martes, 27 de septiembre de 2022

NUESTROS PECADOS ESTÁN PRESENTES CADA DÍA

¡Sí, somos pecadores y, por nosotros mismos, no podemos liberarnos de esa esclavitud del pecado! Nuestra única esperanza de liberación es el Señor. Por tanto, sabemos que habrá dificultades y eso nos exigirá lucha, pero una lucha sin desesperar ni caer en la resignación. Siempre con la esperanza de que con el Señor saldremos victorioso.

Somos consciente, no debemos negarlos ni esconderlos, de nuestros pecados. Por eso nos llamamos pecadores. Pero, también, sabemos y conocemos la Misericordia de nuestro Padre Dios, y, ¡por eso debemos estar siempre esperanzados y alegres, serenos y tranquilos! Pase lo que pase no debemos perder la conciencia de que Dios, nuestro Padre, está presente. Aprendamos a esperar, a fiarnos de nuestro Padre Dios.

Pero, levantemos también nuestra alma con alegría, con esperanza de que siempre hay gente buena que nos anima y camina con nosotros. Siempre podemos hacer algo, dar esperanza y animar a otros. Tenemos unos talentos que muchas veces no queremos ver ni desenterrar. Simplemente, saber esperar y soportar los malos momentos y los desespero impacientes de nuestro inconformismo son virtudes que debemos practicar y poner de manifiesto con la ayuda del Espíritu Santo.

Sí, la vida en muchos momentos se nos vuelve pesada y no queremos cargar con ella. Pero, nunca olvidemos que la vida es un don. Un don por el que caminamos sea como sea, con dolor o alegría, a la plena felicidad eterna junto a nuestro Padre Dios. Y ese regalo es nuestro gran Tesoro.

lunes, 26 de septiembre de 2022

SENSIBLES Y COMPASIVOS ANTE LA DEBILIDAD

El niño es el ser más indefenso del planeta. Y, lo es por muchos años. Necesita una protección, no solo física sino espiritual y psíquica de sus padres, e incluso de su entorno familiar y social. Por eso, los derechos de los niños son sagrados. Derechos a la vida, a ser protegidos de escándalos que los confundan y los orienten mal.

El niño necesita mucha protección porque su debilidad intelectual y pequeñez lleva mucho tiempo para madurar. Y madurar en el bien, la verdad y fraternidad. Orientarle, desviarle y utilizarle será muy grava. Jesús lo denuncia hoy gravemente en el Evangelio: (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Por tanto, recibir, acoger, educar y buscar el bien del niño es recibir al Señor y abrirle nuestro corazón. Y sabemos la dificultad por la que pasan los niños hoy, empezando por el tiempo de gestación que pasan dentro del vientre de sus propias madres. Los peligros que, aparentando derechos de género ideológico, aplican a edades tempranas e inmaduras que los niños no pueden asimilar ni entender.

Así sucede también entre los mayores donde la ambición al poder, al desenfreno de los placere, las riquezas, el éxito y todo lo que da autoridad de poder someter al otro desencadena enfrentamientos y luchas. Tratemos, tal y como nos dice Jesús en el Evangelio de hoy lunes: -Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros» - hacer el bien y sumarnos a todos los que lo hacen. Porque, quienes hacen el bien en la verdad y la justicia están amando. Por tanto, no lo impidamos porque no va contra nosotros sino a nuestro favor.

domingo, 25 de septiembre de 2022

TODO ESTÁ CONTENIDO EN EL AMOR

Amar es buscar el bien, la verdad y la justicia. Quien ama reparte verdad y justicia a su derredor. Por eso, la Ley tiene como primer y único mandamiento amar a Dios y al prójimo. Ambos unidos e inseparables. Ocupa el primer lugar el amor a Dios, porque sin él no podríamos amar al prójimo. Pero, sin el amor al prójimo no podríamos amar a Dios. Estaríamos mintiéndonos y engañándonos a nosotros mismos.

La parábola que Jesús nos cuenta en el Evangelio de hoy nos describe claramente la indiferencia con la que vivimos muchos que tienen con respecto a los que no tienen y carecen de lo más elemental. El rico se olvida del pobre y, a pesar de que quiera aparentar ser buen cristiano y cumplir con los preceptos y normas, si no hay preocupación y solidaridad con aquellos que no tienen y, en consecuencia, sufren y lo pasan mal, todo es mentira.

El amor se ve, se nota y se hace tangible en la verdad y la justicia. Y ambas – verdad y justicia – se ven claramente a la luz del día. Posiblemente se puedan ocultar en la oscuridad de la noche – la mentira – pero quedará al descubierto cuando llegue la Luz. Todo se verá y se entenderá claramente.

