domingo, 8 de mayo de 2022

EL BUEN PASTOR


Distinguir y conocer la voz y la llamada del Buen Pastor es la clave. Hay muchos pastores en este mundo, pero, el Pastor que buscamos no pertenece a este mundo. Por tanto, será imprescindible saber buscarlo y distinguirlo. El verdadero Pastor conoce a sus ovejas, son Palabras del mismo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Y esa es la pregunta que nos hacemos, ¿escuchamos la voz del Buen Pastor, o, distraídos y seducidos por este mundo escuchamos las voces de otros falsos pastores? 

La gran diferencia que debemos observar y advertir es que, mientras los pastores de este mundo buscan sus propios intereses, el Pastor, enviado por el Padre, busca el bien de las ovejas. Ese matiz nos descubre claramente donde está el buen pastor. Se nota enormemente. Podíamos poner muchos ejemplos, pero, será mejor que tú mismo los descubra por tu propio interés. Pregúntate quien te quiere de verdad, si el que te busca y te quiere para satisfacer también sus gustos, placeres e intereses, o el que se olvida de sí y, por encima de todo, busca tu bien.

sábado, 7 de mayo de 2022

ALIMENTO DE VIDA ETERNA

Jn 6, 60-69

Nadie puede negar que nuestra máxima aspiración y deseo es conseguir Vida en plenitud de gozo y felicidad eterna. Todos nuestros esfuerzos van en esa dirección, alcanzar el máximos bienestar corporal y, por qué no, también espiritual. Porque, si no tenemos paz de conciencia, tampoco tendremos felicidad corporal. 

La paz integra cuerpo y espíritu. Y, nuestra experiencia, nos lleva a buscar y alcanzar esa felicidad integra de cuerpo y alma – espíritu – que nos equilibra y nos da paz y, por consiguiente, felicidad. Pero, también sabemos que, en este mudo no se encuentra ni se consigue. Llegamos al final de nuestra vida y, fuera de Dios, no hay paz ni gozo. Solo en Él experimentamos ese gozo y felicidad eterno.

De ahí la importancia del alimento que da esa eternidad, el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesús. Él se ha quedado bajo las especies de pan y vino para ser nuestro alimento espiritual que nos fortalece, nos transforma y nos llena de paz y gozo en esa travesía peregrinante por este mundo. No somos del mundo, sino que, a través de él peregrinamos a la Casa del Padre. Necesitamos, pues, ese Pan de Vida Eterna para, fortalecidos en Él, superar todos los obstáculos del camino.

Creo y quisiera, terminar como lo hicieron los apóstoles, en el Evangelio de hoy, a la pregunta del Señor: ¿"También vosotros queréis marcharos"? Simón Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién iremos? Tú dices palabras de Vida Eterna. Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios". Y la pregunta que nos podemos hacer es: ¿Estamos también nosotros de acuerdo?

viernes, 6 de mayo de 2022

MI CARNE, VERDADERA COMIDA Y MI SANGRE, VERDADERA BEBIDA


Sus palabras son precisas y muy claras, Él es el Pan de Vida eterna. Nos deja sin más comentarios, simplemente puedo decir que creo firmemente en Él porque me fío de su Palabra y porque, dentro de mí arde un deseo de eternidad que sólo en Él encuentra respuesta. No es el mundo la respuesta a mis anhelos y deseos de eternidad. Ya vemos como nuestro andar por él es limitado y, unos ahora y otros después, desaparecemos. Jesús, el Señor, es la única y verdadera respuesta. Él es el Pan bajado del cielo que da Vida Eterna.

Texto del Evangelio (Jn 6,52-59): En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

jueves, 5 de mayo de 2022

YO SOY EL PAN VIVO BAJADO DEL CIELO

Hoy continúa Jesús hablando del Padre y de los que le ha dado el Padre. Sus Palabras son claras y esperanzadoras. Se nos presenta como el Pan vivo bajado del cielo. Sinceramente, me faltan las palabras. Conviene escuchar a Jesús y meditar serenamente y en paz sus Palabras. Nos va la vida, la felicidad y la eternidad que todos queremos y deseamos alcanzar.  Creo que basta con poner el Evangelio y leerlo con fe. Jesús ha venido a darnos esa felicidad eterna que tanto deseamos.

Sencillo, pero muy profundo: Texto del Evangelio (Jn 6,44-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

miércoles, 4 de mayo de 2022

PAN DE VIDA ETERNA

Jn 6,35-40

La experiencia nos descubre en el tiempo que la felicidad no se esconde en el poder ni, tampoco, en las riquezas. Otros la buscan en el éxito, la fama o el placer, y también, en el trascurso del tiempo experimentan que no está ahí. Saben, lo único seguro, que el tiempo de su juventud se acaba y que con la vejez llega también el tiempo del decrépito y de la soledad. Se experimenta la cercanía de la muerte y la insaciable necesidad de no encontrar esa felicidad tan desesperadamente buscada.

