sábado, 9 de noviembre de 2013

ATENDIENDO A SUS INTERESES

(Jn 2, 13-22)


Rezamos y cumplimos nuestros compromisos u obligaciones, pero nuestro corazón está partido. A media con la ley y a media con Dios. En él hay quizás más de este mundo que del Reino de Dios. Nuestras primeras prioridades siguen siendo las de aquí abajo, las materiales, las caducas: riquezas, poderes, la ambición de tener más que el otro... Así, todo lo que tocamos lo corrompemos. 

Nos buscamos, y en esa búsqueda egoísta excluimos a todos y todo lo demás. Sólo pintamos nosotros y nuestros intereses. No es de extraño, contemplando todo esto, que nuestros templos sean lugares de reunión pero no de celebración y encuentro con el Señor. De alguna forma continuamos vendiendo, comprando, cambiando nuestros intereses y autoengaños de hoy.

Necesitamos purificarnos y limpiarnos por fuera, pero más por dentro, para que, convertido nuestro corazón, convirtamos también el lugar donde nos reunimos y nos encontramos sacramentalmente con el Señor.

Dejemos entrar la Gracia del Espíritu Santo en nuestro corazón, para, transformados, adoremos al Señor en espíritu y en verdad.

viernes, 8 de noviembre de 2013

ME SORPRENDE QUE TÚ NO ACTÚES IGUAL

Lc 16, 1-8

Esa es la pregunta que muchas veces me hago: ¿cómo es posible que las personas vayan por la vida sin pensar en el momento de la muerte? Porque si así fuera, su actitud y su manera de vivenciarla sería diferente. Porque, ¿qué pasará cuando llegue el momento de mi despido? Despido de este mundo. ¿De y cómo voy a vivir en el otro?

Hoy, el mayor problema de todos los españoles es el paro. La gente se pregunta cómo voy a vivir si no consigo un trabajo. Es la misma pregunta que se hizo el administrador infiel: ¿Y ahora qué? Y su inquietud y preocupación le llevó a actuar de una manera determinada. Trato de buscar soluciones a su despido y a su futuro, y lo puso por obra. Esa actitud la alabó el Señor, porque descubre astucia y disposición a moverse y tomar riesgos. Riesgos porque quiere salvar su futuro.

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos para solucionar nuestro futuro? Porque el trabajo y la vida de este mundo termina para empezar otra. Eso nos ha prometido Jesús, y su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Él ha vencido la muerte y, también nosotros la venceremos en Él. ¿Qué hacemos, como ese administrador infiel, para salvar nuestro futuro? La solución está en nuestras manos, porque las del Señor no fallan.

jueves, 7 de noviembre de 2013

SE NOTA CUANDO ALGO LLENA TU CORAZÓN

Lc 15, 1-10


No hace falta tantos cuidados o preparación, los sentimientos no se pueden esconder y cuando el corazón está lleno de ellos, ellos brotan y contagian. Hablan y transmiten lo que bulle y arde dentro de sí, y proclaman a los cuatro vientos que Jesús es el Hijo de Dios.

Eso quizo decir Jesús a los fariseo y escribas cuando les dice la parábola de la oveja perdida. O la de la mujere que teniendo diez dracamas, una se le pierde. Tanto en uno u otro caso la fiesta es el motivo principal por haber hallado a la oveja o encontrado la dracma. 

Sí, porque es una Fiesta descubrir y encontrar a Jesús, el Hijo de Dios vivo. Porque cuando se encuenta, se nota. El corazón se llena de alegría, de gozo y de paz, y rezuma esperanza y deseos de transmitirlo y contagiarlo. La vida se llena de colores y se hace Fiesta, porque ha entrado la salvación, la verdadera salvación en nuestro corazón.

Y eso no se puede improvisar, aparentar, falsear... porque también se nota y termina por hacer mucho daño. Cuando el encuentro se lleva guardado en el corazón, brota como la semilla, muere y da frutos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

SEGUIRLE ES DEJAR LO DEMÁS DETRÁS

(Lc 14,25-33)

Alguien se compromete con una tarea concreta, supone que esa tarea será cumplida en plenitud. Incluso por encima de otras cosas, salvo causas muy justificadas de índole familiar o laboral o de enfermedad. Se supone también que el sentido común nos dice eso y lo consideramos lógico y normal.

Sin embargo, el Reino de Dios no es de este mundo y en él nuestra lógica no tiene cabida. Seguir al Señor es seguirle por encima de todo. Sean las causas que sean. Eso no significa que cosas muy importantes, como las ya nombradas, se dejen a la deriva o no se atienda como nuestra razón, compromiso y corazón nos señala e indica. Pero sin dejar de ver la prioridad de dejar todo para seguir al Señor.

