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martes, 21 de abril de 2026

¿SIGNOS O FE

Jn 6, 30-35

En el fondo, lo que busca la gente es seguridad: garantizar su salud, sus necesidades materiales y hasta espirituales.

Pero esas seguridades nacen muchas veces de nuestro propio discurso, de lo que pensamos y proyectamos.

Queremos un dios a nuestra medida

No les interesan promesas ni futuro; buscan el presente: el pan y la seguridad de hoy, no la de mañana.

Aunque quieren creer, solo les convence lo inmediato. Lo de fiarse les cuesta.

Todos escuchaban perplejos las palabras de Pedro. Hablaba con convicción y reconocía que la gente, en su mayoría, busca su conveniencia.

—¿Qué dicen a esto que comparto? ¿Alguien tiene otra opinión?

Todos callaban, hasta que alguien, levantando la mano, dijo:

—No estoy del todo de acuerdo. Cargar la cruz de la incertidumbre, del riesgo o de la esperanza se hace pesado…

Dejó pasar unos segundos y, con talante reflexivo, dijo:

—… pero algunos esperan y soportan las dudas y confían —concluyó Agustín.

Fue en ese momento cuando Manuel intervino y, tomando la palabra, añadió:

—El hombre es limitado y débil. Necesita pedir que sus sueños y anhelos permanezcan vivos.

Hizo una pausa, tomó la Biblia en la mano, la abrió por el evangelio de Jn 6, 30-35 y continuó:

—En este evangelio, Jesús se nos revela como el pan de la vida…

Miró a todos con decisión y ternura y siguió:

—… El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed…

Dejó pasar unos segundos. Guardó silencio y concluyó:

—Olvídense de signos y las seguridades del maná; lo que el Señor nos ofrece es Pan de Vida Eterna.

En el ambiente flotaba el sentimiento de que solo así se encuentra el verdadero sentido de la vida: la tan anhelada trascendencia.

lunes, 14 de octubre de 2024

LA FE NO NECESITA DE SIGNOS

Queremos y exigimos signos. Signos que prueben lo que Jesús dice ser y de parte de quien venir. Es lo que normalmente oímos a muchos exigir: pruebas y signos que nos demuestren que Jesús es el Hijo de Dios. Pruebas de su Resurrección, de milagros y …etc. Erre que erre, siempre con la misma canción.

Y nos preguntamos: ¿Para qué entonces la fe? Si las pruebas no quitan de dudas y todo queda claro, ¿para qué necesitamos la fe? Eso sucederá cuando se termine nuestra andadura por este mundo, pero mientras tanto, nuestro Padre Dios quiere que nos fiemos de su Palabra, que seamos libres y decidamos creer en su Hijo, el enviado para anunciarnos esa Buena Noticia y la Infinita Misericordia de su Padre Dios.

Dios ha querido que creamos voluntariamente en Él. Dios quiere que nos fiemos de su Palabra y apela a esa condición. Razones miles tenemos para creer como sucedió con Jonás o con la inquietud de la reina de Saba deseosa de sabiduría. Así espera el Señor que actuemos también nosotros, con verdaderos deseos de dejarnos llenar  de su Palabra y de su Infinito Amor Misericordioso.

Tan sencillo y fácil como que dependerá de ti y de mí el abrir la puerta de nuestro corazón.

lunes, 13 de febrero de 2023

UN PODER AL SERVICIO DE LA FE

Mc 8,11-13

Quienes piden y exigen signos y pruebas son los que precisamente no creen ni quieren creer. Pedirán no solo un signo sino muchos que les satisfagan y le saquen de duda cada momento que las tengan. No entienden que Jesús no ha venido a eso, sino a poner su poder al servicio de toda la gente que lo necesiten. De lo contrario todo sería diferente y sobraría la fe.

Jesús nos da su Palabra y sus obras cuando las circunstancias lo exigen. Y no se para a discutir con aquellos que buscan demostraciones y signos. Y cuanto más se les muestran pedirán más. No quieren creer ni confiar sino satisfacer su razón. Son aquellos que no creen sino lo que ven pero mantienen sus ojos cerrados a la fe.