¿Qué ocurre?, nos preguntamos. Posiblemente, hemos ido por el camino equivocado. Hemos buscado amar, porque, necesariamente, el hombre es un ser en relación por amor, pero, hemos gastado ese amor en nosotros y de manera egoísta. Se nos ha ido la vida buscando amarnos sin mirar por la necesidad de dar amor a quien lo necesitaba. Hemos buscado donde no podíamos encontrar. La felicidad, la verdadera felicidad, se esconde en el amor ágape. En ese amor que no se queda ni se extasía en uno, sino que, saliendo de uno llega a darse en y para beneficio del otro, sobre todo, del necesitado. Y cuando se experimenta y se vive ese paso, se descubre que lo que se buscaba estaba ahí, la felicidad.

Descubrir que seremos felices en la medida que vivamos para y por amor; en la medida que nos demos en y por amor. Experimentaremos que nuestra felicidad será más plena y eterna. Pues, toda felicidad que proceda del mundo es una felicidad caduca, temporal y nunca plena. Solo, el Pan Eucarístico que nos da y ofrece Jesús para que comamos en la Eucaristía, su propio Cuerpo y Sangre, es Pan de Vida Eterna.

Jesús, el Señor, ha venido para hacer la Voluntad de su Padre. Y esa Voluntad es que no se pierda nadie de los que el Padre le ha dado, así leemos en el Evangelio de hoy: Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día». No hay ninguna duda, disipa la oscuridad que hay en tu corazón y cree en la Palabra del Señor.

martes, 3 de mayo de 2022

CAMINO, VERDAD Y VIDA


La vida es un camino que echa a andar en el momento que eres concebido en el vientre de tu madre. Sí, desde la concepción eres persona en formación y caminante. Y, después de nueve meses, aproximadamente, sales al mundo del día y la noche, del sol y la luna y del amor. Porque, te ha sido infundida un alma desde el mismo momento de tu concepción. Un alma cuyo destino es llegar a la Casa del Padre y cuyo camino, que empieza en ese momento, es el Señor Jesús, el Hijo de Dios.

Precisamente, en el Evangelio de hoy nos lo dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Y así es, Jesús, el Señor, es el Camino, la Verdad y la Vida, y, siguiéndole a Él llegaremos a la Casa del Padre. Pero, no solo eso, sino que haremos las obras que el hizo y hace si creemos en Él. Y esto son Palabras del Señor. No nos lo ha dicho por decirlo y asombrarnos, sino porque son palabras que tienen su cumplimiento tal y como todo se ha cumplido en Él. Por tanto, es cuestión de fe. Para Dios no hay nada imposible y, si lo pedimos en su Nombre, tal y como nos dice Jesús hoy, todo se hará:  Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Ahora nos toca a nosotros pedir esa fe y ponernos en las manos del Espíritu Santo. Él nos dará esa paciencia, esa perseverancia, esa fortaleza y misericordia para darnos en caridad y, sobre todo, aumentar nuestra fe.

lunes, 2 de mayo de 2022

ALIMENTO DE VIDA ETERNA

 
Jn 6,22-29
Es evidente que tanto ayer como hoy buscamos lo divino, el milagro, el poder de conseguir lo que creemos que necesitamos. Y, desafortunadamente, nuestra naturaleza humana – herida por el pecado – busca satisfacer sus apetencias, egoísmos ante que sus necesidades espirituales. Buscamos antes la salud, la sed y el hambre de nuestro cuerpo que el bien espiritual del mismo. Siempre caemos en el mismo pecado; siempre tropezamos con la misma piedra. Buscamos al Señor pensando en solucionar nuestros problemas y necesidades corporales y materiales, cuando, lo fundamental y para lo que el Señor ha venido es para salvarnos, para indicarnos el camino hacia la Casa del Padre. Y, claro, eso pasa por amar misericordiosamente como Él nos ama.

Aquella multitud de personas, después del milagro de los panes y los peces, buscaban a Jesús para seguir alimentando sus necesidades materiales: salud y hambre. No entendían lo que Jesús proponía y nos daba:  el alimento espiritual que, precisamente, es el único que sacia al hombre y le da la vida eterna, que anhela y persigue. Pero, ni se dieron cuenta muchos contemporáneos suyos ni nos damos cuenta ahora muchos creyentes y no creyentes. Es verdad que necesitamos el alimento del cuerpo y que hay que buscarlo, pero, ese alimento no nos resuelve el deseo interior e insatisfecho de vida eterna en plenitud. Está en Jesús, Pan de Vida Eterna. Son precisamente sus Palabras las que nos descubren esa ruta que, sometidos a nuestra naturaleza humana, nos confunde y desvía del verdadero camino: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».