Porque no podemos estar a dos velas, y justificar unas cosas cuando nos interesan otras. Seguir a Jesús es plantearse toda nuestra tarea desde ese compromiso y seguimiento. Que muchas veces coincide con el que nosotros pensamos debemos hacer. Porque cuando el amor dirige nuestra vida, por amor al Señor, todo lo demás tiene su justo tiempo, su servicio y compromiso y su entrega. Pues es de eso de lo que se trata cuando decidimos seguir al Señor.

Y en ese seguimiento, garantizamos recibir y tener las necesarias fuerzas para llevar a cabo esas tareas que nuestra vida nos demanda en el camino que recorremos junto al Señor.

martes, 5 de noviembre de 2013

ESTAMOS INVITADOS



Nadie está excluido, sin embargo muchos se excluyen por sí mismo. La parábola que Jesús nos cuenta hoy, explica muy claramente lo que ocurre en la realidad. Todos estamos invitados y llamados a gozar de la vida eterna en plenitud, pero muchos la rechazan porque, al parecer, tienen cosas más importante que atender.a

Porque según donde pongamos nuestro corazón, pondremos nuestras inquietudes y nuestras valoraciones. Así damos más importancia, por paradójico que parezca, a las cosas de este mundo: dinero, riquezas, bienes, poder, placer...etc., que a los valores espirituales y, sobre todo, a la Vida de la Gracia que Jesús nos ofrece como Camino para conseguir lo que realmente buscamos: la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Así, todos estamos llamados a participar y gozar de ese banquete al que, muchos, como nos cuenta la parábola (Lc 14, 15-24) rehusan asistir por asuntos que consideran más importante. Asuntos que, por propia experiencia, experimentamos caducos y que al final de nuestra vida no valen para nada.

Pidamos paz, sabiduría y fortaleza para encontrar luz que nos alumbre el camino que nos conduzca al banquete eterno que estamos invitado.


lunes, 4 de noviembre de 2013

ESÉÑAME A DAR SIN ESPERAR RECIBIR


Lc 14,12-14)

Por inercia, sin apenas tiempo para pensarlo, en décimas de segundo, cuando damos esperamos recibir. Es nuestra condición pecadora, humana, imperfecta, egoísta la que nos traiciona. No podemos evitarlo. Nuestros pobres criterios, no vemos más, exigen dar y recibir. Tanto doy, tanto recibo. Y nuestra jerarquía de valores se mide en base a esas dádivas.

De tal forma que, quien no tiene nada que dar, poco recibirá, y disimuladamente será excluido o apartado del grupo de los privilegiados. Y eso, también nos lo dice el sentido común, no es amor. Eso es egoísmo aunque nuestro lenguaje farisaico lo disfrace de amor. Jesús lo denuncia y hoy nos lo recuerda:

«Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos».

No hay duda. Queda bastante claro, y lo entendemos todos. Se trata de amar sin esperar nada a cambio, y la mejor oportunidad para eso es dar a quien no te pueda pagar. Es la prueba del algodón porque ahí la apariencia brilla por su ausencia.

Recemos para que nuestros actos estén guiados por el verdadero amor, que no busca la conveniencia, sino el interés y bien del otro sin esperar nada a cambio.

domingo, 3 de noviembre de 2013

LA INQUIETUD DE CONOCER


(Lc 19,1-10)

Curiosidad, inquietud o simplemente deseos de conocer son los móviles que nos impulsan a movernos y tratar de encontrarnos con ese Jesús del que tanto se habla. Su personalidad atrae y despierta curiosidad, y Zaqueo, aquel jefe de publicano, se sintió atraído por la Persona de Jesús.

Y no reparó en gestos o esfuerzos para tratar de satisfacer esa curiosidad, hasta el punto de subirse a un árbol, pues era pequeño de estatura, con el fin de conseguir verlo. Su inquietud por conocerlo superaba a sus miedos al ridículo o al compromiso. Nunca sabremos como transcurrió aquella conversación de Zaqueo con Jesús, pero si sabemos los resultados de la misma.

Zaqueo transforma su vida, hasta el punto de compartirla con los más desfavorecidos y adquiere el compromiso de restituir cuatro veces más a todo aquel del que considere haberse aprovechado. Queda al descubierto que el encuentro de Zaqueo con Jesús tuvo sus consecuencias y compromisos, y es que sólo hay encuentro cuando de él se desprenden cambios y transformación en la vida de la persona.

¿Está nuestra vida sufriendo y descubriendo ante los demás estos cambios y transformaciones? ¿Hay respuestas al encuentro con Jesús que transforman mi vida?