Porque, cuando amas el mundo empieza a ser mejor. La solución para mejorar el mundo es muy sencilla y clara: amar en verdad y justicia. No hace falta congresos, macro reuniones, estudios ni métodos y estrategias. Simplemente basta con ser bien intencionado y amar. E inmediatamente el mundo notara los efectos del amor – el único fármaco – que le hará sentirse mejor, tener paz y buena distribución de las riquezas. El resultado será que todos viviremos mejor.

 

—Si nos proponemos amar todo quedaría arreglado en poco tiempo. Porque, del amor que hablamos —dijo Manuel— es aquel que ama en verdad y justicia.

—Y con verdad y justicia —respondió Pedro— todo queda arreglado. Se acaban los problemas.

—De modo que todas las reuniones que se hagan con el propósito de arreglar los problemas del mundo son enfrentamientos de intereses —afirmó Manuel.

—Así es, añadió Pedro. Se busca solucionar tu problema y salir beneficiado. Nadie quiere dar nada. Y amar significa compartir y dar de lo que tienes gratuitamente.

—Has dado en el blanco, Pedro.

sábado, 24 de septiembre de 2022

UN MIEDO INEVITABLE

Cuando la vida está en peligro el miedo se apodera de todo nuestro ser. Lo desconocido y lo misterioso nos da miedo. Jesús sabe a lo que ha venido y sabe lo de su Pasión. Y, precisamente, cuando todo es fiesta, alegría y admiración, Jesús, trata de preparar a los apóstoles y descubrirles el camino que hay que recorrer: (Lc 9,43b-45): En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

La experiencia nos dice que el miedo nos pone resistencia a enfrentarnos a la verdad. Tratamos de mirar para otro lado y evitar ver la realidad. Sentimos miedo de enfrentarnos con ella. Eso explica el por qué los apóstoles no le preguntaban a Jesús y se sentían mejor eludir la verdad de los hechos que, tarde o temprano llegarían.

¿Y no nos ocurre igual hoy a nosotros? Esa puede ser una de las preguntas que el Evangelio de hoy nos puede hacer. Tu vida corre peligro de condenarse a la infelicidad eterna si metes la cabeza en un agujero – como la avestruz – y miras para otro lado. Resulta que has sido creado para ser feliz pero, tú, por no atreverte a mirar la vida de frente, vas a perderla por miedo y por la comodidad de vivir - ¡cuatro días -! en una relativa felicidad. Quizás tengamos miedo también de mirar a Jesús cara a cara, escucharle y preguntarle, seguir su Camino, Verdad y Vida. Porque, es ahí donde está todo el tesoro que buscamos: Felicidad plena y eterna.

Se hace, no solo necesario sino imprescindible pararnos y pensar. Pensar en nosotros mismos, en nuestro camino y a dónde vamos. Porque, tarde o temprano, quieras o no quieras, tu pasión también llegará y no habrá otra salida que la que nos señala Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 23 de septiembre de 2022

¿QUIÉN ES JESÚS?

Ayer hablando con un amigo surgió, no sé por qué, el tema de lo importante de este mundo, la vida y la eternidad. Porque, todo lo que no sea eso es cosa, necesaria, pero secundaria. Lo importante es alcanzar esa felicidad eterna que todos buscamos y deseamos. E, irremediablemente surgió la pregunta sobre la Palabra e identidad de Jesús.

No lo sé, decía el amigo, Una respuesta sincera y creo que acertada. Porque, si no conoces a una persona, lo lógico es no opinar ni emitir juicio. Y eso suele suceder con frecuencia, muchos hablamos sin saber ni conocer a la Persona de Jesús. Para mí, el Señor y el Hijo de Dios Vivo. En Él pongo todas mis esperanzas y, aunque sujeto y sometido a las dudas y pecados de este mundo, creo profundamente esperanzado en su Infinita Misericordia.

Y, esa Infinita Misericordia, anima mi vida y me empuja, por la Gracia del Espíritu Santo, que he recibido en mi bautismo, a esforzarme cada día en ser mejor persona y tratar de servir y amar desde la gratuidad con la que la recibo. Es verdad, me acompaña una conciencia de saber que la lucha es constante y las caídas también. Pero, también me fortalezco y me animo que quien me salva no soy yo ni mis pobres méritos, sino la Gracia y la Infinita Misericordia de Jesús, el Hijo de Dios.