Y debemos aprender que hay circunstancias y momentos en los que conviene pasar de largo y no hacer caso. Momentos que hay que asumir la propia impotencia de respetar y soportar las inclemencias de aquellos que no desean escuchar ni entender. Es entonces cuando conviene hacer un paréntesis y tomar rumbo a la otra orilla. Nunca podemos violentar la libertad de aquellos que se resisten a abrir su corazón a la verdad. Y menos buscar nuestro propio amor propio, querer o interés.

Jesús propone un camino, una verdad y una vida que el mismo muestra y vive. Y lo hace con su Palabra y obras cargadas de amor y misericordia. Y tanto amor nos muestra que da su Vida para que comprendamos que Él es el único y verdadero Camino, Verdad y Vida. Una vida que para Gloria de Dios Padre se manifiesta en la Gloria de su Resurrección.

viernes, 25 de noviembre de 2022

TODO SIGNO ANUNCIA UN ACONTECIMIENTO

No cabe ninguna duda que por el humo se sabe donde está el fuego. Preguntarnos qué está sucediendo será, no solo importante sino también muy necesario. El mundo trata de distraernos – no olvidemos que es el reino del demonio – y seducirnos con sus ofertas materiales, concupiscentes y placenteras. Quiere y busca que no pensemos y que seamos unos meros esclavos de nuestros gustos y pasiones.

Precisamente, los tiempos que corremos nos alertan de que el demonio está en ellos. El espíritu globalizado desplaza al hombre tratándolo como una simple marioneta y poniéndolo al servicio de los poderosos que persiguen ordenar el mundo a sus caprichos y beneficios. Ellos son los que mandan y dirigen a los demás siguiendo sus egoísmos e intereses. Y lo descubrimos, de la misma manera que los brotes verdes en los árboles nos señalan que llega el verano, en los signos que los tiempos nos van presentando.

Y eso lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy. Nos advierte de nuestra distracción y de no advertir su presencia. Nos alerta a despertar y escuchar esa Buena Noticia que Él nos trae. Nos llama la atención y empuja a preguntarnos el por qué suceden estas cosas. Nos sacude para que salgamos del ostracismo en el que el mundo trata de dormirnos.

Por todo ello, ¡despertemos y abramos la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo! Ese Espíritu Santo que ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo. ¡Escuchémosle y estemos muy atento a sus impulsos dejándonos guiar por sus acciones! Él nos sacará del sueño en el que el mundo nos quiere sumir. No olvidemos que todo lo de este mundo pasará más la Palabra de Dios no pasará. Ella permanecera eternamente.

viernes, 27 de noviembre de 2020

LA HORA FINAL

Cada año experimentas la tentación de revisar tu vida, o de ponerte nuevos retos. Cada año es un terminar y empezar de nuevo con renovadas esperanzas. Esa es la intención y tambíén el esfuerzo. Posiblemente sea algo que duerme dentro de nuestro corazón y no podamos evitar. La hora final, nuestra hora final nos interesa y, también, nos preocupa. Y, en consecuencia, intentamos prepararnos para ese momento.

También sabemos que nuestra hora está marcada por, valga la redundancia, la hora de nuestra muerte. Que, sea dicho de paso, no sabemos el día ni la hora. Es posible que en algunos casos la veamos cerca, pero no sabemos el instante que decide presentarnos y... De la misma manera que ocurre eso, también - en nuestra vida - observamos brotes en las hojas de los árboles o que las hojas se caen. Deducimos con buen criterio que, en un caso empieza la primavera - verano, y en el otro, otoño - invierno.

