domingo, 7 de diciembre de 2014

RETOMAMOS EL CAMINO DE SALVACIÓN

(Mc 1,1-8)


Cada día es un volver a empezar. Empezamos cada mañana ofreciendo y disponiendo nuestro corazón y todos nuestros actos en la actitud de vivenciar los valores del Reino, tal es la Voluntad, que espera y desea Dios de cada uno de nosotros. Y experimentamos la necesidad de pararnos y ofrecernos en cuerpo y alma, junto a la Madre Virgen y maestra y a toda la Iglesia, poniendo en sus Manos y a su disposición nuestra voluntad, para que el Espíritu Santo nos guíe y dirija.

Es una preparación, como inició Juan Bautista, en los comienzos del Reino de Dios. Una preparación que prepara nuestro corazón al arrepentimiento y a la apertura a la llegada del Hijo de Dios. Es el día que marca el inicio de nuestra hora, la hora de la salvación. Juan lo prepara con un Bautismo de agua, un Bautismo de esperanza, pero el que ha de venir, Jesús de Nazaret lo hace con el Bautismo del Espíritu de Dios.

Un Bautismos de salvación que limpia y perdona los pecados; que nos hace hombres nuevos capaces de, injertados en el Señor, vivenciar los valores del Reino y construir un mundo donde reine la verdad, la justicia y la paz. Cada instante es un reto a saber discernir cuando hay que morir para, despojado de mi egoísmo, servir al que lo necesita y lo pide. Te pedimos, Señor, nos concedas esa Gracia como regalo de la celebración de tu nacimiento.

Vivamos la preparación del anuncio de Juan el Bautista con el entusiasmo y la esperanza que la Noticia más grande y más esperada se merece. Amén.


sábado, 6 de diciembre de 2014

QUIZÁS SEAN POCOS LOS QUE TRABAJAN

(Mt 9,35—10,1.6-8)

Sin lugar a duda, la mies es abundante y los obreros pocos, pero quizás no sea porque sean pocos, valga la redundancia, sino porque pocos son los comprometidos a poner primero los asuntos de Dios y luego los suyos propios, incluso los familiares. 

No hay nada que temer porque teniendo a Dios por centro y motor de mi vida, mi prójimo, entre ellos mi familia, será objetivo de mis cuidados y atenciones. Tener a Dios por prioridad en mi vida, es tener al hombre como prioridad de mis servicios y atenciones. Es poner mi mirada en vivir la Verdad de la Palabra de Jesús en mi relación con el mundo en el que vivo, aterrizando en mis relaciones con los demás.

Sentirme enviado por Jesús es despojarme de mí para darme al otro que sufre, que tiene necesidades y carece de medios. Quizás no sea el dinero lo más importante porque hay muchas otras cosas que dar: una sonrisa, buen humor, paciencia, comprensión, respeto, silencio, justicia, buena intención, evitar murmurar, malas intenciones... y hasta la salud. 

Porque así nos ha enviado Jesús.Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

Pidamos al Señor la fe de sabernos enviados con la autoridad que Jesús nos ha dado y, a pesar de nuestras dudas, abandonémonos en su Manos confiados en su Palabra. Amén.

viernes, 5 de diciembre de 2014

¿CREES QUE JESÚS TE PUEDE CAMBIAR?

Mt 9, 27-31


Sucedió a aquellos ciegos. Seguían a Jesús e, imagino, tendrían sus dudas. Dudas de que Jesús los atendiera, pero sobre todo que les abriera sus ojos a la luz. ¿Quién era Jesús? Sin embargo, hay algo que les mueve a caminar, a seguirlo y a perseveran en su ruego de conseguir ver. ¿Será esa la fe? ¿Será esa la condición que nos pide Jesús?

