmite como hemos de vivir ese amor, y a través de la parábola del buen samaritano nos sienta el criterio de cómo hay que amar.

Pero, ¡abramos los ojos en el Espíritu Santo!, para darnos cuenta que cada día y a cada instante hay muchos prójimos que necesitan la asistencia de un buen samaritano. Porque soy un buen samaritano cuando estoy atento y respondo al saludo de los demás; cuando tomo conciencia que con quienes me relaciono son hermanos en Xto. Jesús, y reclaman todas mis atenciones; porque también, con y en nuestros blogs, damos nuestro servicio, nuestro tiempo, nuestro apoyo y compartimos nuestra fe... Hay muchos momentos de nuestro cada día en los que podemos ser un buen samaritano.
 


sábado, 13 de julio de 2013

DISCÍPULOS Y MAESTROS

(Mt 10,24-33)


Señor, si Tú has sufrido hasta una muerte de Cruz, y todavía hoy continúas sufriendo mis ofensas y también mis indiferencias; mis apegos y comodidades... ¿cómo pretendo yo tener un camino más cómodo? ¿Acaso soy mejor que Tú? ¿Acaso merezco más que Tú? ¿Acaso puede el discípulo y esclavo ser más que su maestro?

Descubre en mi corazón Señor la luz que ilumine mi vida para comprender que mi verdadero camino es un camino de Cruz como el Tuyo. Y dame la fortaleza de asumirlo y aceptarlo; de compartirlo y vivenciarlo en mi vida, porque amaré en la medida que serviré a mis hermanos.

Y para servir hay que igualarse porque, si estás por encima o por debajo difícilmente podrás servir. Mejor serás servido o servirás por obligación. El servicio se hace servicio cuando es desinteresado y gratuito, porque esa actitud revela que es por amor. De nos ser así es servidumbre por trabajo.

Lo que queda es lo que perdura, y nada perdura sino el amor. En el recuerdo permanecen los actos buenos que hacen las personas. Se habla de ellas, no por lo que han tenido sino por lo que han hecho de bueno, y es eso, el amor, lo que nos hace feliz. Por eso, solo seremos felices en el Amor de Dios y cuando descansemos en Él.


viernes, 12 de julio de 2013

OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS



Mantener la prudencia y la sencillez es alto difícil en un mundo lleno de codicia, de avaricia y soberbia. Es casi una utopía, a menos que estés dispuestos a amar, porque solo el amor es capaz de vencer. Pero, ¿cómo amar y hasta cuando? No cabe duda que necesitamos una referencia y un modelo, y, claro está, que solo hay uno: Jesús de Nazaret, el único que ha vencido el desamor del mundo.

Hoy, el Señor nos dice: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 

Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

¿Estoy yo dispuesto a caminar prudentemente y sencillamente, injertado en Xto. Jesús, entre este mundo de lobos que me ha tocado vivir? 

Esa es la reflexión que el Papa Francisco también nos advierte:
Si queremos seguir a Jesús de cerca, no podemos buscar una vida cómoda y tranquila. Será una vida comprometida, pero llena de alegrías. Papa Francisco.
 

jueves, 11 de julio de 2013

UNA SEGURIDAD PARA ASEGURAR A OTRA



Nuestra vida se compone de superponer seguridades. Tras una seguridad pensamos en buscar otra que asegure a ésta por si la otra falla. Y así todo el mundo asegura lo que tiene por si las cosas cambian. No quiero reflexionar sobre si esto está bien o no, sino sobre la actitud de desconfianza en nuestra vida que nos inclina a prever y asegurar todos nuestros pasos.

A veces el camino se hace insoportable pensando que este paso puede ser fatal, o más allá puede acecharnos un peligro. Y pensamos en una póliza para el camino, la excursión o el viaje. Vivimos en constantes procesos de asegurar todos nuestros instantes, y sin embargo, sabemos que tarde o temprano todo fallará.

Por el contrario, hay un seguro que nos promete vigencia infinita y garantía infinita, y además, nos sorprende porque es gratis. ¡No cuesta nada! Y nos exhorta a no cuidarnos mucho ni prever sino lo suficiente: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

Tendremos seguro el salario, un salario de Vida Eterna prometida por quien puede prometerlo, pues Él ha Resucitado, y en Él todo se ha cumplido. Ocurre como siempre, somos tan ciegos que elegimos siempre lo peor, aunque aparentemente a nuestros ojos nos parece haber elegido bien.

miércoles, 10 de julio de 2013

¿SOY YO TAMBIÉN ELEGIDO?

(Mt 10,1-7)


Cuando alguien recibe una buena noticia, inmediatamente sentimos el deseo de comunicarla. Sobre todo a aquellas personas más próximas, porque, entre otras cosas, queremos compartirla y extender ese deseo de gozo y alegría a otros que sabemos que también gozan y se alegran.

Esa experiencia es común a todos los hombres y todos las hemos experimentados. De la misma manera, cuando la noticia es triste, también sentimos la necesidad de compartirla, al menos con las personas más allegadas e íntimas, porque de esa manera aligeramos el peso de la tristeza.

¿Cómo entonces no vamos a compartir y a proclamar la Buena Noticia de sentirnos salvados, redimidos, perdonados y amados por nuestro Padre del Cielo? Lo bueno es necesario conocerlo para quererlo, y la Noticia de que Dios es nuestro Padre y ha enviado a su Hijo para rescatarnos por el amor es la mejor noticia que podamos oír. Por eso, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. 

También nosotros, desde nuestro entorno, desde nuestras circunstancias y situación no podemos callarnos. Dependiendo de la llamada que el Espíritu nos aliente, debemos ser testigos gozosos de la Palabra de salvación que llevamos en nuestro corazón. Y experimentamos que cuando compartimos la fe, esta se fortalece.

martes, 9 de julio de 2013

¡CONTRADICCIÓN!

(Mt 9,32-38)

No parece lógico ni de sentido común que haya mucha gente que se confiese creyente, y luego, a la hora de arrimar el hombro no parecen tantos. ¿Cómo se puede entender esto? No se puede entender que en las Eucaristías dominicales, hablamos de España, asistan millones de fieles, se dice sobre unos ocho millones, y luego se pueda aprobar la ley del aborto.

No encaja ni cuadra que en un mundo creyente se descubra tantas injusticias, corrupciones y mentiras. Algo falla y el sentido común nos dice que no todo lo que parece es. Hay cosas que se contradicen y solo se entienden desde la realidad, que no son tantos como parecen. O dicho de otra manera, hay mucha ligereza en confesar la fe, pero poco compromiso en ser consecuente con lo que se confiesa. O también, mucha hipocresía. La realidad es la que Jesús nos dice: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

El problema es el de siempre, la falta de fe. No nos cuesta aparentar, quedar bien y... pero no damos el paso al frente. Las parroquias están desprovistas de creyentes comprometidos, y la sociedad también. No se distinguen los creyentes de los no creyentes. No hay suficiente levadura para fermentar la masa social que anda corrompida y perdida. Evidentemente, se necesitan más obreros.