¿Cómo no nos damos cuenta de otros signos y señales que nos anuncia el final de nuestra hora o la llegada del Reino de Dios? ¿Acaso estamos ciegos o miramos para otro lado? Posiblemente sea eso. Estamos bien instalados, cómodos y gozando de una buena salud y buena situación económica. ¿Para qué preocuparnos? Cumplimos con aquella parábola que Jesús nos contó del rico insensato - Lc 12, 13-31 - de la que estamos más cerca que lo que creemos.

Jesús nos advierte y nos llama a estar atentos y preparados. Es necesario proclamar que la vida y el mundo caminan y que el Reino de Dios se acerca. No sabemos la hora ni cuándo, pero si sabemos que llegarán. Y debemos estar atentos, observantes y disponibles a anunciarlo y a vivirlo según y en la Palabra de Dios y de acuerdo con su Voluntad.

miércoles, 4 de marzo de 2020

LA FE NOS INVITA A CREER

Resultado de imagen de Lc 11,29-32
Lc 11,29-32
¿Que esperamos, algún signo o milagro para creer? ¿Acaso merecemos que Jesús nos haga milagros o nos dé signos para que creamos? ¿Qué méritos tenemos para recibir tan alto honor? ¿No se nos ha dado todo gratuito? ¿Y, encima, exigimos derecho a ver el poder de Dios, del que hemos recibido todo? Pues, nada se nos dará sino la Persona de Jesús, tal y como ocurrió con los ninivitas con Jonás.

La realidad es que no merecemos nada y menos la Misericordia de Dios. Jesús se niega a darnos más signos que el de su propia Persona y su Palabra. Simplemente nos propone la Vida Eterna, esa vida que, dentro de nosotros, palpita por ser feliz y gozar eternamente de esa felicidad. Y, para eso nos propone con su Palabra y con sus Obras la propuesta de su Padre: Nos ama y quiere compartir con todos su Vida Eterna plena de gozo y felicidad. ¿Te apuntas? Deja en tus manos la decisión y para ello te ha dado la capacidad de decidir por ti mismo.

Simplemente te pide tu confianza y tu fe en Él. Te propone que te fíes de su Palabra, tal y como se fiaron los ninivitas de Jonás que fue un signo para ellos. Y Jesús te pide que Él sea también el Signo de la salvación para ti. El Único y verdadero Signo que salva y que viene enviado por el Padre. Jesús es el Señor que nos anuncia la Buena Noticia de Salvación y, para ello, entrega su Vida en la Cruz por la nuestra y Resucita para Gloria de Dios.

martes, 12 de abril de 2016

EXIGIMOS SIGNOS PARA CREER

(Jn 6,30-35)

En todos los planos de nuestra vida está presente el ver para creer. Y cuando no vemos lo que esperamos, no creemos. Y es más, cuando incluso no entendemos o pensamos de otra manera, no sólo no creemos sino que nos separamos y tomamos un camino individual, porque incluso experimentamos que ya no podemos ir con nadie, salvo en el caso que piense como nosotros.

Es posible que cada cual tenga sus ideas y sus razones, pero eso es así porque tenemos que recorrer un camino de perfección. Si no fuera así, ¿qué íbamos a perfeccionar? El exigirnos perfeccionarnos descubre que somos imperfectos. Pues bien, esas imperfecciones están ahí, a la luz de todos. Hoy, Jesús, les dice a aquella gente, que le pedía mostrase una señal para creerle: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

¿Qué decimos nosotros? Ese es el paso que hay que dar, porque el pan de este mundo, la experiencia de cada uno, le descubre que no satisface plenamente, y no quita el hambre ni la sed. Es más, termina por quitarnos la vida y perderla para siempre.

Interesa buscar ese  Pan de Vida con el que se identifica Jesús. Claro, un Pan que viniendo de Él nos quita en hambre, y creyendo en su Palabra nunca tendremos sed. Signos y señales hay de sobra, pero también tentaciones que nos seducen y nos ciegan para rechazarle. 
Pidamos la Gracia de, como aquella gente, respondamos al Señor pidiéndole que nos de siempre de ese Pan. Pan Verdadero que nos sacia para la Vida Eterna.