¿Crees tú, y también yo, que Jesús puede transformar nuestro corazón? ¿Realmente lo creemos? Podemos pensarlo meditadamente y posiblemente, pienso, nos aparecerán las mismas dudas que esos ciegos. En el camino dudaremos, como dudamos en nuestra vida, y muchas veces nos preguntaremos quien es Jesús. Nuestra fe es pobre, débil y muy proclive a romperse, a perderse y evaporarse.  Razón fundamental para estar muy cerca de Él. Le necesitamos urgentemente. 

Más que aquellos ciegos y iban tras sus pasos. Necesitamos también gritarle a Jesús que nos devuelva la vista. La luz para verle, para divisarlo a nuestro lado, para alumbrar nuestro corazón y sentirle cercano, presente y futuro. Para sentirle siempre y eterno.

Quizás Jesús no quiere de nosotros más que le sigamos y que nos dejemos curar: Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Respondemos también nosotros a la pregunta de Jesús: Sí, Señor. Y lo buscamos para que cambie nuestros corazones de piedras en corazones de carne, generosos, solidarios, compasivos y misericordiosos. ¿Y, a pesar de nuestras dudas, confiamos que Jesús lo puede hace?

Hagamos lo de los ciegos, seguir caminando tras Jesús e insistir aunque sintamos desfallecer o no sentir la fe que quisiéramos sentir. Continuemos caminando hasta que el Señor quiera preguntarnos que queremos, y, estando cerca, respondamos inmediatamente que Sí, Señor.

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿CUANDO EL HOMBRE DEMUESTRA SER INTELIGENTE?

Mt 7, 21, 24-27

Sabemos que no es lo importante prometer, sino el cumplir la promesa. Porque se habla mucho, pero luego de lo mucho hablado, poco se cumple. De ahí nace la desconfianza y, por consiguiente, la necesidad de dejar la palabra hablada bien escrita y recogida en documentos publico y ante notario y testigos.

Hoy, en estos tiempos que vivimos, se hace muy difícil confiar, y la confianza es un tesoro perdido. No sería muy difícil adivinar que un hombre es inteligente en la medida que se esfuerce en cumplir lo que habla y lo que promete, porque eso al final le hará acabar bien y ser respetado y admirado como caballero por los demás. De nada sirve lo otro, la mentira y lo falso, pues al final se hundirán descubiertas en lodazal de las arenas movedizas.

Hay muchos hombres poco inteligentes, porque lo demuestra el hecho de que no cumplen sus palabras y de qué eligen vivir en la mentira y el engaño a servir a la justicia y la verdad. Son hombres y mujeres de muy poca cabeza. Poca cabeza para lo verdaderamente importante, para construir su propia casa sobre roca. Sobre roca firme que las tempestades no la hagan zozobrar y la amenacen con destruirla.

A pesar de la experiencia, el hombre sigue construyendo su casa sobre arena movediza sin percatarse que está edificando su propia muerte. No reacciona ni se da cuenta que se hace necesario construir sobre roca firme que le salve de toda amenaza de destrucción. Su egoísmo le ciega y se aparta de la única y verdadera fuente que le ilumina y le puede indicar el camino de salvación.

Vivir en la verdad, en la justicia y en los valores del amor es vivir en la seguridad de que tu casa está bien firme y sedimentada en la Roca del Señor, Fuente de toda protección y verdadero Amor. De ahí que quienes no descubran este camino quedarán sepultados y ciegos por el camino de la perdición.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

SÓLO LE SIGUEN LOS POBRES Y NECESITADOS


(Mt 15,29-37)

Ocurre que vamos detrás de alguien cuando nos interesa. Sucede en el amor romántico, en el interés profesional, en la enfermedad...etc. A Jesús lo seguía mucha gente por interés de salud. Muchos lo confundían con un extraordinario curandero, médico o persona milagrosa. Sus curaciones no se explicaban a la luz de la ciencia. Superaban las leyes naturales y sorprendían a propios y extraños.

Jesús era un ser especial, diferente, lleno de compasión y misericordia. De Él emanaba una energía curativa, relajante, llena de paz y de amor. Realmente Jesús era alguien muy especial hasta el punto de preocuparse porque no tenían nada que comer. Y su generosidad y preocupación le impulsaron a realizar el milagro de los panes y los peces que hoy nos relata el Evangelio.