Por tanto, saber y conocer quien es Jesús es lo más importante en este mundo. Él es quien nos libera de la esclavitud de nuestros propios pecados y nos regala la plena felicidad eterna. Por tanto, si no lo sabemos todavía, busquémosle y, al menos, sepamos qué dice y qué ha hecho. Porque, quieras o no, tu vida y tu felicidad plena y eterna dependerá de Él.

jueves, 22 de septiembre de 2022

LA INDIFERENCIA: UN GRAN PELIGRO

Cuando alguien te es indiferente, poco te importa. Oyes lo que de él se dice, pero, a ti no te dice mucho o nada. Rumoreas, opinas, hablas y comentas, pero, nada te mueve a lo verdaderamente importante, conocerle y formarte una verdadera y fundamentada opinión de esa persona en cuestión. Y eso fue lo que sucedió con Herodes, oía hablar de Jesús y de lo que se decía de Él. Sabía que Juan el bautista, del que se decía que había resucitado, lo había mandado a decapitar él. Luego, se preguntaba: ¿Quién es este del que oigo semejantes cosas?

La pregunta: ¿Nos puede estar ocurriendo a nosotros algo parecido? Porque, quizás hablamos mucho de Jesús, pero no damos el paso de acercarnos a Él y conocerle mejor y más profundamente. Nos formamos una opinión por lo que oímos a otros y por lo que vemos en otros. Pero ¿le escuchamos a Él? ¿Conocemos su Vida y sus Obras? Quizás ese sería el paso que debemos de dar, porque, el verdadero e importante es Él. Es a Él a quien realmente debemos y tenemos que conocer y, en base a ese conocimiento, proceder y formarnos una opinión.

No seamos unos herodianos más y, quizás por no salir de nosotros mismos, de permanecer instalados en nuestras comodidades y sostenernos en nuestra situación cómoda y confortable, no damos ese paso definitivo. Recordamos entonces lo que dijo Jesús. Verdaderamente tiene razón, cuesta mucho salir de nuestra situación de comodidad. Por eso será más difícil para un rico, un establecido y cómodo, entrar en el Reino de los Cielos. Los pobres, los que no tienen nada y a nada están apegados, lo tendrán más cerca, más asequible. Aunque, siempre, se nos exigirá el esfuerzo de desprendimiento y de morir a nuestros egoísmos y ambiciones.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

TODO, SEÑOR, ES GRACIA A TU MISERICORDIA

¿Qué sería de mí sin tu Misericordia, Señor? Iluso de mí pensar que, con y por mis méritos, podría alcanzar la recompensa de felicidad eterna. Pensar que con mi perseverancia, mi trabajo, mi cumplimiento…etc. puedo merecer el amor de Dios y su Infinita Misericordia sería caer en la trampa que, posiblemente el demonio trata de que así sea. Todo es pura Gracia y regalo de Dios. Todo es porque Él así lo ha dispuesto y lo ha querido. Si tenemos una posibilidad de salvación eterna es por su Infinita Misericordia.

Es Él quien nos busca y nos convierte. Es Él quien prepara nuestro encuentro con Él y es Él nuestra única esperanza de salvación. Nos lo dice claramente en el Evangelio de hoy: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Y es que los fuertes se bastan a sí mismo y no necesitan de nadie. Por eso, la primera cualidad que tenemos que descubrir es la humildad. Sin humildad nos sería imposible acercarnos al Señor. Y, la humildad, nos ayuda a descubrir nuestra total y plena dependencia del Señor. Solo en Él encontraremos la plena libertad de amar gratuitamente y por amor, valga la redundancia.

Por tanto, pongamos nuestra mirada fija y plena en el Señor. Su Infinita Misericordia nos salva; su Infinito Amor nos redime y nos libera y nos convierte. Simplemente, incluso es lo más cómodo para nosotros, ponernos en sus Manos y, a pesar de nuestras debilidades, oscuridades y pecados, tener nuestra mirada siempre fija en Él y, a impulsos de su Espíritu, tratar de, humildemente, caminar según su Palabra.


—Corremos el peligro de pensar que somos nosotros quienes nos salvamos. Y, posiblemente, eso es lo que nos puede desanimar cuando nuestra debilidad se haga patente —dijo Manuel.

—Mi propia experiencia —comentó Pedro— me dice que, por nosotros mismos, no podremos superar las tentaciones y seducciones que mundo, demonio y carne nos presentan.

—A mí me sucede lo mismo —respondió Manuel. Si me salvo es por la Infinita Misericordia de Dios, porque, fallos y, por supuesto, pecados voy a llevar siempre conmigo. Mi naturaleza está herida y vencida. Solo en el Señor, por su Infinita Misericordia, estoy salvo.

—Yo pienso lo mismo —dijo Pedro. Y eso me descubre que no puedo perder de vista al Señor.

 

Ambos amigos habían convergido en que solo en el Señor, por su Infinita Misericordia, podían encontrar la salvación. Una salvación que es puro regalo por amor. Indudablemente, un misterio que no podremos entender hasta estar en su presencia, por eso nos será necesario la fe.