jueves, 22 de agosto de 2013

TÚ Y YO TAMBIÉN ESTAMOS INVITADOS

(Mt 22,1-14)

Tenemos una invitación mientras nuestro camino, aquí en la tierra, no termine. Una invitación a un banquete que será eterno, pero que no terminamos de creérnoslo o no nos convence. Porque nuestro corazón lo tenemos apegados a otras cosas que creemos más importantes, que nos resultan más satisfactorias de inmediato.

A pesar de negarnos, esa invitación sigue vigente. Incluso aunque nuestra condición cambie y perdamos nuestro turno en la lista del banquete. El Anfitrión sigue invitándonos con la esperanza de que decidamos aceptar. No tiene en cuenta nuestro rechazo ni nuestras justificaciones. La invitación es firme, incluso hasta en el caso de que nosotros mismos queramos borrarnos de esa lista.

Está dispuesto a que sus enviados sufran y hasta pierdan la vida en la misión de recorrer los caminos para conseguir invitados a su boda. No quiere suspenderla e invita ya hasta los que no figuraban en la lista. Todos están invitados sean de la condición que sean. Nadie tiene derecho. Se sólo por invitación, pero se exige una cierta actitud, una cierta compostura que nos reviste con el traje adecuado para poder entrar.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿MERECEMOS COMO DIOS NOS TRATA?

(Mt 20,1-16)

Si de justicia se tratara, Dios es siempre justo. Todos estaríamos condenado y sin esperanza de redención. Hemos rechazado, por el pecado original, a Dios, y sin embargo nos envía a su único Hijo, entregado a una muerte de cruz, para redimirnos y obtener nuestra salvación. El Amor de nuestro Padre Dios está por encima de la justicia. Su Misericordia es infinita.

¿Cómo me atrevo a pedirle más salario por mi trabajo? ¿Acaso no he recibido yo lo justo por lo tratado? ¿Y si he recibido más, no debo también dar más, tal y cómo he recibido? ¿Tienen los últimos culpas de no haber sido llamados a hora tardía? ¿No han respondido igual que nosotros?

Todas estas preguntas suscitan interrogantes que, injertados en el Espíritu Santo, deben servirnos para reflexionar en la Voluntad de Dios. Estamos llamados a trabajar en la Viña del Señor, y aunque unos lo descubramos más tempranos y otros más tardes, todos seremos recompensados justamente. El Amor del Padre es justo y misericordioso y su sabiduría imparte justicia a cada uno de sus hijos. Nada se esconde a su justicia.

martes, 20 de agosto de 2013

TENER DIFICULTA PARA SER

(Mt 19,23-30)

El que posee poco, poco tiene que preocuparse. Todos sus afanes consisten en el vivir de cada día sin mayores problemas que los del trabajo y la susistencia diaria. Peor lo tienen aquellos que están cargados de pesadas cargas de bienes y riquezas que no les deja cerrar un ojo. Los tienen bien abiertos por muchas razones, pero sobre todo por si alguien osa por apoderarse de algunos.

Los ricos apenas levantan la mirada por encima de sus riquezas. Están entretenidos en guardarlas y, si pueden, aumentarlas hasta el punto de enfrentarse y someter a otros por lograrlo. Las riquezas les vendan los ojos y no ven sino por ellas. Su mundo es un mundo de tener y poseer, y de, cuanto más se tiene, más grande se es. 

Un mundo absurdo, donde todo consiste en amontanar riquezas y bienes efímeros destinados a pasar a manos de otros, a pesar de tus esfuerzos por conservarlos. Tú tendrás que irte, y tus bienes se quedarán aquí para el disfrute de otros. Ellas, las riquezas, te habrán desviado por el mal camino, por el camino de la perdición y la muerte. Te impedirán desapegarte y aligerarte de peso para seguir el verdadero camino que empieza en la puerta estrecha.

lunes, 19 de agosto de 2013

ENTRAR EN LA VIDA


(Mt 19,16-22)

La Vida, la verdadera Vida sólo tiene un camino; sólo tiene una respuesta; sólo tiene una puerta, y esa puerta es la puerta del amor. Sí, una puerta algo estrecha que exige sacrificio; que exige despojarse de tanta gordura que nos pueda impedir el paso a través de ella, pero todo lo bueno cuesta, y aquí se trata de lo Único Bueno, por lo que todo aquello que nos pueda exigir vale la pena sufrirlo y padecerlo.