Todo esto nos descubre e interroga sobre nuestra actitud actual. Porque Jesús continúa curando y sanando a mucha gente. Continúa haciendo milagros de panes y peces y preocupándose por cada uno de nosotros. ¿Y nosotros? ¿Seguimos a Jesús por intereses de cualquier tipo, o le seguimos porque creemos que es el Hijo de Dios Vivo? ¿Estamos convencidos que el Señor es nuestra salvación y la razón de nuestro vivir? ¿Estamos convencidos que esa felicidad y eternidad que buscamos, el único que nos la puede dar es Jesús?

Supongo que sí, al menos lo que nos esforzamos cada día por vivir en su Voluntad. Pero también somos conscientes de nuestras debilidades, de nuestros pecados y de nuestras inclinaciones humanas, y sabemos que sin el Señor estamos a merced del Maligno. Por eso le buscamos, le seguimos y le rogamos que nos dé paz, sabiduría y fortaleza. Amén.

martes, 2 de diciembre de 2014

SOLAMENTE ES AGRADECIDO QUIEN SE EXPERIMENTA PEQUEÑO

(Lc 10,21-24)
 
Cuando alguien da gracias es porque siente en lo más profundo de su ser el favor del bien recibido. Dar gracias presupone sentirse necesitado, pequeño y agraciado por el bien recibido. Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de Dios, por lo que nuestra vida debe ser en canto de alabanza y agradecimiento a su Amor y Misericordia.

Porque no merecemos nada, y hemos recibido todo y la promesa de nuestra salvación eterna si somos capaces de reconocernos agradecidos y vivenciar en nuestra vida alabanza y agradecimiento al Señor. Hoy Jesús da gracias al Padre, lleno de gozo del Espíritu Santo, por haber revelado estas cosas a los pequeños, porque solamente se es agradecido y se abre el corazón cuando se experimenta la pobreza y la pequeñez.

Te pedimos, Señor, nos des la Gracia de conocer al Padre. Ese Padre que Tú has venido a revelarnos y a decirnos que nos ama hasta la locura de entregar al Hijo encarnado, por la redención y salvación eterna de todos los hombres. 

Danos la fe del centurión y la humildad de reconocernos pequeños, lo que realmente somos, para poder escucharte y seguirte dándote alabanzas de gratitud. Amén.

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿TENEMOS NOSOTROS LA FE DEL CENTURIÓN?

(Mt 8,5-11)

Sucede que pedimos muchas cosas, sobre todo por las curaciones de enfermedades que nos afectan a nosotros o familiares y conocidos. Pero, quizás lo hacemos por rutina, porque no hay otro remedio ni otra cosa que podamos hacer. Nos decimos: no queda otra cosa que hacer sino rezar.

La pregunta que nos sugiere hoy el Evangelio es: ¿Realmente, rezamos con algo de fe? Podemos suponer que nuestra fe es débil y muy frágil. Hoy vemos que el Evangelio nos pone de modelo una fe que se fía con confianza, y lo hace hasta el punto de decir: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». 

Es tanto el ejemplo y testimonio de fe de aquel centurión que la Iglesia ha elegido esa frase recogiéndola en la Eucaristía Eucarística. Y nosotros quedamos reflejados y cuestionada nuestra fe por la de aquel centurión pagano. Indudablemente, nuestra fe queda descubierta como una fe débil, sin consistencia y que no llega ni a un grano de mostaza como diría Jesús en otro momento.

Porque de tener una fe cerca de la que tuvo aquel centurión, nuestra respuesta y nuestro vivir sería otro. Por eso, cuestionados por la fe del centurión, queremos Señor, pedirte que aumentes nuestra fe, para que seamos capaces de vivir en tu Palabra dispuestos a vivirla con todas las consecuencias que de ello se deriva. Amén.