Sólo hay un camino que es el bueno, porque uno solo es el Bueno. Y ese camino para tomarlo bien y poder entrar es el camino de los diez Mandamientos. Guarda los Mandamientos: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». 

Sin embargo, no se trata de un cumplimiento de mínimos, sino de una exigencia creciente hasta, por la Gracia de Dios, alcanzar la perfección. Habrá que irse despojando en el camino de todo aquello que nos irá impidiendo ser cada día mejor, para asemejarnos con la Bondad del Padre. Y solo no podremos, pero con la Gracia de Dios y la asistencia del Espíritu Santo podremos ser cada día algo mejor.

domingo, 18 de agosto de 2013

PASIVIDAD E INQUIETUD


(Lc 12,49-53)

El camino exige estar despierto, y estar despierto no consiste en espabilarse para tomar todo aquello que se pone a nuestro alccance y colma nuestras apetencias e intereses. Estar despierto, en término evangelico, es arder por todo aquello que es bueno para el bien común.

No se trata de quemar para consumir o destruir, sino de quemarse en amor para hacer el bien en aras del bien común.. Jesús ardió y arde en deseos de salvación. Salvación para toda la humanidad, por eso, el Evangelio de hoy nos descubre que Jesús no ha venido a traer la paz que este mundo busca y proclama, sino la guerra, división, enfrentamientos... que provoquen la lucha que establece la verdadera paz, la paz que nace del amor.

Déjemos que prenda la llama de fuego en nuestro corazón y arda amorosamente hasta que seamos capaces de provocar que todo el mundo arda de verdadero amor.

sábado, 17 de agosto de 2013

TENER LA FE DE UN NIÑO


(Mt 19,13-15)

Mis razonamientos me alejan de Dios. Y es que no cabe en mi cabeza tanto amor, tanto regalo y tanta misericordia. Si fuera como un niño, quizás todo sería de otra forma, porque los niños no razonan tanto, o no se detienen en ello por su ingenuidad y se fían de lo que le dicen. Sobre todo, si se les dice con tanto cariño y amor.

Sí, creo que hasta que no sea como un niño no podré acoger el amor que el Señor me da. Sólo convirtiendo mi corazón de hombre viejo en un corazón de niño seré capaz de renovarme, convertirme en un hombre nuevo y estar en disposición de entrar en el Reino de los Cielos.

Nunca, desde un corazón viejo, endurecido y apegado a la racionalidad de apoyarse en lo material, en lo tangible, en lo caduco y en lo inmediato, aparente felicidad temporal, podremos encontrar la oportunidad de transformarnos en hombres con corazón de niños.

viernes, 16 de agosto de 2013

SE HA ENDURECIDO NUESTRO CORAZON

(Mt 19,3-12)


Cuando dejas que tu corazón se endurezca empiezas a pensar en ti mismo. Desde ese momento el primero eres tú y el segundo también. Todo gira en torno tuyo y prima tu voluntad. Voluntad que está dirigida por tus apetencias y egoísmos. Sin darte cuenta has convertido tu mundo en un mundo absurdo, caótico y en ruinas, donde prima la ley del más fuerte, del más poderoso y egoísta.

Es la sociedad que estamos construyendo. Padres viejos porque llegan tarde al matrimonio responsable. Planteado como una etapa final donde hay que sentar la cabeza y formar un familia. Padres que deberían ser abuelos. Es decir, sustituimos los padres por los abuelos.

Convivencias pactadas por intereses, por apetencias y por enamoramientos románticos, construidas sobre arenas movedizas manejadas por las pasiones, sentimientos o emociones. Menos por el amor responsable y comprometido. Desde esa visión material, la Voluntad de Dios es algo que estorba e interesa eludir y pasar por debajo la mesa. El mundo guiado por ciegos va camino de la perdición.

Dios ha revelado su Plan y su Voluntad sobre el hombre y la mujer, pero el hombre, más fiel a sus pasiones e irresponsabilidades, desobedece la Voluntad de Dios. Así vemos y experimentamos las consecuencias que se derivan del deseo del hombre de hacer su voluntad.